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AMLO adelantará pensiones para adultos mayores por coronavirus

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El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, anunció que se adelantará la entrega de pensiones para adultos mayores y así enfrenten la contingencia sanitaria por el coronavirus.

El mandatario federal explicó que a partir de este mes las personas de la tercera edad adelantarán sus pensiones universales, por lo que se entregará lo equivalente a cuatro meses desde esta semana.

De acuerdo con el jefe del Ejecutivo federal, en lugar de los dos mil 620 pesos que perciben, obtendrán el doble, por lo que pidió a la población de la tercera edad que administren de forma correcta los recursos para un total de ocho millones de adultos mayores en el país.

Agregó que se reunió con los integrantes del gabinete legal y ampliado para definir una estrategia contra el coronavirus y la caída del precio del petróleo, por lo que consideró que en breve la economía mundial se estabilizará por una intervención directa de Estados Unidos que inyectará más de 50 mil millones de dólares para esta problemática.

Por su parte, el subsecretario de Salud federal (SSa), Hugo López Gatell, anunció que se han confirmado 93 casos de coronavirus en México, mientras que 672 sospechosos dieron negativo, 206 se encuentran sospechosos, por lo que reconoció que la pandemia por esa enfermedad puede permanecer por lo menos 12 semanas.

El funcionario federal enfatizó que hasta el momento no es necesario cerrar las fronteras, pues dichas medidas pueden ser perjudiciales para la economía del país y no se logrará controlar con eficacia la propagación del Covid-19.

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Arteleaks

Un amigo de Dios

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JUEGO DE OJOS

Por Miguel Ángel Sánchez de Armas

En esta entrega comenzamos con un acertijo. ¿Podrá el lector adivinar de quién hablo?

Un escritor, nacido alrededor de 1890, es famoso por tres novelas. La primera es corta, elegante, un clásico inmediato. La segunda, su obra maestra, presenta a los mismos personajes, aunque es más larga y compleja, e incorpora en forma creciente elementos míticos y lingüísticos. La tercera es enorme, casi una locura exuberante de la imaginación.

Una pista: no se trata de Joyce.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, denunció la producción masiva, el estruendo del tráfico y el descarno y fealdad de la vida moderna europea, y amó los árboles y la verdura de la campiña inglesa en donde vivió de niño, así como a las pequeñas y delicadas criaturas con las que se topó en las leyendas nórdicas.

Una pista: no se trata de D. H. Lawrence.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, mezcló porciones de literatura antigua con su propia obra maestra, aderezándolas magistralmente conforme avanzaba.

Una pista: no se trata de Ezra Pound.

Un escritor, nacido alrededor de 1890, se declaró monárquico y católico.

Una pista: no se trata de T.S. Eliot.

Los más antiguos de mis lectores –antiguos en el sentido clásico- quizá hayan adivinado ya de quién hablo.

Y si son mis contemporáneos y fueron como yo vagamundos y en su camino a Damasco se toparon en un callejón con el grafiti “¡Frodo vive!”, entonces ya lo saben de cierto.

Para los más jóvenes, quizá un cuento les ayude:

“Había una vez un cuarentón, profesor de lingüística y filología, que sabía más que nadie en el mundo sobre las antiguas lenguas nórdicas y el Beowulf. El maestro había quedado huérfano muy joven, y el ejército de su país lo mandó a una guerra terrible en donde estuvo a punto de perder la vida.

“Anegado en el lodo sanguinolento de las trincheras y apabullado por el estruendo del cañón y la metralla y los lamentos de amigos y enemigos, quizá haya imaginado el mundo que creó cuando muchos años después interrumpiera por un momento la calificación de un examen para escribir al reverso de la hoja: “En un agujero en la tierra vivía un hobbit”.

Es claro que el escritor de quien hablo, nacido alrededor de 1890 en África del Sur, es John Ronald Reuel Tolkien, hoy una referencia doméstica gracias a Hollywood, pero en mi adolescencia y primera juventud, vicario de un rito arcano cuyos miembros nos reconocíamos por señas secretas y conjuras pronunciadas en voz baja como la de “¡Frodo vive!”

Me asombra que haya sido hasta fines de los ochenta que encontré en mi propio país con quien hablar sobre la tetralogía de Tolkien y sus asonancias y disonancias con, entre otros, Joyce, Lawrence, Pound y Eliot, de la manera juguetona que se consigna al inicio de este texto y que ojalá fuera mía, pero lo es de Jenny Turner, la espléndida periodista autora de Razones para amar a Tolkien.

He aquí un personaje deslumbrante y paradójico. De él se dice que era aburrido en una sociedad y un siglo de tiesuras, y que su devoción por la filología se percibía anticuada incluso entonces.

Pero la obra de este flemático inglés nacido en Sudáfrica, quien nunca alzaba la voz, vestía siempre en tweed y chaleco y fumaba pipa, despertó una corriente pasional pocas veces vista en la literatura.

Jenny Turner confiesa que le asusta haber pasado “demasiado tiempo” de su adolescencia en compañía del demiurgo de El señor de los anillos y que ya adulta si bien encuentra los libros repetitivos y “ruidosos”, éstos siguen conectándose a su espíritu de manera inquietante.

“Hay una succión, un algo primigenio que se transmite entre ambos, como cuando una nave espacial se enchufa a la nave madre. Es como el seno materno, es un alivio infantil… que también es como un hoyo negro”.

Escalofriante memoria, pero humana y generosa si la comparamos con otros juicios, como el de mi admirado Edmund Wilson: “Hipertrofiado… Un libro infantil que de alguna manera se salió de madre… Una pobreza creativa casi patética…”.

John Heath-Stubbs estima que la obra es “Una mezcla de Wagner y el osito Winnie Pooh, mientras Germaine Greer exclama que fue “su pesadilla”.

Vaya, pues. Supongo que el viejo profesor, tan enemigo de las pasiones terrenas, nunca imaginó que la obra iniciada con la frase, “En un agujero en la tierra vivía un hobbit”, fuera a despertar tantas y tan opuestas durante tantas generaciones, pues a estas alturas del siglo y mal que me pese gracias al cine, la cofradía tolkiense es ya una muchedumbre.

No escapa a la aguda e inteligente mirada de Jenny Turner la paradoja: si los libros son tan criticables, ¿por qué a tantos millones les han apasionado?

No es una pregunta fácil, pero tengo mi propia experiencia. El Hobbit (1937) me encontró, aún adolescente, en el aeropuerto de Londres, olvidado o escondido por alguien entre el Time, el Newsweek y el Life.

Lo compré por no dejar, por tener algo que leer en el vuelo de interminables horas que me esperaba. ¿Por no dejar? ¿O fue que se cumplió el adagio de Edmundo Valadés sobre los libros que nos están destinados en la vida?

En la sala de espera comencé la lectura y a la mitad del vuelo maldije no haber adquirido los tres tomos de la secuencia, conocida como El Señor de los Anillos (1954).

Caí en la red del viejo profesor, atrapado, de nuevo, en el vicio solitario que nos libra para siempre de la soledad. No descansé hasta que pude fatigar la trilogía con pasión talmúdica y transité los caminos de toda la obra del viejo profesor y de lo que su hijo Christopher editó amorosamente en memoria del demiurgo de la Tierra Media.

Y como dicen los angloparlantes, al final del día lo que me quedó fue una profunda identificación con la obra, una suerte de simbiosis que, ahora lo pienso, tiene en verdad algo de misterio sobrecogedor.

Leo y releo los libros. Sé de memoria pasajes enteros. Y cada vez que los visito descubro algo novedoso. Quizá ahí esté la explicación. Tolkien fue capaz de comunicarse con otros espíritus en un nivel anímico primario que escapa a toda explicación y que tiene como hilo conductor las emociones y sensaciones más humanas.

Desde luego que una mirada crítica, como apunto arriba, descubre inconsistencias en el texto, en los diálogos, en los personajes y en la narrativa.

Yo daría cristiana sepultura a Tom Bombadil, un personaje arbóreo que transcurre cantando tonadillas hueras y que no tiene mayor consecuencia en el resto de la historia, y trabajaría la estructura interna de algunos protagonistas así como la lógica de varios episodios.

Y ya que de utopías hablamos, también sacaría del mercado la horrenda traducción al español de Taurus, con su majadera “castellanización” de nombres que en vez de un Bilbo Baggins nos sirve un “Bilbo Bolsón” amén de otras aberraciones asestadas a la obra del viejo profesor. No ha nacido el argentino que se deje intimidar por los versos aliterativos del Beowulf. ¡No señor!,

Y a todo esto, ¿quién fue este personaje, esa suerte de hobbit mayor?

John Ronald Reuel Tolkien nació el domingo 3 de enero de 1892 en Bloemfontein, África del Sur, después de un parto difícil y prolongado. Apunto este detalle íntimo porque lo encuentro en la biografía de muchos escritores.

Sus padres fueron Arthur Tolkien y Mabel Suffield. A ese país habían emigrado en busca de fortuna y ahí creció, un niño débil y enfermizo. A la muerte de Arthur en 1896, Mabel regresó a Inglaterra, en 1900 se convirtió al catolicismo y en 1904 murió de diabetes, enfermedad incurable en la época.

La madre es un personaje fascinante por derecho propio y creo que su personalidad impregna a los espíritus etéreos y fuertes de las pocas mujeres en la obra de J.R.R.

Antes de casarse con Arthur a los 21 años, había sido misionera de la Iglesia Unitaria en África y, créalo o no el lector, ¡impartió catecismo en el harén del sultán de Zanzíbar!

Ahora bien, imaginémonos a esta familia de la clase media pobre en la Inglaterra anglicana y victoriana de entonces y las consecuencias que sin duda estos hechos tuvieron sobre la sensible personalidad del niño J.R.R.

¿Recuerda el lector a Shelob, el mefistofélico ser que en forma de tarántula gigante custodia el paso de Cirith Ungol a Mordor por donde deben transitar Bilbo y Samwise merced a las intrigas de Gólum?

Pues en Sudáfrica el niño John tuvo experiencias que aparecerán reflejadas en su obra: un encuentro con una tarántula peluda que lo picó, y con una serpiente.

Y un mozo de la familia “lo tomó prestado” durante varios días para llevarlo a su aldea y presumirlo a su extensa parentela, con las consecuencias que el lector podrá imaginar.

Creo que su niñez africana, su adolescencia en la campiña inglesa, su estancia en las trincheras en la primera guerra mundial -donde el gas mostaza daño su salud para siempre y en donde perdió a la mayoría de sus amigos- , su vida enclaustrada como profesor de filología y sajón antiguo… toda su existencia, pues, está reflejada en la saga de los Baggins, desde la fiesta a la que asisten los enanos sin invitación, hasta la última escena en que Bilbo, Frodo y otros personajes abandonan para siempre la inolvidable Tierra Media.

Pero me estoy saliendo de cauce. Si el viejo profesor pudiera leer estas cuartillas y en particular el anterior párrafo, sin duda las haría confeti, ya que detestaba a los críticos y a los exégetas… ¡y a fe mía que tenía razón! Así que en resumen diré que los cuatro libros de la saga (El Hobbit,  El Señor de los Anillos, Las dos torres y El regreso del rey) con El Silmarilion, integran una república abierta a quien desee pedir la ciudadanía del país mayor del gozo, que es la tierra de la imaginación.

Reuel, el tercer nombre de Tolkien (John Ronald), es un apelativo heredado de padres a hijos en esa familia, y quiere decir, literalmente, “Amigo de Dios”. Sin duda el viejo profesor lo fue.

***

Fuente: juegodeojos.mx

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Estados Unidos

Masacre de Búfalo fue un acto de terrorismo racista: Abogado de derechos civiles Bejamin Crump

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Ayer martes, el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, visitó la ciudad de Búfalo, en Nueva York,  donde las familias están de luto por la muerte de las víctimas de terrorismo racista, en un tiroteo masivo ocurrido el sábado 14 de mayo.

El sospechoso de la masacre es un hombre blanco de 18 años, quien mató a 10 personas durante un ataque premeditado en un supermercado ubicado en un barrio de la comunidad negra de la ciudad neoyorkina.

Los investigadores revelan que el agresor pasó meses planeando cuidadosamente el ataque y tenía la intención de continuar su arremetida con un ataque en un segundo lugar que ya había señalado.

En medio del luto, los llamados para que se haga justicia siguen aumentado. El lunes, el abogado de derechos civiles, Ben Crump, habló en la ciudad de Búfalo.

Benjamin Crump: “Lo que sucedió el sábado fue un acto de terrorismo racista, y tenemos que definirlo como tal. No podemos minimizarlo. No podemos tratar de justificarlo hablando de enfermedades mentales. No. Éste fue un acto de terrorismo doméstico perpetrado por un joven supremacista blanco”.

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Europa

La FAO distribuye papas de siembra en más de 17 mil hogoares rurales en Ucrania

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Roma, 18 may (EFE).- La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha distribuido patatas de siembra en más de 17.000 hogares de Ucrania, «con el objetivo de salvaguardar la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia de las familias rurales vulnerables» en un país arrasado tras casi tres meses de guerra.

En total se han entregado más de 800 toneladas de patatas de siembre durante la campaña, que afecta a 17.740 hogares de diez provincias ucranianas, con unas 46.000 personas, y que cuenta con el apoyo financiero de la Unión Europea (UE) y del Centro de Respuesta a Emergencias (CERF), explicó hoy la FAO en un comunicado.

«Es absolutamente crucial en este momento ayudar a los agricultores. A los grandes, pero también a los pequeños, y a las familias que se dedican a la agricultura de traspatio», aseguró Pierre Vauthier, responsable de la FAO para Ucrania.

«La agricultura es uno de los principales sectores de Ucrania y es importante para la seguridad alimentaria del país. También es una fuente clave de ingresos para los 12,6 millones de personas que viven en las zonas rurales, que constituyen casi un tercio de la población del país», añadió.

En total, en las últimas semanas se han entregado 862 toneladas de patatas de siembra a tiempo para la campaña de primavera, con el fin de garantizar que esta nutritiva fuente de alimentos pueda ser cosechada en septiembre.

Según explica la FAO, cada familia u hogar -compuesto por una media de 2,6 personas- recibe un kit con 50 kilogramos de patatas de siembra con un rendimiento previsto de unos 600 kilogramos de patatas.

«Gracias a nuestra cooperación con la FAO, hemos entregado 2,5 toneladas de patatas a la Comunidad Territorial Amalgamada de Rudkivska, en el oblast de Lvivska (oeste de Ucrania). Se trata de 50 hogares que acogen a desplazados internos», explicó Ihor Vuitsyk, Jefe de la Junta de la Cámara Agraria de Lviv, otro de los socios en esta campaña de la FAO.

También se han distribuido la campaña de distribución de patatas de siembra es Dnipropetrovska, en el centro y el este de Ucrania, donde 3.690 hogares han recibido los kits. Algunos de ellos se entregaron en 41 pueblos de la Comunidad Territorial Amalgamada de Verkhniodniprovska, cuyos residentes acogen a 2.685 desplazados internos.

«Algunas empresas cerraron, redujeron el personal o despidieron a gente. No podemos dar trabajo a la población local. Y tenemos que pensar en cómo alimentar a la gente este invierno», dijo Genadii Lebid, Jefe de la Comunidad Territorial Amalgamada de Verkhniodniprovska, quien señaló que, debido a los trastornos y la incertidumbre causados por el conflicto, la gente está muy ansiosa por plantar sus huertos y tener algo de comida para sus familias.

(c) Agencia EFE

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