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Ante la tragedia en México, la solidaridad traspasa fronteras

El huracán que ha devastado el estado de Guerrero y parte de Sinaloa ha despertado la organización espontánea e independiente de mexicanos en el extranjero

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Los restos de una casa en Tlacoapa Guerrero destruida por deslaves y lluvias. Foto: Salvador Cisneros

Los restos de una casa en Tlacoapa Guerrero destruida por deslaves y lluvias. Foto: Salvador Cisneros

**Ciudadanos de ambos lados rebasan al gobierno mexicano con envíos de dinero, peritajes, albergues y refugios

Por Leticia Puente Beresford

NIEVA YORK, NY.- Una vez más la sociedad civil mexicana se levanta y se organiza para ayudar, incluso en esta ciudad de los rascacielos, donde hay boteos, envío de dinero a través de amistades y familiares y a través de giros de dinero, con lo cual le vuelve a “hacer la tarea” al gobierno mexicano, ineficaz, desacertado, limitado frente a la tragedia de miles de ciudadanos afectados por huracanes y tormentas tropicales.

Pese a la desconfianza que generan las acciones gubernamentales, la ciudadanía se unifica y aporta sus donativos, pese también a que se sabe que nunca falta un “vivales”, personajes que se aprovechan del mal ajeno, sea para montar shows mediáticos o para sacar ganancia política. La desconfianza permea y hace que se confundan las intenciones humanas de ayudar al prójimo.

Pero la fe en la humanidad y el instinto de sobrevivencia se imponen, saben los mexicanos que sólo con organización sortearán mejor la tragedia que les dejaron los torrenciales aguaceros y que desgajaron sus tierras, cobrando la vida de cientos. Y por eso asumen que la frontera no existe y hacen más intensa la comunicación que, de por sí, existe entre los mexicanos en ambos países.

Hasta Nueva York llegó la voz de Chilpancingo, Guerrero, ayer 26 de septiembre, a través de Berna, que escribe: “…en la sociedad se percibe una tremenda desconfianza hacia todos los actores políticos porque han utilizado la tragedia que hoy vivimos para entrar de lleno en pre campañas electorales y promover su imagen con fotografías en los lugares más afectados. Por lo tanto nos estamos organizando para constituirnos en una Asociación Civil de Ayuda. El único requisito es que las personas que quieran participar sean personas que no hagan de la política su modus vivendi”.

Y añade: “conocemos nuestro entorno y el proyecto se iniciará con los amigos que no hemos encontrado y reencontrado en medio de la tragedia, que algunos ya nos conocíamos de antes, maestr@s, médic@s, enfermer@s, amas de casa cuyo interés ha sido solo ayudar. La parte formal la iremos diseñando poco a poco”.

Dice Berna que, mientras tanto les queda claro que “no contamos con las autoridades, para casos de contingencia; que somos una pueblo con una impresionante cultura de la solidaridad. Porque aun cuando sabemos que no es nuestra obligación atender los desastres, en la urgencia actuamos; la capacidad de respuesta de las autoridades es lenta muy lenta”.

Y detalla Berna la estrategia, basada en la solidaridad y no en el interés político: “… tomando en cuenta que estamos en tiempo de fenómenos naturales, tenemos que fomentar la cultura de la prevención, equipando en zonas estratégicas de la Ciudad refugios temporales que cuenten con lo necesario para cubrir las necesidades básicas, al menos para los primeros días. Estas medidas serán por colonia según la ubicación que cada uno tenga. Para mí ha sido una experiencia que no me esperaba el haber constituido la casa en un refugio de niños. Nuestra primera actividad como grupo es canalizar la ayuda de Tamaulipas. Tan pronto nos digan cuando nos llega el camión de ropa y zapatos que van a mandar, tenemos la tarea de seleccionar esa ropa por regiones del estado. Alguna será más útil en la Montaña, otra en las costas. Sobre todo en el ánimo de garantizar que lo que nos manden sea entregado a las personas que en verdad lo necesitan”.

Brigada ciudadana en México para Tapayoltepec Guerrero. Foto: Joann Carlos Ferrer

Brigada ciudadana en México para Tapayoltepec Guerrero. Foto: Joann Carlos Ferrer

En la Ciudad, dice, “estamos haciendo un recorrido por los albergues para saber con exactitud qué necesitan. Desde luego también seremos gestoras porque si vamos a exigir que el presupuesto se gaste para lo que es”. Revela Berna su tristeza porque el gobernador de la entidad estuvo en un festejo el 15-16 de septiembre, mientras las comunidades enfrentaban la rudeza de los fenómenos naturales, sin que se hayan tomado medidas gubernamentales para mitigar la catástrofe.

Narra que arquitectos de la Asociación Civil Casa y Ciudad podrían viajar del Distrito Federal a Guerrero para “emitir un dictamen serio respecto a la planificación y la fragilidad de los puentes y las construcciones de nuestra Ciudad”, porque el gobierno está obligando a trabajar a los empleados con la amenaza de descuentos o despidos”, aunque su empleo se encuentre del otro lado del puente. “Me encanta ver la respuesta”, dice, y añade que “otras amigas –colegas de la Red de Mujeres Periodistas de Matamoros, Tamaulipas– se han interesado en apoyarnos en la inteligencia de que, el enlace seamos nosotros. Nos van a mandar un camión de ropa y zapatos”.

La catástrofe trae consigo otras secuelas, continúa Berna: “algunos trabajadores también son damnificados y ¡les piden pruebas para justificar sus faltas!, una falta de sensibilidad, porque ¿qué pruebas pueden presentar en estos momentos de crisis nerviosas, enfermedades etc.”

Solidaridad para La Montaña Guerrero desde Puebla. Foto: Joann Carlos Ferrer

Solidaridad para La Montaña Guerrero desde Puebla. Foto: Joann Carlos Ferrer

Las enfermedades están a la orden y algunos amigos médicos explican que la gente salió de forma abrupta de sus casas, sin pensar en llevar consigo sus medicinas, por lo cual a las enfermedades de las vías respiratorias y estomacales, provocadas en este ambiente de colapso social, “se suma la necesidad de medicamentos para enfermedades como diabetes cáncer y otras”.

Berna, periodista y profesora de periodismo, abrió su casa como refugio temporal para las niñas y niños cuyos papás están ayudando en los albergues. “Y ahora estamos intentando retomar nuestras actividades, con mucha dificultad. Escases, carestía y la ayuda que no llega a donde tiene que llegar. Los niños empiezan a enfermarse de problemas respiratorios y estomacales. Mucho dolor y entre nosotros intentando ayuda”.

Se ha encontrado a gente, dice Berna, que está vendiendo las despensas o las están guardando para campañas políticas. Lamentable y crítica situación. Los amigos estamos haciendo llegar ayuda directa a los albergues, sin intermediarios porque se empezaron a enfermar y la comida que les llevaba el ejército era pasta hervida. Afortunadamente por la noche llueve y en el día sale el sol”.

 

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Estados Unidos

Activistas en EEUU exigen cierre de cárceles de inmigrantes y poner fin a las deportaciones

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Amy Goodman/Democracy Now!

Grupos de activistas en defensa de la justicia de los inmigrantes se manifestaron en Estados Unidos para exigir el cierre de las cárceles del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, y que se pusiera el fin de las deportaciones y la liberación de todos los solicitantes de asilo e inmigrantes que están detenidos.

El día de movilización de la campaña denominada “Comunidades sí; jaulas no” se produjo cuando los informes muestran que el número de personas detenidas por el Servicio de Inmigración ha aumentado un 70% desde que el presidente Biden asumió el cargo.

En la ciudad de Atlanta, grupos de activistas se manifestaron frente al centro de detención de inmigrantes del condado de Stewart. La activista LGBTQ+ Li Ann Sánchez, integrante del grupo Community Estrella, quien estuvo detenida en tres cárceles de inmigración, incluido el Centro de Detención del Condado de Irwin, el cual tuvo que cerrar debido a las denuncias de que se estaban practicando procedimientos médicos abusivos, manifestó su indignación y enfatizó las condiciones inhumanas en las que mantienen a los detenidos, en su mayoría haitianos.

“Vienen a mi mente momentos desagradables por todas las condiciones insalubres e inhumanas que se viven en esos lugares de tortura, tanto las negligencias médicas como la insalubridad de alimentos. Lo más terrible fue vivir en confinamiento solitario por un año, en el famoso ‘hoyo’, únicamente por ser una persona trans, porque ellos no tenían un lugar exclusivo para personas LGBT”, señaló Sánchez.

Como parte de las protestas contra las deportaciones y detenciones contra inmigrantes, el enviado especial de Estados Unidos para Haití ha presentado su dimisión por las políticas del Gobierno de Biden. En su carta de renuncia, Daniel Foote, diplomático de larga trayectoria, escribió: “No puedo seguir vinculado a la inhumana y contraproductiva decisión de Estados Unidos de deportar a miles de refugiados haitianos”.

Foote también criticó al Gobierno de Biden por entrometerse en los asuntos políticos de Haití, incluido el apoyo que el gobierno estadounidense expresó a Ariel Henry como primer ministro del país luego del asesinato del presidente haitiano Jovenel Moïse ocurrido en julio. Al respecto, Foote expresó: “Este ciclo de intervenciones políticas internacionales en Haití ha producido resultados catastróficos de manera sistemática”.

La renuncia de Foote se produjo pocos días después de que se publicaran videos que muestran el momento en que agentes de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos montados a caballo persiguen, agarran y azotan a solicitantes de asilo haitianos que se habían resguardado en un campamento improvisado en la ciudad de Del Rio, en Texas.

El jueves, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos prohibió el uso de caballos en el área, pero las deportaciones de los solicitantes de asilo continúan llevándose a cabo a pesar de las críticas de los activistas en defensa de los derechos humanos. El periódico The New York Times informa que el Gobierno de Biden ha deportado a casi 2.000 ciudadanos haitianos desde la semana pasada. Aproximadamente 3.000 haitianos permanecen alojados en los campamentos improvisados establecidos en la ciudad de Del Río, mientras que a otros miles se les ha permitido quedarse en Estados Unidos.

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Estados Unidos

Cruce masivo de miles de haitianos a Texas en espera de asilo

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Washington, 16 sep (EFE).- Más de 8.000 inmigrantes irregulares, en su mayoría de nacionalidad haitiana, están retenidos por las autoridades estadounidenses en un campamento improvisado en el sur de Texas tras un cruce masivo en la frontera.

Los migrantes han estado cruzando desde este martes a Estados Unidos por la zona de Del Río (Texas) y han desbordado a las autoridades migratorias, que han improvisado el campamento debajo del puente internacional que conecta con Ciudad Acuña (México) a la espera de ir procesando solicitudes de asilo.

Estos más de 8.000 migrantes, según cifras de las autoridades locales, duermen al raso y carecen de servicios básicos, unas condiciones que amenazan con crear una nueva emergencia humanitaria en la frontera sur.

La frontera entre Texas y México ha registrado cifras récord en las llegadas de inmigrantes irregulares desde que Joe Biden asumió el poder en enero pasado y ya ha sido foco de una crisis política para el nuevo presidente.

Según The Washington Post, muchos de los migrantes haitianos que han llegado a Texas emigraron de sus país tras el terremoto de 2010 a naciones suramericanas como Brasil o Chile, pero la crisis creada por la pandemia les ha impulsado ahora hacia Estados Unidos.

La Patrulla Fronteriza de Estados Unidos ha enviado refuerzos al sector de Del Río para gestionar el campo y ante la incertidumbre de que más migrantes puedan cruzar en los próximos días.

«Para prevenir enfermedades relacionadas con el calor, el área con sombra debajo del Puente Internacional Del Río está sirviendo como un puesto temporal de para mientras los migrantes esperan a estar bajo la custodia de la Patrulla Fronteriza», explicó en un comunicado este cuerpo.

El gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, anunció este jueves el cierre de seis puntos de cruce fronterizo con México para «impedir que las caravanas de migrantes infesten» el estado, aunque posteriormente dio marcha y dijo que los agentes estatales solo harán acto de presencia para disminuir las llegadas.

El alcalde de Del Río, el demócrata Bruno «Ralphy» Lozano, urgió por su lado al Gobierno de Joe Biden a «reconocer que hay una crisis fronteriza ocurriendo en tiempo real en este momento con graves consecuencias para la seguridad y la salud».

Lozano, que calificó el campamento de «favela», también alertó de que si los agentes se concentran en este punto, el resto del sector, de unas 240 millas (400 kilómetros), está quedando desatendido.

«¿Quién está vigilando al resto del sector?», dijo, en declaraciones recogidas por el Post.

Washington ha reducido los vuelos de deportación a Haití desde la crisis provocada por el magnicidio del presidente Jovenel Moïse en julio. Unos 30.000 haitianos habían cruzado a EE.UU. en el último año según datos oficiales.

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Estados Unidos

Ex preso de Attica, Nueva York, narra la masacre racista dentro del penal en 1971

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Por Guadalupe Lizárraga

Han pasado cincuenta años de la rebelión de los prisioneros en la cárcel de Attica, Nueva York, uno de los episodios más sangrientos en las cárceles de los Estados Unidos, en la que fueron acribillados 43 reclusos y 11 rehenes, todos -excepto cuatro- fueron víctimas de la policía y la Guardia Nacional. Quien dio la orden de ataque fue el gobernador Nelson Rockefeller. Entre las víctimas, Tyrone Larkins sobrevivió a la masacre con tres disparos y es entrevistado por el digital Democracy Now.

El 9 de septiembre de 1971, inició el motín de los prisioneros cuando tomaron la dirección del centro penitenciario en protesta por las torturas y malos tratos, así como las condiciones insalubres en los que los mantenían, narra Larkins. Para entonces, la prisión albergaba a 2300 hombres, muy por encima de de su capacidad máxima, y el motín duró cinco días.

A los presos les permitían ducharse una vez a la semana, y les daban un jabón y un rollo de papel al mes. Les entregaban sólo dos litros de agua al día, para beber y para usarla en su higiene personal. Las raciones de comida eran raquíticas y el Estado gastaba 63 centavos de dólar por preso al día para la comida. No se les permitía comunicación con el exterior, sus cartas eran destruidas y no se permitía la práctica de la religión musulmana.

La peor parte la llevaban los afroamericanos, quienes eran relegados a los puestos de trabajo con salarios más bajos y víctimas de torturas y la discriminación racial por los empleados blancos de la prisión.​

La Vanguardia Española daba seguimiento a la masacre

El periódico La Vanguardia Española, en septiembre de 1971 daba seguimiento a la masacre de Attica, y revelaba en español -en coordinación con The New York Times-, que los informes oficiales sobre los hechos eran falsos, y alegaban que los reclusos habían degollado y castrado a los custodios rehenes. Sin embargo, la investigación periodística daba cuenta de los hallazgos del Comité de Observadores, integrado por 18 profesionales, entre éstos periodistas y abogados, que confirmaron con las autopsias de los custodios asesinados que las causas de muerte habían sido por armas de fuego, después de que el gobernador diera la orden de ataque a los prisioneros rebeldes.

También argumentaron que la causa de la rebelión eran las malas condiciones en las que los mantenían y las torturas sistemáticas infligidas. Así mismo, el comité declaró que la matanza se había perpetrado por la intransigencia oficial y que el informe había sido preparado de antemano a la orden de ataque.

Tyrone Larkins, sobreviviente

En este contexto, Tyrone Larkins, ex preso sobreviviente, que fue herido de gravedad en la represión, el 13 de septiembre de ese año, describe Attica como “el lugar más brutal que conocí en mi vida” y recuerda por qué se produjo el motín el 9 de septiembre de 1971, día en que los presos redujeron a los guardias y tomaron gran parte de las instalaciones de esa penitenciaría ubicada en el norte del estado de Nueva York, en señal de protesta contra las condiciones de vida en ese lugar.

En aquella época, los presos pasaban la mayor parte del tiempo en las celdas y se duchaban una vez por semana. Larkins explica cómo se desarrollaron las tensas negociaciones con los prisioneros politizados y dice que el motín iba camino a resolverse a través del diálogo cuando el gobernador Nelson Rockefeller ordenó a la Policía estatal que atacara las instalaciones. La policía abrió fuego y mató a veintinueve reclusos y diez rehenes.

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