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Estados Unidos

Aranceles a México harán pagar el muro a los estadounidenses

Los consumidores estadounidenses serían los primeros afectados por la subida de los precios, así que terminarían siendo ellos los que paguen el muro con México.

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Fábrica BRP (Bombardier Recreational Products) en Querétaro /Foto: Guillermo G. Hernández

  • Los consumidores estadounidenses serían los primeros afectados por la subida de los precios, así que terminarían siendo ellos los que pagaran el muro con México.
  • Varios fabricantes de coches podrían optar no por devolver la producción a Estados Unidos sino por el cierre de plantas.

Por Belén Carreño

El Gobierno de Donald Trump lanzó un globo sonda esta semana amenazando a México con hacerle pagar el muro con una subida del 20% de los aranceles. En la misma semana en la que  ha prohibido incluso entrar a ciudadanos musulmanesde siete países diferentes, creando  un limbo jurídico que ha dejado atrapados a decenas de refugiados en aeropuertos.

¿Por qué esto debería de llamar la atención? Porque de todas las hiperbólicas medidas aprobadas por Trump ( supresión de la financiación de las ONG internacionales de planificación familiar; censura a la Agencia de Medioambiente) esta es, probablemente, la que más daño infligiría directamente a los estadounidenses a los que supuestamente quiere agradar Trump.

Los aranceles son impuestos a la importación que en mayor o menor medida terminan pagando los ciudadanos. Se convierten, por lo tanto, en un impuesto a cargo de los consumidores, que solo en algunos casos sirve, además, para subsidiar a las empresas nacionales (en este caso las que produzcan y vendan en EEUU).

¿Qué supone la relación comercial entre Estados Unidos y México para ambos países?

 

“El efecto inmediato es que todo producto de México se hace más caro. Coches, cervezas, ropa… lo más normal es que los consumidores compren productos de otros países. Y los que realmente compren productos de México son los que pagarán el muro. Para México sería una mala noticia. Habría menos trabajo y más pobres y más inmigrantes hacia EEUU. O sea, Trump no conseguiría lo que quiere. No lograría más empleos para el trabajador americano, no haría que los mexicanos pagasen por el muro y tendría más inmigrantes mexicanos”, resume Miguel Otero, analista de Política Económica del think tank Elcano.

La balanza comercial: ¿cuánto importa y exporta Estados Unidos a México?

La única forma de que el ciudadano no asuma el sobrecoste de un arancel como este es que las importaciones que se gravan sean fáciles de sustituir por otras, bien del mismo país, bien de terceros países. Es lo que los expertos llaman la “elasticidad de la demanda”. Y en muchos de los productos que México exporta a Estados Unidos esta es muy rígida. Es decir, es difícil comprar lo mismo de otro país. Así que el vendedor le traslada prácticamente toda esa subida del 20% al consumidor. Este o modifica sus hábitos de consumo o termina tragando la subida que se convierte en breve en una ola de inflación por la subida de precios.

Con un Nobel precisamente ganado por sus estudios en comercio internacional, Paul Krugman ha sido la voz autorizada que con más virulencia ha tratado de demostrar lo absurdo de la amenaza de Trump. A Krugman, un demócrata declarado, el asunto de los aranceles le ha tocado la fibra sensible y desde que se dio a conocer la noticia tuitea desenfrenadamente. Un colega del sector caricaturiza así su reacción:

https://twitter.com/Noahpinion/status/825068125649457153

Bromas aparte, Krugman ha iniciado varios hilos muy didácticos para entender qué supone para los bolsillos de los estadunidenses una propuesta como la que lanzó el equipo de Trump, aunque luego la definiera como una de las medidas que está estudiando.

La conclusión es que el efecto de la subida tarifaria en caso de poder aplicarse (es ilegal si se está dentro de la Organización de Comercio, OMC, y del actual acuerdo aún vigente del NAFTA con Canadá y México), no solo no lograría su objetivo sino que terminaría haciendo que fueran los que los estadounidenses pagaran el ínclito muro.

El investigador de Funcas Santiago Carbó recuerda que además esto crea el principio de una guerra comercial. “Lo lógico es que México ponga también un arancel a las importaciones y esto desencadene una guerra comercial”, explica. “En una guerra comercial pierden todos, importadores y exportadores, y por supuesto, los consumidores”.

De la misma opinión es Daniel Fuentes Castro, analista en AFI, que recuerda cómo el efecto final de estas subidas de aranceles sería una subida de los precios. “Sumado a las políticas expansivas que planea Trump, esto incrementaría la inflación que se contrarrestaría con una subida de tipos de interés”. Al final, los consumidores no solo pagarían el pato de comprar más caro sino que también les costaría más conseguir un préstamo.

En un primer momento, pudiera parecer que las empresas estadounidenses podrían beneficiarse de una medida como la sugerida por Trump. Pero tampoco tiene que ser así, tal y como explica el Profesor de Economía Aplicada de la Universidad Complutense, Javier Oyarzun, que ha estudiado precisamente el caso del tratado de libre comercio entre Estados Unidos y México. “La senda proteccionista no parece muy conveniente para los intereses de las empresas multinacionales de EEUU. Muchas de ellas están establecidas en México y en casi todo el mundo y sería contrario a la legalidad comercial internacional de la OMC no aplicar aranceles a los productos importados en EEUU y procedentes de las multinacionales y sí hacerlo con los productos procedentes de esos países que no hubieran sido producidos por multinacionales de EEUU”. Por lo tanto, solo ganarían las empresas muy cerradas que produjeran y vendieran en EEUU.

El particular caso del motor

El lío de la implementación de esta medida es especialmente alto en el caso de la industria del automóvil. Las grandes marcas estadounidenses  ya han establecido sus plantas de producción jugando con la facilidad de trasladar los componentes de un lugar a otro de la frontera. Hay miles de piezas que cruzan la frontera varias veces hasta terminar un coche. Estas piezas se llaman “bienes intermedios”, pero la medida de Trump las gravaría también, elevando estratosféricamente los precios de producción.

El 70% de las piezas de los coches que General Motors termina en México procede de Estados Unidos,  según recoge Bloomberg de Alan Batey, presidente de la compañía para la región de América del Norte. Un impuesto a los coches hecho en México no tendría por qué devolver la producción sino terminar por cerrar las plantas de Estados Unidos, perdiendo otros 31.000 empleos.

¿Qué importa Estados Unidos desde México?

Los expertos creen que hay pocas dudas de que empresas como Volkswagen, Nissan, Honda y Toyota, que utilizan plantas mexicanas y también estadounidenses, se volverían a sus países de origen. Los expertos creen que sí habría dos países a los que podría favorecer el final del NAFTA: Corea del Sur y Alemania podrían acogería a los huidos del trumpismo.

¿Vale el NAFTA la pena?

Lo cierto es que los efectos del tratado de libre comercio con Canadá y México, conocido por sus siglas en inglés NAFTA y que parece irremediablemente condenado bajo la presidencia de Donald Trump a ser finiquitado, han sido también fruto de encarnizado debate  estos días a raíz de las amenazas del presidente republicano.

Dani Rodrik, junto con Krugman –aunque sin Nobel– otro de los referentes mundiales en el estudio del comercio internacional desde una perspectiva crítica, se ha mostrado escandalizado por la posibilidad de la implementación del arancel, aunque poniendo freno a las exageraciones de uno y otro bando.  Rodrik concede que no se puede culpar al tratado de la pérdida de empleos en el sector manufacturero y mucho menos soñar con que su derogación traería de vuelta puestos de trabajo a Estados Unidos.

La pérdida de empleo se debe a un proceso de robotización inexorable, en opinión del economista, que seguirá su curso independientemente de cómo se encauce el tratado. Pero Rodrik contesta al ensayo que uno de sus colegas ha publicado esta semana, J. Bradford Delong, que los efectos redistributivos que se le achacan al acuerdo tampoco han sido tantos como se asegura. Si bien es cierto que en algunas partes de México se ha reducido la pobreza y se ha dado un importante salto hacia la clase media, la productividad no se ha comportado como debiera y en general el país lo ha hecho peor, comparativamente, que otros del continente.

En cuanto a Estados Unidos, Rodrik recuerda que sí ha habido un conjunto de trabajadores que han sufrido el tratado al verse reducidos sus salarios en alrededor de un 17%. Son los llamados blue collars, los trabajadores de las fábricas que han sufrido en sus nóminas la relajación de los salarios desde México.

Pero este impacto ha sido muy desigual, a la baja en al menos cuatro estados pero favoreciendo la economía de otros tantos. En cualquier caso, recuerda el economista, Trump ha sabido capitalizar perfectamente el desencanto en ese colectivo que sí ha sido perjudicado por el acuerdo.

Enrique Peña Nieto y Donald Trump

Para añadir más confusión, horas después de su anuncio de la amenaza de aranceles, parece que EEUU reculó de seguir por esa vía. Desde la Casa Blanca trataron de explicar que no se iba a poner un arancel como tal, sino que se jugará con las deducciones y exenciones fiscales para provocar un efecto disuasorio en las empresas que fabrican en otros países y venden en Estados Unidos.

Es el llamado “impuesto ajustado en frontera” por el que se eliminarían las deducciones que realizan las empresas por el gasto en consumos intermedios hechos fuera y se liberaría en cambio a las exportaciones de pagar impuestos. Una ingeniería fiscal lanzada para sortear la ilegalidad que supone según las normas de la OMC, y también evitar la inflación de precios que, según la Casa Blanca, se compensaría por un dólar más fuerte (uno de los sueños de Trump). Krugman sostiene que esta práctica que pretende la Casa Blanca es ilegal también.


Con información de eldiario.es

Estados Unidos

OMS celebra permanencia de EUA tras salida de Trump

Ignacio García

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Por Ignacio García

La Organización Mundial de la Salud (OMS) celebró que Estados Unidos permanezca en el organismo con la llegada de Joe Biden a la presidencia de esa nación, luego de que el expresidente Donald Trump anunció la salida de ese país.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, destacó el regreso de Estados Unidos al organismo internacional, por lo que consideró que se trata de un día positivo para la organización y para la salud mundial.

De acuerdo con el responsable de la OMS, el regreso de la Unión Americana al organismo internacional y su incorporación al programa Covax para la distribución de vacunas representa que el mundo estará mejor equipado en la lucha contra la pandemia de Covid-19.

Agregó que Estados Unidos tiene un papel crucial en la lucha contra la pandemia, por lo que su reincorporación a la OMS representa una noticia positiva que permitirá generar estrategias afines al control y erradicación de esta problemática global que continúa al alza en el planeta.

El gobierno de Biden envió una carta a la OMS para manifestar su interés en colaborar de forma conjunta en el combate a la pandemia de Covid-19, por lo que destacó que trabajarán para mejorar los programas de vacunación y distribución en el planeta.

En agosto pasado Donald Trump anunció la salida de Estados Unidos de la OMS, luego de acusar que supuestamente el país era el principal financiador del organismo y había ocultado información en torno a la pandemia de Covid-19, sin embargo, en el primer día de la presidencia de Biden se revirtieron 17 decisiones de la anterior administración, entre ellas el regreso al Acuerdo de París, el freno a la construcción del muro y la reincorporación a la OMS.

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Estados Unidos

Joe Biden, se pronuncia por la Constitución y la democracia, al asumir la presidencia de los EEUU

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Joe Biden asumió este miércoles la presidencia de Estados Unidos en una ceremonia sobria dirigida a reafirmar los símbolos de la maltratada democracia de Estados Unidos en contraste con los últimos cuatro años y el asalto al Capitolio de hace dos semanas. Kamala Harris se convirtió en la primera vicepresidenta de la historia del país, la primera negra y la primera india-americana en ocupar el cargo.

Por María Ramírez
eldiario.es

“Hoy celebramos el triunfo no de candidato, sino de una causa, la causa de la democracia”, dijo Biden. “La democracia es frágil… Y a estas horas, amigos, la democracia ha ganado”.

Biden pronunciaba estas palabras en la misma escalinata donde dos miércoles atrás miles de personas gritaban, rompían ventanas, ondeaban la bandera confederada y mensajes a favor de campos de concentración nazis, los líderes demócratas y republicanos. En el mismo lugar, junto a Biden y Harris, los jueces del Supremo y representantes de todas las instituciones celebraron este miércoles el traspaso pacífico de poderes con cantos de unidad, palomas de la paz y mujeres pioneras. También estaba el vicepresidente saliente, Mike Pence.

El nuevo presidente dijo que tenía puesta “toda su alma” en buscar la unidad de un país agresivamente dividido. “Sé que hablar de unidad puede sonar como una fantasía inocente estos días”, dijo. “La historia, la fe y la razón muestran el camino hacia la unidad… Tenemos que acabar con esta guerra incivil”.

Biden insistió en el valor de los hechos. “Existe la verdad y existen las mentiras, mentiras que se dicen por el poder y el provecho, y cada uno de nosotros tiene un deber como estadounidenses, como ciudadanos, como líderes, de defender la verdad y derrotar las mentiras”.

A los 78 años, Biden ha cumplido el sueño que le contaba a la madre de su novia cuando apenas era un veinteañero y ya quería ser presidente. El sueño que parecía más cerca cuando se convirtió en senador a los 29 años y que le ha costado tres carreras presidenciales a lo largo de una vida marcada por momentos muy dramáticos.

Biden juró el cargo con la mano sobre la biblia que está en su familia de inmigrantes irlandeses desde 1893. Es la misma que ha utilizado para jurar sus cargos de senador y vicepresidente.

Harris, ex senadora y ex fiscal general de California de 56 años, juró con la mano puesta en dos biblias, la de su madrina y la del primer juez afroamericano que llegó al Supremo, Thurgood Marshall. Le tomó el juramento Sonia Sotomayor, la primera latina en el alto tribunal. El marido de Harris, Doug Emhoff, es el primer “segundo caballero” de Estados Unidos.

Harris llegó al Capitolio precedida por Eugene Goodman, el policía del Capitolio que el 6 de enero despistó a los asaltantes para que no llegaran a los congresistas y consiguió evitar lo que podía haber sido una masacre.

La más sobria

La ceremonia fue la más sobria en la memoria, sin público en la explanada delante de la escalinata del Capitolio y con un grupo reducido de invitados para evitar riesgos para la salud pública por la pandemia y la seguridad reforzada por el peligro de ataque terrorista tras el asalto al Capitolio del 6 de enero.

La explanada estaba cerrada y tanto el equipo presidencial como la alcaldesa de Washington y los gobernadores de los estados vecinos Maryland y Virginia habían pedido a los ciudadanos que no se acercaran al lugar de la ceremonia. En total, había poco más de un millar de personas, una escena muy distinta por ejemplo del más de medio millón que acudió a la toma de posesión de Barack Obama en 2009. Todas las personas que estaban en el escenario se habían hecho dos test en las últimas 72 horas para comprobar que no tenían coronavirus.

En lugar de público, había un despliegue de casi 200.000 banderas de Estados Unidos, sus estados y territorios. En lugar del desfile desde el Capitolio a la Casa Blanca por la avenida de Pensilvania que se celebra desde 1873, festejos virtuales con conexiones por todo el país. Por la noche, en lugar de los bailes presidenciales, un programa de televisión presentado por Tom Hanks y con la participación de Bruce Springsteen, Lin-Manuel Miranda, el autor del musical Hamilton, y el chef José Andrés, entre otros.

Como era habitual antes del anterior presidente, la ceremonia tuvo toques simbólicos de esperanza en el futuro y respeto a la historia.

La poeta Amanda Gorman, que con 22 años es la más joven en haber recibido el máximo honor para un poeta del país, recitó “The Hill We Climb” (“la colina que subimos”). Gorman, que es afroamericana, hizo una referencia indirecta al asalto del Capitolio, donde la turba desplegó banderas confederadas y otros símbolos racistas.

“La democracia puede ser periódicamente retrasada. No puede ser permanentemente derrotada”, recitó.

El juramento a la bandera lo leyó Andrea Hall, bombera de South Fulton, en Georgia, y pionera en su ciudad.

Leo O’Donovan, cura católico, y Silvester Beaman, pastor metodista, hicieron las tradicionales plegarias. Los dos son amigos de la familia Biden. El presidente es el segundo católico en ocupar la presidencia de Estados Unidos (el primero fue John Kennedy).

Lady Gaga cantó el himno de Estados Unidos acompañada por la banda de los marines y con gran broche que representaba una paloma de la paz. Jennifer López cantó This Land is Your Land y America the Beautiful, y pronunció unas palabras en español del juramento a la bandera. El cantante country Garth Brooks entonó Amazing Grace.

Unidad bipartidista

El presidente saliente decidió no ir a la ceremonia, algo que no sucedía desde 1869 con la excepción de Richard Nixon (si bien en este último caso las circunstancias fueron distintas porque acababa de dimitir y la decisión fue de mutuo acuerdo con su vicepresidente Gerald Ford). Tampoco estuvo Jimmy Carter, que tiene 96 años y no quiso arriesgarse a viajar por la pandemia.

Pero Biden estuvo acompañado por ex presidentes de ambos partidos y sus esposas: Barack y Michelle Obama, George W. y Laura Bush, y Bill y Hillary Clinton. El grupo acompañó a Biden y a Harris a depositar una corona en la tumba al soldado desconocido en el cementerio de Arlington, a las afueras de Washington.

El recuerdo de los muertos es algo habitual en un país marcado por las guerras. Lo distinto de este año es tener que recordar a tantos muertos por una epidemia que sigue desbocada en el país.

El martes por la noche, nada más llegar a Washington para su toma de posesión, Biden acudió junto a Harris a un homenaje para las 400.000 personas muertas por coronavirus en Estados Unidos. El presidente y la vicepresidenta contemplaron en silencio junto a sus parejas la fuente junto al monumento de Lincoln, iluminada por 400 luces. “Para cerrar las heridas debemos recordar”, dijo Biden. “A veces es duro recordar. Pero así es como se cierran las heridas. Es importante hacerlo como país”.

Para Biden han sido horas muy emotivas. En las últimas horas, ha recordado a menudo a su hijo Beau, que le inspiró en su carrera política y que murió en 2015 por un cáncer cerebral a los 46 años. Beau fue fiscal general y su padre lo imaginaba a él un día como el candidato. En su despedida de Willmington, la ciudad de Delaware donde ha vivido la mayor parte de su vida, dijo, cerrando los ojos para contener las lágrimas: “Sólo tengo un lamento, que él no esté aquí. Deberíamos estar presentándole a él como el presidente”.

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Estados Unidos

Trumpismo representa miedo y segregación racial, advierte analista Danny Shaw, sobre el asalto al Capitolio

Ignacio García

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Por Ignacio García

Tras los hechos violentos ocurridos en el interior del Capitolio de Washington el miércoles pasado por parte de seguidores del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para buscar mantenerlo en la Casa Blanca, el analista político Danny Shaw aseguró que el Trumpismo representa un movimiento político de segregación racial y de miedo.

En entrevista para Los Ángeles Press, el analista de temas de América Latina de la Universidad de Nueva York (CUNY) reconoció que el Trumpismo es un movimiento político que encabeza el mandatario estadounidense saliente y que representa la segregación racial, fascismo, xenofobia y supremacía blanca.

El experto político señaló que la irrupción al Capitolio fue un hecho sin precedentes en la historia contemporánea de Estados Unidos, por lo que evidencia una ideología anti migrante de los millones de personas que lo apoyaron tanto en 2016 como en las pasadas elecciones.

De acuerdo con Shaw, podría no haber consecuencias mayores para las personas que irrumpieron la sede del Congreso de Estados Unidos, pero ahora fueron detenidas sólo 26 personas, y ejemplificó que si la movilización hubiese sido encabezada por personas afrodescendientes, latinos o de los grupos minoritarios, como los islamistas, la policía hubiera hecho una masacre.

Dijo que tras las hechos violentos de Washington, las comunidades migrantes y de otros sectores sociales manifestaron su miedo por lo que representa el Trumpismo, aunado a que se evidenció el frágil sistema democrático norteamericano que ha sido parte de la temática que ha implementado Estados Unidos para intervenir en otras naciones y continuar con el imperialismo y el neocolonialismo, que, dijo, continuará con Joe Biden o cualquier representante tanto de los demócratas como de los republicanos.

Asimismo, recordó que desde que inició la presidencia de Trump se intentó inhabilitarlo con el juicio político, pero no se logró, porque también representa a una base electoral de millones de personas que se sienten identificadas con el mensaje de miedo e ignorancia que encabeza el empresario republicano.

Además, advirtió que el mundo entero observó el espectáculo decadente que protagonizaron los seguidores de Trump en la capital de Estados Unidos, lo que puede provocar mayor animadversión tanto de los países en disputa como de sus aliados.

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