Balas de goma: daños irreversibles

Policías federales en México, el pasado 1 de diciembre en la toma del poder pro Enrique Peña Nieto. Foto: red
Policías federales en México, el pasado 1 de diciembre en la toma del poder pro Enrique Peña Nieto. Foto: red

Por Maurizio Montes de Oca

La tarde del miércoles 9 de julio, un videoaficionado logró captar una serie de momentos en los que la policía de Puebla comenzó a avanzar hacia un grupo de manifestantes de San Bernardino Chalchihuapan, marchando y golpeando con el tolete a su escudo. Paso, golpe, paso, golpe. Unos segundos después, el videoaficionado corrió junto con un grupo de civiles por el pasto para resguardarse de lo que posteriormente se apreció cuando logró enfocar de nuevo la cámara: una nube de humo blanco en la carretera. “¡Mierda!”, exclama justo después de empezar a toser. Sigue caminando por una vereda de terracería, se le escucha agitado. A lo lejos se oyen detonaciones. Vuelve a desenfocar la cámara mientras se aleja de la reyerta y atrás de él puede verse a diversos pobladores tosiendo con los ojos llorosos y varios de ellos limpiando su rostro con la camisa mostrando sin querer, su abdomen. Un par de personas lanzan escupitajos con fuerza, la escena se repite y un hombre ensangrentado aparece a cuadro abriéndose paso para limpiar sus heridas en un charco de agua enlodada. La sangre le cubre todo el rostro y parte del pecho.

“Hay que llevarlo” –grita alguien más en segundo plano de la toma; en el primero sólo se escucha la respiración del inexperto camarógrafo.

El hombre herido se vuelve a enjuagar las heridas con el agua que yace en el piso. Hay huellas de zapatos hundidas en el fango. La cara del herido vuelve a ser el centro de atención de la cámara y la mira asustado, cuando voltea se puede apreciar un profundo boquete ensangrentado en su mejilla, negro en las orillas, del diámetro de una lata de refresco.

Martín Xelhua Romero, de 65 años, herido con bala de goma por la Policía de Puebla en una manifestación pacífica.
Martín Xelhua Romero, de 65 años, herido con bala de goma por la Policía de Puebla en una manifestación pacífica.

Tiene 65 años y su nombre es Martín Xelhua Romero. Según lo referido por medios locales, el boquete que tenía en la mejilla fue producido por un impacto de bala de goma disparada por la policía poblana. Perdió el habla a causa de las lesiones que dejaron destruida su lengua por la mitad, le arrancaron varias muelas y tuvo una fractura en la mandíbula. Ese día también fue herido en la cabeza el niño José Luis Alberto Tehuatle Tamayo de 13 años, quien murió unos días después del suceso; a punto de perder un ojo estuvo también Vicente Tecalero Jiménez de 21 años de edad, entre otras víctimas más, que muchos atribuyen a la ley enviada por el gobernador poblano Rafael Moreno Valle la cual pretende regular el uso de la fuerza en manifestaciones públicas, bautizada popularmente como “Ley Bala”.

Esa tarde, los habitantes de la comunidad de San Bernardino Chalchihuapan bloquearon la carretera Puebla-Atlixco en protesta para demandar a las autoridades que se restituyera el Registro Civil a las Juntas Auxiliares (destinadas a ayudar al Ayuntamiento en el desempeño de sus funciones), retirado a partir de una reforma impulsada por el legislador panista Mario Riestra. Por su parte, el gobernador se ha remitido a aparecer sólo en eventos privados a partir de la muerte del niño José Luis y sus allegados se empeñan en construir una narrativa en la que se culpa a los manifestantes del deceso argumentando, entre otras cosas, que el gobierno poblano ni siquiera posee balas de goma y que el impacto fue causado por un cohete lanzado por los mismos quejosos. No obstante, la evidencia es contundente.

Desde agosto de 2011 la Comisión Estatal de Derechos Humanos emitió la recomendación 60/2011 a las autoridades locales, en la que se documenta el uso de balas de goma por parte de las fuerzas de seguridad.

No es la única ocasión en que se han utilizado balas de goma como método de contención de manifestaciones. En diciembre de 2012 también fueron utilizados estos artefactos por la policía capitalina durante las manifestaciones en las inmediaciones del palacio legislativo de San Lázaro contra la toma de protesta del presidente Enrique Peña Nieto (como lo demuestra el archivo fotográfico publicado por Reforma), en la que también un hombre fue golpeado en el cráneo y un joven perdió un ojo. Las balas se utilizaron junto con gases lacrimógenos y otros artefactos para contención de masas considerados de “baja letalidad”.

balas de goma 1 de diciembre, reforma

Sin embargo, alrededor del mundo ha sido fuertemente cuestionada la “baja letalidad” de las balas de goma como arma antidisturbios. Se han realizado numerosos estudios médicos en países tan disímiles como Israel o Suiza sobre los daños a la salud y a la vida que ocasionan su uso y algunos de ellos han servido como fundamento para su prohibición absoluta en diversas regiones.

En St. John Eye Hospital de Jerusalén, por ejemplo, se documentaron 42 casos de pacientes heridos por balas de goma durante la segunda intifada palestina en el año 2000, con lesiones como laceraciones cutáneas, fracturas del globo ocular o en el orbital (huesos que rodean el ojo y que en su parte superior comunican con el cerebro), daños en la retina y en el 21% de los casos el proyectil había quedado dentro del ojo. Los autores sostienen que cuando el ojo recibe un disparo con munición de goma es extremadamente probable que el paciente lo pierda.

Una tarde de diciembre de 2013, en un árido de camino de Nabi Saleh, una pequeña aldea de Cisjordania, un vehículo policial israelí estaba estacionado en la espera de tres agentes que habían descendido en la comunidad. Un camarógrafo los flanqueó vestido con un chaleco fosforescente y registró la escena:

Dos mujeres salieron de su casa con la cabeza cubierta por un velo y corrieron hacia los agentes. Gritaron, gritaron fuerte. Los agentes desconcertados retrocedieron y se resguardaron cerca de su vehículo. ¿De qué se resguardaban? Sólo ellos supieron. Las mujeres estaban completamente desarmadas, su única herramienta parecía ser su voz y su paso decidido hacia ellos. Una de las mujeres portaba largas botas negras. Un agente se dirigió hacia adentro del vehículo y los otros dos se miraban entre ellos. Apuntaban con sus armas a las mujeres, y éstas avanzaban y gritaban cada vez más fuerte. En cuestión de segundos, un agente disparó con balas de goma a una mujer a menos de dos metros de distancia.

Pasaron menos de 11 segundos entre el momento en que la mujer palestina salió de su hogar y el momento en que recibió el disparo del agente israelí que la dobló por completo. Un grupo de doce personas, posteriormente, acudieron en su ayuda, entre ellos, un hombre con un peculiar gorro de Santa Claus que salta a la vista en la escena. La ayudaron a entrar en la casa y un paramédico le quitó las botas y cortó con tijeras su pantalón mientras ella respiraba con dificultad. Su nombre es Manal Tamimi y más tarde fue trasladada a un hospital de Ramala con graves heridas a quemarropa en las piernas, según especificaron medios palestinos.

En un estudio con 27 pacientes heridos por estas balas en Cincinnati, Estados Unidos, se refirieron a los casos con contusiones pulmonares, laceraciones del hígado, rotura del tendón de Aquiles y dos casos derivaron en neumonía y uno en síndrome post-contusivo.

Otro estudio sobre el traumatismo de impactos de balas de goma fue presentado en el Hospital Universitario de Barcelona, en el XXIII Congreso de la Sociedad Española de Cirugía Plástica Ocular y Orbitaria.  En éste se concluye que a partir del impacto de balas de goma en los sujetos estudiados entre mayo de 2009 y marzo de 2012, existe un “trauma de alta energía” (que se refiere al intercambio de energía derivado de la colisión de dos o más cuerpos contra el paciente o sus órganos, el cual desencadena una respuesta inmunológica inflamatoria en el cuerpo como medida para reparar los daños causados), así como daño a las estructuras oculares, un alto impacto a nivel económico al ser personas laboralmente activas y graves secuelas psicológicas. Las fotografías del estudio son reveladoras.

Por otro lado, el Departamento de Oftalmología del Hospital Universitario de Zurich en Suiza publica otro estudio abordando el caso de cinco pacientes heridos por balas de goma entre el año 2000 y 2001. Sólo dos de ellos pudieron recuperar la vista totalmente, otros dos perdieron el ojo por completo. Los médicos concluyeron que el empleo de estos proyectiles significa un alto riesgo para la salud de las personas, vulnerando partes del cuerpo como la cabeza o el cuello. La probabilidad de herir en el cuello o cabeza con estos artefactos a una distancia de 20 metros es de 35% y del 2% directamente en los ojos; a 10 metros de distancia, la probabilidad aumenta a 50%, 4% para los ojos y a 5 metros de distancia es de 80% con un 9% de golpear en los ojos. A partir de observaciones clínicas y cálculos teóricos, concluyeron que desde el punto de vista médico, independientemente del político, el empleo de estas balas es potencialmente nocivo y deberían ser prohibidas en tiempos de paz. En Losanna, otra localidad suiza, también se estudió un par de casos de heridos por balas de goma y fue difundido en una publicación para The Journal of Emergency Medicine. Uno de estos casos tuvo  graves contusiones cardiacas y pulmonares. La policía local abolió el empleo de esta arma hasta ser aclarada su letalidad.

También se describió la muerte de dos niños, uno de 11 años a causa de una hemorragia interna derivada del impacto con balas de goma y otro de 17, por daño cerebral.

Campaña contra las balas de goma en Cataluña.
Campaña contra las balas de goma en Cataluña.

Estos y muchos casos más han servido para que las autoridades prohíban el uso de balas de goma en algunas regiones. En Salta, Argentina, se ha prohibido su uso y se ha decidido sustituir por municiones de pintura para minimizar el daño a los manifestantes. Por su parte, también la Comisión Europea prohibió su empleo a la policía local de Euskadi, España, por considerarlas excesivamente peligrosas debido a las lesiones que provocan y no sólo a quienes protestan. Se afirma que presentan problemas de precisión al salir de la escopeta con efecto aleatorio y seguir trayectorias erráticas, por lo que se buscó un método de contención que eliminara el acusado rebote de estas balas. De hecho desde 1990, unas 23 personas han perdido un ojo a causa de proyectiles de goma en España.

La Comisión Europea no ha sido la única entidad en pronunciarse contra el uso de las balas de gomas, también lo hicieron el Comité contra la Tortura de Naciones Unidas en 1998, así como el Consejo de Derechos Humanos de la misma organización en 1998 y 2008. Lo mismo el Parlamento Europeo desde mayo de 1982 a partir de la muerte de 17 personas, entre ellos 8 menores de edad que se tenían registrados desde 1975.

Debido al conflicto con la organización separatista IRA de Irlanda del Norte, Reino Unido utilizó balas de goma por 30 años; no obstante, a partir de que Emma Grooves perdiera ambos ojos a causa de ello y creara la organización “United Campaign Against Plastic Bullets”, se mitigó su uso en ambos países.

“…en ese momento del partido entre España y Holanda, en la final de la Copa Mundial, cuando el delantero Arjen Robben, enfrente del portero Iker Casillas pierde una gran oportunidad… siempre he pensado que si Robben no hubiera anotado, esto no me habría pasado a mí”, dice en catalán en una entrevista para The Guardian, Nicola Tanno quien fue alcanzado por una bala de goma al finalizar ese encuentro. “Toqué mi ojo porque sentía que estaba húmedo”, desde que perdió su ojo tiene dos placas de titanio en donde fue herido. “Pero oficialmente no somos víctimas, ya que no hay una sentencia que así lo diga, nadie se ha asumido como responsable, así que para el Ministerio del Interior no somos víctimas de la actuación policial” dice y mira un ojo artificial a la cámara.

Tal vez lo único que queda claro –en palabras de Peter Waddington-, es que son víctimas de las únicas armas letales en el mundo que todavía se usan libremente.

Guadalupe Lizárraga

Periodista independiente. Fundadora de Los Ángeles Press, servicio digital de noticias en español en Estados Unidos sobre derechos humanos, género, política y democracia. Autora de las investigaciones en formato de libro Desaparecidas de la morgue (Editorial Casa Fuerte, 2017) y El falso caso Wallace (Casa Fuerte, 2018) ambos distribuidos por Amazon.com

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