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Con voz propia

Apuesta al olvido y al autoritarismo, error del Estado mexicano

Las noticias en México son manipuladas por el gobierno para que se olviden los crímenes de Estado y se selle la impunidad de sus responsables

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Peña a la salida del hospital. Foto: Ciro Pérez Silva/La Jornada

Peña a la salida del hospital. Foto: Ciro Pérez Silva/La Jornada

Ricardo V. Santes Álvarez

¿Quién está en el timón en este momento que el presidente está operado?, preguntó el periodista. “No, pues el presidente, Joaquín. Yo no estoy inválido ni discapacitado, no tengo ninguna discapacidad, estoy al frente de esta actividad, estoy en un proceso de convalecencia normal, regular, según la operación […] Estoy muy al tanto, siguiendo lo que está ocurriendo en México y en otras partes, hoy nos hemos enterado de hechos muy lamentables en otras partes del mundo.

(CNNMéxico.com, 27 de junio de 2015)

Es normal que, al encender la radio o la televisión, o leer algún medio impreso, de esos de “circulación nacional”, uno encuentre alguna noticia diferente. “Nueva”, se dice, pues “acaba de ocurrir”. El robo a una joyería en famosa plaza comercial, el incendio de un supermercado de esos que hacen cadena por todo el país, el descubrimiento de un gran fraude en el gobierno de alguna entidad federativa, o el asesinato de un personaje importante en Oriente Medio o en Europa. Igualmente, es común que cuando alguna noticia tiene “pegue” vuelva a ser vista, escuchada, o leída, en las ediciones de los días siguientes. Se nos “informa” del avance, de lo último, sobre tal o cual asunto. Así fue en la invasión a Irak luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001; así lo fue con las ligas bejaranistas que desvelaban la “corrupción en el Gobierno del D.F.”; y así ocurrió con el caso del empresario chino Zhenli Ye Gon. Y lo mismo pasó con el fatal accidente de la cantanteJenny Rivera, o con el deceso de Chespirito, cuando todo Televisa lloró.

Lo anterior, solamente por mencionar algunos temas de antigua y cercana data, que muestran que la costumbre de “refritear” notas hasta el hartazgo y al extremo de lucrar con el dolor ajeno, no es cosa novedosa ni distinta a lo que se sigue haciendo. Es más, si no fuera por artilugios como la televisión, esa donde los merolicos que todos conocemos se regodean creyéndose semidioses, no nos enteraríamos cómo suceden las cosas “en vivo y a todo color”. Como presenciamos, por ejemplo, lo acontecido con la “secuestradora francesa” Florence Cassez, donde las valientes fuerzas federales esperaron la orden de su comandante (un simplón conductor de Televisa) para irrumpir en el sitio donde los secuestradores mantenían a sus víctimas. Y todo lo vimos gracias al Canal de las Estrellas ¡Qué maravilla! Por cierto, sobre ese asunto, con el tiempo (y gracias a fuentes alternativas, claro) nos enteramos de la tremenda farsa que significó la “captura de la peligrosa secuestradora”. Pero ni duda cabe que, en su momento, fue un genial golpe mediático de la televisora, que mantuvo al gran público mexicano con el alma en vilo.

Los medios orgánicos circulan las notas que DEBEN ponerse al alcance de la opinión pública, y procuran guardarse aquellas que no convienen. Cabe preguntar ¿quién decide qué debe conocer la gente y qué no? y ¿a quién conviene o no que una situación se sepa? En realidad, tenemos una noción de quién ordena a los medios zalameros qué publicar y qué no; inclusive, el tono en que deben hacerlo. Órdenes que, por supuesto, acatan con desparpajada desvergüenza.

El calendario y la emergencia de más y más eventos, que conmueven al gran público, han sido los recursos normales de la elite del poder para soterrar la realidad. Al final del día, la elite apuesta al olvido, a borrar de la conciencia las auténticas problemáticas, demandas y necesidades nacionales. Pero asimismo olvida que, pese a su poder inmenso, no puede controlar todo.

Afortunadamente, hoy existen las redes sociales y medios alternativos que no gustan de estar sometidos a los designios de los poderosos; que pese a amenazadores embates, luchan a capa y espada por mantener su autonomía. No sólo eso: es verdad que no hay medios sin lectores y, para nuestra satisfacción, los segundos EXISTEN; e incrementan poco a poco. Ello significa que los mexicanos vamos saliendo del marasmo de la cooptación embrutecedora. En la medida en que TelevisaTV Azteca, y medios sometidos al poder han perdido credibilidad y público, en esa misma medida los alternativos van ganándola a pulso. La censura, como la aplicada a Carmen Aristegui, que se explica en ese contexto, no es suficiente para contener la inconformidad para con el statu quo.

La apuesta al olvido, acallando la verdad y colmatando el espectro con notas fatuas (como que el Piojo Herrera se practicará una liposucción para bajar inmensa barriga, o que anunció que lucirá caireles durante la Copa Oro) no pueden evitar que los ciudadanos libre-pensantes insistan en la búsqueda de un país mejor. Quedó demostrado que la intentona de desviar la atención del proceso electoral del pasado 7 de junio, programando mañosamente un partido de fútbol entre Brasil y México, y donde el impresentable Piojo llamó a votar por el partido verde, no impidió sonoro descalabro para la clase política corrupta.

Si bien los hechos del pasado no deben significar una camisa de fuerza que impida avances, no hay duda que un México mejor es inasequible si se olvida nuestro ayer, que es la mejor fuente explicativa de nuestro hoy, y la opción indubitable para orientar nuestro mañana. El encuentro con ese país mejor es una empresa que medios alternativos y ciudadanos deben acometer mano con mano. Desvelar lo importante, debatirlo y acordar sobre ello es el motor del cambio viable. Por eso es fundamental evitar que lo insulso supere a lo importante.

Un día como hoy, pero hace 20 años, el 28 de junio de 1995, en el Vado de Aguas Blancas, Coyuca de Benítez, estado de Guerrero, 17 campesinos indefensos fueron masacrados por hombres fuertemente armados. A solicitud de Ernesto Zedillo, a la sazón presidente de México, los entonces ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Humberto Román Palacios y Juventino Castro y Castro, fueron comisionados para investigar el caso. Como resultado, los ministros atribuyeron la mayor responsabilidad de los asesinatos al entonces Gobernador Rubén Figueroa Alcocer. A dos décadas de distancia, el Ejecutivo federal ha guardado oprobioso silencio ¿Y el clan Figueroa? Muy bien, gracias.

En ese período tan largo, muchos otros eventos lamentables han sucedido y se han acumulado a las cuentas pendientes de un Estado mexicano que hace todo, menos procurar una vida próspera y justa para los ciudadanos. Apenas durante 2014, se suman la ejecución de civiles a manos del ejército en la localidad de Tlatalaya, Estado de México, así como la desaparición de estudiantes normalistas de Ayotzinapa, la noche del 26 de septiembre en Iguala, Guerrero. Y ¿qué le parece a usted la masacre de civiles en Apatzingán, Michoacán, a manos de fuerzas federales en enero de este año? Como si todas esas desgracias (que mientras más recientes, más sanguinarias) fueran confabulaciones del Estado para hacer olvidar a la sociedad la afrenta previa.

Si el lector no recuerda Aguas Blancas, no sólo es porque luego hubo otras masacres, sino porque los medios cortesanos han puesto su máximo empeño para que el olvido supla las faltas del Estado. ¿Y las violaciones en San Salvador Atenco, Estado de México, en 2006, cuando el presidente actual gobernaba esa entidad? ¿Y la tragedia de la guardería ABC? ¿Y José Manuel Mireles Valverde? ¿Y Nestora Salgado García? Ciertamente, el olvido es un bálsamo para el mal gobierno; y es a la vez una apuesta al pasado autoritario del Estado omnímodo. Pero créalo o no el Estado, ese pasado difícilmente volverá.

Este 28 de junio de 2015, la nota sobre la matanza de Aguas Blancas fue recogida por apenas un par de medios, probadamente independientes. ¿Sabe el lector cuál fue la nota de este día en la mayoría de los medios cortesanos? Veamos:

El Universal: “Peña Nieto retoma reuniones de trabajo en Los Pinos”. Excélsior: “Retoma Peña Nieto reuniones de trabajo en Los Pinos”. Milenio: “Dan de alta a Peña Nieto; reanudará sus actividades”. El Sol de México: “Dan de alta al presidente Enrique Peña Nieto”… y ya para qué seguimos. Por lo anterior, reitero que es fundamental que los medios alternativos y los ciudadanos libre-pensantes eviten que lo insulso, lo fatuo, supere a lo importante.

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@RicSantes

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Con voz propia

Fiesta familiar de gobernador de Hidalgo se hizo con la Sonora Dinamita y Mariana Seoane

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Para la celebración anual de la familia Meneses, el gobernador del Estado habría gastado junto con su familia alrededor de 1.7 millones de pesos en una fiesta privada

Por Emmanuel Ameth

Omar Fayad Meneses, gobernador de Hidalgo (Méx), se puede dar lujos desde el poder que para el resto de los mortales sería imposible. Y es que según se observa en un video en propiedad de este medio, el mandatario contrató a la Sonora Dinamita así como a Mariana Seoane para amenizar la reunión familiar anual de la familia Meneses, misma que tuvo una asistencia de al menos 2 mil 100 invitados.

La reunión, que es llevada cada año, sufrió un salto exponencial en cuanto a los artistas contratados con Omar Fayad en el poder y con su primo, el entonces alcalde de Zempoala Héctor Meneses Arrieta, toda vez que invitaron a artistas de talla internacional.

Durante el video que fue compartido a este medio, se observa al gobernador de la entidad dirigiendo unas palabras a los asistentes:

“Hoy tengo el orgullo y el agrado de presentar un espectáculo maravilloso con dos grandes artistas. Por una parte una sonora muy caliente ¡La Sonora Dinamita! van a pasar para deleitarnos con muchas de sus canciones. También quiero presentarles a una amiga muy querida, una mujer guapísima, actriz… (pausa) ese chiflido se quedó corto… va a estar aquí esta tarde animando a nuestra familia y ella es ¡Mariana Seoane!”, dice Omar Fayad en el video que corresponde a su reunión familiar anual 2019.

Fayad Meneses agradeció también el prestar el recinto (municipal) a su primo el entonces presidente municipal Héctor Meneses Arrieta.

El costo del evento

Si bien el costo de los artistas depende de la agencia que los contrate, el personal que lleve, la producción, la distancia de la Ciudad de México, si el evento es público o privado y sobre todo la fecha en que son contratados, este medio hizo una aproximación del valor pagado a los artistas para su presentación.

De acuerdo con blogs especializados en redes, hace una década, contratar a la cantante y actriz Mariana Seoane costaba unos 350 mil pesos por presentación, cifra que habría subido a por lo menos medio millón de pesos en 2019.

En el caso de la Sonora Dinamita, la revista Proceso reveló que la suma de todos los costos asociados a su presentación, en un día cotidiano -el evento e Fayad fue en fin de año-, supera el millón de pesos.

Es así que entre ambos personajes, independientemente del costo del recinto, la cifra erogada asciende a por lo menos millón y medio de pesos solamente de la presentación, pues también se departió una cena para los más de 2 mil asistentes, lo que añadiría por lo menos otros 200 mil pesos al total.

Y es que aunque en el caso de Fayad Meneses así como el de su esposa Victoria Ruffo, podría existir un precio especial -o incluso ninguno- por parte de los artistas, los costos asociados a su traslado y equipo de producción siguen siendo millonarios.

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Arteleaks

Un amigo de Dios

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JUEGO DE OJOS

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

En esta entrega comenzamos con un acertijo. ¿Podrá el lector adivinar de quién hablo?

Un escritor, nacido alrededor de 1890, es famoso por tres novelas. La primera es corta, elegante, un clásico inmediato. La segunda, su obra maestra, presenta a los mismos personajes, aunque es más larga y compleja, e incorpora en forma creciente elementos míticos y lingüísticos. La tercera es enorme, casi una locura exuberante de la imaginación.

Una pista: no se trata de Joyce.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, denunció la producción masiva, el estruendo del tráfico y el descarno y fealdad de la vida moderna europea, y amó los árboles y la verdura de la campiña inglesa en donde vivió de niño, así como a las pequeñas y delicadas criaturas con las que se topó en las leyendas nórdicas.

Una pista: no se trata de D. H. Lawrence.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, mezcló porciones de literatura antigua con su propia obra maestra, aderezándolas magistralmente conforme avanzaba.

Una pista: no se trata de Ezra Pound.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, se declaró monárquico y católico.

Una pista: no se trata de T.S. Eliot.

Los más antiguos de mis lectores –antiguos en el sentido clásico- quizá hayan adivinado ya de quién hablo.

Y si son mis contemporáneos y fueron como yo vagamundos y en su camino a Damasco se toparon en un callejón con el grafiti “¡Frodo vive!”, entonces ya lo saben de cierto.

Para los más jóvenes, quizá un cuento les ayude:

“Había una vez un cuarentón, profesor de lingüística y filología, que sabía más que nadie en el mundo sobre las antiguas lenguas nórdicas y el Beowulf. El maestro había quedado huérfano muy joven, y el ejército de su país lo mandó a una guerra terrible en donde estuvo a punto de perder la vida.

“Anegado en el lodo sanguinolento de las trincheras y apabullado por el estruendo del cañón y la metralla y los lamentos de amigos y enemigos, quizá haya imaginado el mundo que creó cuando muchos años después interrumpiera por un momento la calificación de un examen para escribir al reverso de la hoja: “En un agujero en la tierra vivía un hobbit”.

Es claro que el escritor de quien hablo, nacido alrededor de 1890 en África del Sur, es John Ronald Reuel Tolkien, hoy una referencia doméstica gracias a Hollywood, pero en mi adolescencia y primera juventud, vicario de un rito arcano cuyos miembros nos reconocíamos por señas secretas y conjuras pronunciadas en voz baja como la de “¡Frodo vive!”

Me asombra que haya sido hasta fines de los ochenta que encontré en mi propio país con quien hablar sobre la tetralogía de Tolkien y sus asonancias y disonancias con, entre otros, Joyce, Lawrence, Pound y Eliot, de la manera juguetona que se consigna al inicio de este texto y que ojalá fuera mía, pero lo es de Jenny Turner, la espléndida periodista autora de Razones para amar a Tolkien.

He aquí un personaje deslumbrante y paradójico. De él se dice que era aburrido en una sociedad y un siglo de tiesuras, y que su devoción por la filología se percibía anticuada incluso entonces.

Pero la obra de este flemático inglés nacido en Sudáfrica, quien nunca alzaba la voz, vestía siempre en tweed y chaleco y fumaba pipa, despertó una corriente pasional pocas veces vista en la literatura.

Jenny Turner confiesa que le asusta haber pasado “demasiado tiempo” de su adolescencia en compañía del demiurgo de El señor de los anillos y que ya adulta si bien encuentra los libros repetitivos y “ruidosos”, éstos siguen conectándose a su espíritu de manera inquietante.

“Hay una succión, un algo primigenio que se transmite entre ambos, como cuando una nave espacial se enchufa a la nave madre. Es como el seno materno, es un alivio infantil… que también es como un hoyo negro”.

Escalofriante memoria, pero humana y generosa si la comparamos con otros juicios, como el de mi admirado Edmund Wilson: “Hipertrofiado… Un libro infantil que de alguna manera se salió de madre… Una pobreza creativa casi patética…”.

John Heath-Stubbs estima que la obra es “Una mezcla de Wagner y el osito Winnie Pooh, mientras Germaine Greer exclama que fue “su pesadilla”.

Vaya, pues. Supongo que el viejo profesor, tan enemigo de las pasiones terrenas, nunca imaginó que la obra iniciada con la frase, “En un agujero en la tierra vivía un hobbit”, fuera a despertar tantas y tan opuestas durante tantas generaciones, pues a estas alturas del siglo y mal que me pese gracias al cine, la cofradía tolkiense es ya una muchedumbre.

No escapa a la aguda e inteligente mirada de Jenny Turner la paradoja: si los libros son tan criticables, ¿por qué a tantos millones les han apasionado?

No es una pregunta fácil, pero tengo mi propia experiencia. El Hobbit (1937) me encontró, aún adolescente, en el aeropuerto de Londres, olvidado o escondido por alguien entre el Time, el Newsweek y el Life.

Lo compré por no dejar, por tener algo que leer en el vuelo de interminables horas que me esperaba. ¿Por no dejar? ¿O fue que se cumplió el adagio de Edmundo Valadés sobre los libros que nos están destinados en la vida?

En la sala de espera comencé la lectura y a la mitad del vuelo maldije no haber adquirido los tres tomos de la secuencia, conocida como El Señor de los Anillos (1954).

Caí en la red del viejo profesor, atrapado, de nuevo, en el vicio solitario que nos libra para siempre de la soledad. No descansé hasta que pude fatigar la trilogía con pasión talmúdica y transité los caminos de toda la obra del viejo profesor y de lo que su hijo Christopher editó amorosamente en memoria del demiurgo de la Tierra Media.

Y como dicen los angloparlantes, al final del día lo que me quedó fue una profunda identificación con la obra, una suerte de simbiosis que, ahora lo pienso, tiene en verdad algo de misterio sobrecogedor.

Leo y releo los libros. Sé de memoria pasajes enteros. Y cada vez que los visito descubro algo novedoso. Quizá ahí esté la explicación. Tolkien fue capaz de comunicarse con otros espíritus en un nivel anímico primario que escapa a toda explicación y que tiene como hilo conductor las emociones y sensaciones más humanas.

Desde luego que una mirada crítica, como apunto arriba, descubre inconsistencias en el texto, en los diálogos, en los personajes y en la narrativa.

Yo daría cristiana sepultura a Tom Bombadil, un personaje arbóreo que transcurre cantando tonadillas hueras y que no tiene mayor consecuencia en el resto de la historia, y trabajaría la estructura interna de algunos protagonistas así como la lógica de varios episodios.

Y ya que de utopías hablamos, también sacaría del mercado la horrenda traducción al español de Taurus, con su majadera “castellanización” de nombres que en vez de un Bilbo Baggins nos sirve un “Bilbo Bolsón” amén de otras aberraciones asestadas a la obra del viejo profesor. No ha nacido el argentino que se deje intimidar por los versos aliterativos del Beowulf. ¡No señor!,

Y a todo esto, ¿quién fue este personaje, esa suerte de hobbit mayor?

John Ronald Reuel Tolkien nació el domingo 3 de enero de 1892 en Bloemfontein, África del Sur, después de un parto difícil y prolongado. Apunto este detalle íntimo porque lo encuentro en la biografía de muchos escritores.

Sus padres fueron Arthur Tolkien y Mabel Suffield. A ese país habían emigrado en busca de fortuna y ahí creció, un niño débil y enfermizo. A la muerte de Arthur en 1896, Mabel regresó a Inglaterra, en 1900 se convirtió al catolicismo y en 1904 murió de diabetes, enfermedad incurable en la época.

La madre es un personaje fascinante por derecho propio y creo que su personalidad impregna a los espíritus etéreos y fuertes de las pocas mujeres en la obra de J.R.R.

Antes de casarse con Arthur a los 21 años, había sido misionera de la Iglesia Unitaria en África y, créalo o no el lector, ¡impartió catecismo en el harén del sultán de Zanzíbar!

Ahora bien, imaginémonos a esta familia de la clase media pobre en la Inglaterra anglicana y victoriana de entonces y las consecuencias que sin duda estos hechos tuvieron sobre la sensible personalidad del niño J.R.R.

¿Recuerda el lector a Shelob, el mefistofélico ser que en forma de tarántula gigante custodia el paso de Cirith Ungol a Mordor por donde deben transitar Bilbo y Samwise merced a las intrigas de Gólum?

Pues en Sudáfrica el niño John tuvo experiencias que aparecerán reflejadas en su obra: un encuentro con una tarántula peluda que lo picó, y con una serpiente.

Y un mozo de la familia “lo tomó prestado” durante varios días para llevarlo a su aldea y presumirlo a su extensa parentela, con las consecuencias que el lector podrá imaginar.

Creo que su niñez africana, su adolescencia en la campiña inglesa, su estancia en las trincheras en la primera guerra mundial -donde el gas mostaza daño su salud para siempre y en donde perdió a la mayoría de sus amigos- , su vida enclaustrada como profesor de filología y sajón antiguo… toda su existencia, pues, está reflejada en la saga de los Baggins, desde la fiesta a la que asisten los enanos sin invitación, hasta la última escena en que Bilbo, Frodo y otros personajes abandonan para siempre la inolvidable Tierra Media.

Pero me estoy saliendo de cauce. Si el viejo profesor pudiera leer estas cuartillas y en particular el anterior párrafo, sin duda las haría confeti, ya que detestaba a los críticos y a los exégetas… ¡y a fe mía que tenía razón! Así que en resumen diré que los cuatro libros de la saga (El Hobbit,  El Señor de los Anillos, Las dos torres y El regreso del rey) con El Silmarilion, integran una república abierta a quien desee pedir la ciudadanía del país mayor del gozo, que es la tierra de la imaginación.

Reuel, el tercer nombre de Tolkien (John Ronald), es un apelativo heredado de padres a hijos en esa familia, y quiere decir, literalmente, “Amigo de Dios”. Sin duda el viejo profesor lo fue.

***

Fuente: juegodeojos.mx

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Con voz propia

Samuel García y Mariana Rodríguez, con trastorno de personalidad narcisista: Ernesto Lammoglia

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Por Alberto Farfán

 En ocasiones en México se suelen encontrar en análisis periodísticos de algunos columnistas imberbes y limitados términos propios de la psiquiatría para plantear la personalidad de gobernantes, servidores públicos y otros de este ámbito, en el afán de vituperar tanto sus actividades de Estado como las personales o sociales, aunque también esta práctica puede encontrarse en otros países.

De ahí que sean importantes las observaciones del doctor Ernesto Lammoglia (Veracruz, 1940), connotado médico psiquiatra, criminólogo, escritor y comunicólogo, que desarrolla acerca del gobernador de Nuevo León y su esposa, Samuel García Sepúlveda y Mariana Rodríguez Cantú, respectivamente.

En entrevista, el Dr. Lammoglia, siempre ético y profesional, advierte que el perfil que brindará está sujeto a lo expuesto por los medios de comunicación y redes sociales, lo cual no se podría considerar un diagnóstico objetivo porque para ello el matrimonio regio debería haber sido analizado en su consultorio. Razonamiento que nos parece perfectamente válido e incluso obligado ponerlo sobre la mesa. (Conversación con Julio Hernández en Astillero Informa por YouTube, 13/05/22).

Sin embargo, resulta interesante la caracterización que realiza el doctor si tomamos en cuenta la serie de peculiaridades que García y Rodríguez han mostrado antes, durante y después, ya ubicados en el pináculo del poder en Nuevo León, a través de redes sociales sobre todo. Las cuales no voy a enumerar porque francamente sus sketchs son siempre lo mismo: llamar la atención a costa de quien sea o de lo que sea con un humor que se supone graciosísimo.

Así, para el Dr. Lammoglia, galardonado en múltiples ocasiones por su labor profesional y con más de una docena de libros publicados, ambos personajes padecen del trastorno de personalidad narcisista. Palabras más, palabras menos, desprendemos que dicho trastorno mental implica que las personas padecerán de un sentido desproporcionado de su propia importancia, una necesidad exagerada de atención desmedida, relaciones de explotación emocional y una ausencia profunda de empatía por las personas a su alrededor.

No obstante, esto no es más que una especie de máscara protectora de hierro, pues en realidad su autoestima es rotundamente frágil y vulnerable al comentario crítico más anodino. Y añade el Dr. Lammoglia que “el nivel más alto de esta condición es la psicopatía”.

Y al revisar con detenimiento estas características del narcisismo, pero fundamentalmente al confrontarlas con las curiosidades del matrimonio en redes sociales, no puede uno soslayar que acaso el Dr. Lammoglia no esté equivocado, sino todo lo contrario.

Situación que, en efecto, no tendría ninguna relevancia si Samuel García y Mariana Rodríguez fueran ciudadanos comunes y corrientes, divirtiéndose con sus ocurrencias en videos y demás. Sin embargo no lo son. Más aún, él como gobernador y ella como primera dama detentan un gran poder en la entidad en que viven, con el objeto, se supone, de velar por la ciudadanía en todos sentidos, pero al ser narcisistas me temo que difícilmente se podrán erradicar los feminicidios, el narcotráfico, la trata de personas y otros flagelos sociales que prevalecen impunes. Si otros que no lo son no lo logran, menos ellos.

Finalmente, es evidente que un perfil psicológico o psiquiátrico por más objetivo y exacto que sea no necesariamente indicará que el gobernante diagnosticado con alguna condición mental podrá constituirse en el mejor o el peor, pero estemos de acuerdo o no nos dará una idea sobre a qué atenernos. Y serán los hechos los que hablarán a este respecto. Lamentablemente, ya están hablando con claridad de manera negativa en Nuevo León en torno a los más recientes feminicidios y al cuestionable proceder de los responsables de la fiscalía del estado.

 

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