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Con voz propia

A propósito de la Reforma Educativa

La reforma educativa no resolverá el problema de la formación y aprendizaje básicos en México pero arrebata el poder fáctico del SNTE

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Con una fortuna que podría superar los mil millones de pesos. Foto: red

Carta al Maestro

Emmanuel Ameth

Te escribo a ti, maestro, porque eres tú la pieza fundamental en la que recae la formación inicial de nuestros niños en México; son ellos nuestro mejor y tal vez el único activo a futuro, nuestra esperanza en el cambio. Los padres de familia te hemos confiado su educación si bien la responsabilidad es compartida. Así, en tus manos recae también su futuro y te pido, reconsideres la estrategia que estás tomando en este momento, siguiendo las órdenes de una líder que sólo ha sabido entretejer redes para protegerse a sí misma e incrementar su fortuna y privilegios: te hablo de tu representante Elba Esther Gordillo Morales.

Te recuerdo que Gordillo Morales, tu líder ‘moral’ y actual presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) no es aborrecida -como sus defensores argumentan- por una cultura machista que impera en nuestra sociedad y que en este espacio no negamos, sino que se hace por los excesos cometidos y que nos indignan a quienes con no otra herramienta que el esfuerzo y el trabajo duro, vemos como su cuestionable actuar le recompensa con una fortuna que podría superar los mil millones de pesos.

Sobra decir que la riqueza que posee no es producto del trabajo, sino de las negociaciones en lo oscurito, del chantaje, de la corrupción, de la impunidad y de un sinnúmero de actos carentes de toda ética sólo comparables con sus constantes muestras de ignorancia. No es distinta pues de Carlos Romero Deschamps, Napoleón Gómez Urrutia y tantos otros saqueadores que encuentran todas las facilidades para proliferar en nuestro país.

Es cierto que la Reforma Educativa no resolverá el problema estructural de la formación y aprendizaje básicos en México, pero arrebata a tu sindicato, el SNTE, el poder fáctico de decidir los cauces de la administración en la enseñanza que hacen de manera discrecional y las más de las veces, mezquina. Que el ingreso, permanencia y promoción de los trabajadores de la educación pase a manos de las autoridades tampoco es garantía de que mejore, sin embargo, parece que no podemos llegar más hondo de dónde ya nos encontramos. Al menos en los distintos niveles de gobierno la presión social obliga a mejorar los instrumentos de transparencia y acceso a la información, condición que su sindicato no adolece.

Tus cartas de presentación

No debe de extrañarles la visión que nuestra sociedad tiene de ustedes, al ser pieza fundamental de la solución -aunque también del problema- y donde los resultados de sus educandos hablan por sí mismos: el Informe del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes (PISA) ha dejado en claro que la educación en México es de mala calidad y no sólo eso, sino que empeora cuando en otras naciones hay avances. En las pruebas correspondientes para los periodos 2000 y 2003 se estuvo en el penúltimo lugar dentro del grupo de países pertenecientes a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) en los 3 rubros evaluables, a saber Matemática, Competencia de lectura y Ciencias naturales. En las posteriores -2006 y 2009- se estuvo en última posición. En matemáticas los alumnos ocupan el nivel más bajo en la escala: el número 1 de 5.

En las pruebas ENLACE correspondientes al 2012, el panorama de su desempeño también es magro. Tanto en Matemáticas como en Español, seis de cada diez estudiantes tienen conocimiento insuficiente/elemental a nivel primaria mientras que en secundaria el mismo nivel de conocimientos raquítico corresponde a 8 de 10 educandos. En Ciencias, siete por cada 10 estudiantes están en esta condición tanto en primaria como en secundaria. La peor educación se encuentra en Matemática a nivel secundaria, donde casi la mitad de los estudiantes tienen conocimiento elemental insuficiente.

Peor aún, el Examen Nacional de Habilidades y Conocimientos Docentes demostró que con un 3 de calificación, es suficiente para la obtención de una plaza. Un aspirante que alcanza 30 aciertos tiene el nivel de conocimientos promedio que los que ya imparten y no sólo eso, sino que cuando llegan a las escuelas son ‘temidos’ por venir mejor preparados que las generaciones anteriores. Sustentado temor el suyo.

Es cierto que el problema de la educación no parte exclusivamente del profesorado, sin embargo, de contar ustedes con las habilidades mínimas suficientes, serían capaces de mejorar estas condiciones. La Secretaría de Educación Pública por su parte, ha cumplido a secas con su rol. En materia de cobertura el porcentaje de estudiantes que no es absorbido en el sistema educativo nacional es muy reducido. México es también el segundo país que mayor proporción de su presupuesto destina a educación según la misma OCDE.

Comprendemos como sociedad el por qué se opongan a evaluaciones obligatorias en cuyo mérito se base tanto su ingreso y permanencia, como su promoción. Se oponen a una reforma educativa que en principio, les beneficia. Tú, maestro, no has sabido aprovechar los elementos con los que cuentas para tu propio crecimiento personal. El programa de Carrera Magisterial de hecho, es insostenible. Si sólo la mitad de ustedes estuviera comprometido con su oficio, en una década serían capaces de triplicar su sueldo real –independientemente de las negociaciones sindicales- y así, hacer que la inversión en educación pase de ser el 20 al 40% del presupuesto total de la federación, toda vez que 92 centavos de cada peso que se gasta en ese rubro, va destinado a sus salarios. La única razón por la que nadie ha levantado la voz sobre la inviabilidad financiera de este esquema, es porque quienes dictan las políticas subestiman tu capacidad al igual que lo haces tú mismo. Ustedes no tienen vocación y tampoco quieren capacitarse. La gran mayoría de ustedes se conforma con el aumento en su sueldo derivado de los decretos, es decir, que bajo el único mérito de no hacer nada, tu sueldo se duplique cada década en lugar de hacerlo crecer seis veces más en el mismo periodo.

Tu legado

No te entristezca que hoy en día, nadie quiera ser maestro ni seguir tu ejemplo, salvo el reducido grupo de pocas de sus amistades además de sus familias. El proyecto de vida de tus compañeros hasta ahora ha sido el de conseguir plaza –muchas veces mediante la compra de la misma- y a partir de allí, dejar de prepararse, pues su labor es ‘segura’ independientemente de sus resultados. Ustedes son los únicos trabajadores donde una vez dentro del sistema, dan por asentado su permanencia. Cierto es que se les brindan pocos elementos para actualizarse, pero esa condición no es exclusiva de su área laboral, con la diferencia de que si no se resuelve no hay ninguna certeza sobre el futuro en las demás labores.

Los catedráticos de Instituciones de Educación Media Superior y Superior son quienes se encargan de la re-educación de los estudiantes. El sistema de formación magisterial es una estructura ambigua que debes luchar por cambiar y profesionalizar. Si quienes se dedicaron a tu enseñanza y formación cuando eras estudiante ingresaron al magisterio luego de concluir la formación básica, ese círculo se desgastó y formó generaciones con insuficiencia pedagógica. Esas décadas de insuficiencia son las que siguen haciendo daño a los infantes de hoy. Sin embargo, comprendemos lo difícil que es cambiar una estructura así: entiéndase que no reclamamos tu falta de preparación –finalmente no eres culpable de que te dieran un documento que te validara como apto para impartir enseñanza básica- sino tus pocas ganas de querer superarte y sobre todo, tus mentiras.

Tu chantaje

Lo que más nos duele a los padres de familia no es el hecho de tus magros resultados en evaluaciones, la poca disposición a las capacitación o que nunca hayas luchado por reformar un sistema de formación magisterial que sólo generó círculos de mediocridad; nos laceran tus mentiras y tus chantajes, el uso de la presión y de la violencia para defender tus privilegios, la manipulación cínica que se aprovecha de aquellos a quienes enseñaste de manera insuficiente.

La educación no se privatizará y la Reforma Educativa no deja abierto ese espacio en la Constitución, siempre que la fracción cuarta del Artículo 3ro constitucional continúa destacando “Toda la educación que el Estado imparta, será gratuita”. La laicidad de esta continúa radicando en su fracción primera y se refuerza también con el Art. 24 Constitucional mientras que la obligatoriedad se encuentra precisada en su primer párrafo.

La autonomía de gestión de las escuelas en ningún momento significa que los padres de familia absorberán el costo de los salarios o de los servicios públicos –que son pagados por los gobiernos y se derivan de diversos convenios para afrontar su obligación si bien hay algunos ‘vivos’-. La partida presupuestaria de la Secretaría de Educación Pública Federal así como las de las estatales deben contemplar este gasto si bien a algunas autoridades se les hace fácil desviar este recurso. Por otro lado, la autonomía de gestión sí regularía las cuotas escolares, mismas que siempre se han dado para motivos distintos a los que suelen decirse e incluso, en ocasiones bajo la complicidad de las mesas directivas de padres de familia. Los gastos no esenciales de las escuelas podrían obtenerse de las cooperativas o bien, tendrían la libertad de celebrar convenios para cubrirlos. No se olvide sin embargo, que la gestión se puede realizar ante la misma SEP para que afronte sus obligaciones, en su caso.

Entendemos que su gremio se niegue al sometimiento de evaluaciones periódicas con la intención de asegurar su permanencia, pero por favor, dejen de mentirle a la sociedad, Bastante daño han hecho al país ustedes los que no se preparan, los que compraron su plaza, los que ingresaron por compadrazgo y hasta los que nunca se preocuparon por actualizarse. Comprendan que sus ingresos como cualquier servidor público, proviene del erario. Somos sus jefes y no estamos conformes con sus resultados. Ayúdenos a generalizar este mismo concepto para todos los trabajadores y funcionarios cuyo ingreso también dependa del erario.

 

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Jaime Sabines, un poeta menor

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Hace veintiún años, un 19 de marzo de 1999, dejó de existir el poeta mexicano Jaime Sabines (1926-1999), tiempo suficiente para que este articulista se atreva a tocar el tema sin lastimar a las obnubiladas mentes de afamados intelectuales, cuyo escándalo genuflexante y plañidero de aquel entonces hubiera podido trocarse en flamígero, particularmente a todo aquel que cuestionara la figura del chiapaneco.

         Pero vayamos por partes. Sabines nace en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, el 25 de marzo de 1926, procreado por un libanés emigrado. Se desarrolla alternativamente en dicho Estado y en la ciudad de México. Ingresa en la carrera de Medicina, pero la abandona para posteriormente estudiar Letras en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde logra concluir la licenciatura en Lengua y Literatura Española.

         Asimismo, hay que destacar su arribista labor política realizada. Para ello hay que apuntar que fue diputado federal por el estado de Chiapas de 1976 a 1979 y diputado en el Congreso de la Unión en 1988 por el Distrito Federal, hoy Ciudad de México. Todo lo cual bajo las siglas del antaño hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI), el mismo que gobernó al país cerca de 70 años bajo opresión y nefandos ilícitos, con lo cual sobran explicaciones respecto a la estatura ético-política de nuestro autor.

         Fue Premio Villaurrutia en 1973 y Premio Nacional de Literatura en 1983, entre otros galardones recibidos, curiosamente todos de carácter local y no internacional. Y más aún, fue objeto del mayor elogio a nivel nacional (o del mayor vituperio, según se vea), cuando se le calificó como uno de los más importantes poetas del país del siglo XX, por quien fuera el presidente de México en aquella época, el priísta Ernesto Zedillo, uno más de los corruptos expresidentes que posiblemente sean juzgados por el actual gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

         Así pues, entremos en materia. Para ello hay que subrayar que nadie podrá negar esa especie de espíritu paisanil que han detentado sobre todo algunos críticos literarios en cuanto abordan a ciertos escritores de valía aldeana. Juan Rulfo, Rosario Castellanos y otros más de esa índole se han visto ensalzados una y otra vez sin que se pruebe en su favor una pizca de calidad universal en sus obras.

          Autores como el que nos ocupa soslayan las facultades reflexivas de sus lectores para buscar con sus textos, única y exclusivamente, las reacciones emotivas más primarias de estos, dentro de un marco ajeno a la más elemental universalidad humana; no se procura que piensen, sino que sólo sientan y se regodeen en ese sentir estrecho y enajenante, banal.

         Castellanos y Rulfo, por ejemplo, con su indigenismo a ultranza —en donde el sustento maniqueo hizo de las suyas—, erigieron al indio en el personaje pobrecito pero bueno de historias desalmadas. O el propio Sabines con sus seudo versos a “Julito”, respecto a una anécdota familiar por demás intrascendente: “No se dice tota, se dice Coca-Cola”; con lo cual quiso decir algo profundo, deseo suponer, ¿o no?

         Mejor aún, el priísta Sabines ha subyugado a sus miles de fanáticos en virtud de que elimina de sus poemas todo indicio de tensión interpretativa. Es decir: hace a un lado el carácter multívoco del discurso poético (que admite varias lecturas); el cual es intrínseco del arte literario en sí. Amén de que su prosaísmo, por cierto, no guarda relación alguna con el lirismo incuestionable que llega a presentarse en el género narrativo con otros autores, en efecto.

         Al eliminar dicha multivocidad cancelará la capacidad reflexiva del lector; hecho que se hace necesario para estimular el plano afectivo-emocional de aquél. Con ello cristalizaría su objetivo: narcotizar al sujeto lector; pues nunca buscó despertar la conciencia crítica del individuo sobre sí mismo o acerca de su entorno, cual poeta menor.

         Comparemos las diferencias en los siguientes fragmentos, cuyo tema es el mismo en ambos: la oquedad ontológica, que otros prefieren denominar vacío existencial, con el fin de ilustrar con mayor claridad las aseveraciones ya referidas.

         Dice Sabines en su poema titulado “A estas horas aquí”:

Yo lo que quiero es que pase algo,

que muera de veras

o que de veras esté fastidiado,

o cuando menos que se caiga el techo

de mi casa un rato.

   En oposición, veamos al premio Nobel de Literatura Octavio Paz –siervo del PRI-Gobierno de manera explícita y un colérico anticomunista– con su poema “La caída”.

         Escribe Paz:

Me dejan tacto y ojos sólo niebla,

niebla de mí, mentira y espejismo:

¿qué soy, sino la sima en que me abismo,

y qué, si no el no ser, lo que me puebla?

    Evidentes las diferencias, ¿verdad? En conclusión, si no se modifica radicalmente esa óptica acrítica y autocomplaciente (sobre todo si el escritor se muestra incapaz de romper con localismos estériles o cursilerías intimistas de orden sensiblero) por parte de los estudiosos exquisitos, nuestra literatura continuará patética y ridícula. ¿No cree usted?

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Con voz propia

Graciela Hierro, cero en feminismo

Alberto Farfán

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Ética y feminismo

 Por Alberto Farfán

No cabe duda de que el feminismo es un tema vigente. Y aún más considerando que en los últimos meses ha cobrado gran envergadura por la serie de movimientos de mujeres, particularmente en América Latina, en aras de alcanzar una genuina igualdad de derechos y no sólo formal. Por ello decidí consultar a una feminista mexicana para que arrojara luz con respecto a los fundamentos que pudieran vertebrar los futuros movimientos de esta índole.

De una académica dedicada a la filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México se podrían esperar múltiples hallazgos y soluciones trascendentales en torno a la situación difícil que aún vive la mujer en sociedades como la nuestra, en oposición a esas otras feministas que se inscriben en disciplinas ubicadas a un gran margen de distancia de la señalada; inmersas en una reflexividad político-ideológica de difícil caracterización, estas últimas obedecen a un sexismo bastante estéril en sus resultados, pues carecen de cualquier rigor académico.

No obstante, pareciera que la firme convicción de quien esto escribe con respecto a mejorar las circunstancias de la mujer y de su consolidación en todos sentidos, necesariamente ha tenido que sufrir de una debacle intelectual, a consecuencia de habernos tropezado con libros como el de Ética y feminismo (UNAM) de la ya fallecida pero aún influyente Graciela Hierro, pues sus asertos sugerirán que la filosofía no es apta para las féminas.

Bajo una perspectiva ética, este libro establecerá las causas de la opresión femenina desde su origen, lo cual no es más que una descripción del fenómeno en que se intercalan observaciones de especialistas de otras materias; pero esta falta de rigor filosófico de Hierro habrá de modificarse cuando desarrolla su aparato teórico, despliegue meta-lingüístico, más que filosófico, que apuntará a soluciones inobjetables gracias a su carácter semántico, cuyo simplismo desembocará enfáticamente en las conclusiones a que llega al final.

Y así como encontramos la línea de análisis referente a la razón por la cual el varón ha tiranizado a la mujer en materia sexual: “las necesidades eróticas de las mujeres, buscando insaciablemente su satisfacción (sic), ponen en peligro la seguridad de la procreación y el abandono del cuidado de la prole”; también aparecerán curiosidades profundas como esta relativa a la equidad moral entre ambos sexos: “el argumento básico en contra de la imposición de la moralidad del más fuerte (el hombre) se centra en la idea de que ‘fuerte’ no es sinónimo de ‘sabio’, es decir de ‘bueno’.”

Pero como nuestra autora se propone, denodadamente, en crear una nueva ética de carácter normativo y genérico “capaz de fundamentar la moralidad de la condición femenina”, su enfoque filosófico denominado como “utilitario hedonista” la llevará a establecer aseveraciones como la siguiente:

“Para lograr el cambio efectivo de esta concepción del mundo (la patriarcal opresiva aún vigente), existe la necesidad de que se lleve a cabo la revolución copernicana de la educación femenina. Para ello es necesario que la reproducción deje de ser el sentido primordial de la vida de las mujeres, que se permita el reconocimiento de los intereses femeninos y se forme una nueva identidad femenina que constituya su ser auténtico.”

 Aquí el problema reside, en primer lugar, en saber pormenorizadamente cuál es ese “ser auténtico”, cuáles son esos “intereses femeninos” y cuál es esa “nueva identidad femenina” de que nos habla, pues sólo generaliza y nunca especifica. En segundo lugar, dicho problema se agrava aún más cuando ignoramos –por obvias razones– el cómo se logrará la cristalización de ese ser auténtico.

Peor aún, he aquí su imperativo categórico que toda mujer debe seguir fielmente para acabar con todo por lo cual emprende la lucha: “La idea central de la ética feminista –que espero haber probado– es la siguiente: La eliminación de la opresión femenina es el deber moral de las mujeres”. Cual si consigna en algún mitin, así concluye nuestra autora. Perfecto, ¿no? No. Patético.

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Arteleaks

Isabel Allende y su vulgar divertimento pro USA

Alberto Farfán

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                            El juego de Ripper 

 Por Alberto Farfán

Tiempo atrás, la escritora chilena Isabel Allende procuraba conferirles a sus libros de novelas y cuentos una óptica crítica con respecto al entorno y al ser mismo de sus personajes, poniendo en evidencia los aspectos negativos tanto políticos como sociales que los estructuraban, amén de los aspectos emocionales, por supuesto. En virtud de lo cual –cabe agregar–, quien esto escribe siempre catalogó a la literatura de Allende como impecable en todos sentidos, en oposición a la gran mayoría de críticos literarios que la descalificaban en América Latina.

Siguiéndola de cerca, debo reiterar que nunca faltó ese enfoque en sus obras, lo cual era de agradecer definitivamente. No obstante, sus últimas creaciones de ficción han dado un giro bastante abrumador, pues nuestra autora ahora sólo busca plasmar un banal divertimento que no conduce a ningún lado, sea desde un punto de vista estético-literario, filosófico o ideológico. Pero eso no le ha de importar a ella si, por el contrario, todos sus libros continúan alcanzando los grandes niveles de ventas a que está acostumbrada, quiero suponer.

El caso más paradigmático de lo referido lo podemos observar en una de sus novelas publicadas en estos últimos años: El juego de Ripper, en donde Isabel incursiona en el género policiaco para narrar la trayectoria de un asesino serial al que hay que ubicar y capturar antes de que continúe con su frenética espiral de violencia desencadenada.

Conociendo que el asunto policiaco no es lo suyo, la escritora confiesa en las páginas finales de su libro lo siguiente: “Este libro nació el 8 de enero de 2012 porque mi agente, Carmen Balcels, nos sugirió a Willie Gordon, mi marido, y a mí, que escribiéramos una historia de crimen a cuatro manos. Lo intentamos, pero a las veinticuatro horas fue evidente que el proyecto terminaría en divorcio, de modo que él se dedicó a lo suyo ─su sexta novela policial─ y yo me encerré a escribir a solas… Sin embargo, este libro no existiría sin Willie, él me ayudó con la estructura y el suspenso…”

Y en efecto, El juego de Ripper (Premio Libro de Oro, que se otorga en Uruguay por la cantidad elevada de ventas; con ediciones y reediciones en 2014, 2015, 2016, 2017) es un texto bien logrado como simple novela policial gracias a ese apoyo, pues logra sumergir al lector en los vericuetos propios de este género. Personajes en acción y ocultos, situaciones ambiguas o confusas, cambio de planos, todo lo cual conjugándose dará como resultado que el suspenso se mantenga in crescendo todo el tiempo según nos sumergimos en los incidentes relatados con gran maestría.

La trama es muy sencilla. Empiezan a surgir varios crímenes un tanto fuera de lo común en suelo norteamericano, que ningún policía logra conectar como propios de un sólo hombre. No obstante, a ciertos adolescentes, quienes integran un grupo para desarrollar un juego de rol vía internet (el juego de Ripper), les llama la atención estos crímenes y de inmediato se ponen a indagar por su cuenta para dar con el sujeto en cuestión, con la ventaja de que el padre de la líder de este juego es el policía investigador encargado del caso y debido a esto ella se hace de información de primera mano en todo momento, para alcanzar su objetivo al final de la historia.

Paralelamente al curso de la indagación policial, sin embargo, la escritora        –radicada en Estados Unidos desde hace años– omite cualquier rasgo de profundidad conforme avanzan los hechos, no hay cuestionamientos ni reflexiones sobre el entorno norteamericano en que se traza el hilo conductor, sino todo lo contrario.

Únicamente se busca vincular los homicidios y desenmarañar el entramado sangriento y cruel que se despliega, pero elogiando ciertos símbolos estadounidenses. Subraya que la policía de ese país puede equivocarse al buscar asesinos, pero no es corrupta ni abusa de su poder. Que los marinos norteamericanos se habrán excedido en sus funciones en latitudes extranjeras, pero que en su propio país son un dechado de virtudes, al grado de que el coprotagonista masculino y héroe de guerra militar logrará obtener una nueva insignia al final de la novela, siendo partícipe de la investigación. Que, en pocas palabras, el american way of life es una realidad total y más al contar con tan excelentes figuras policiaco-militares emanadas de cielo yankee.

Y nunca habla, por ejemplo, de que es en Estados Unidos donde prolifera el mayor número de serial killers; de que una cantidad importante de militares que retornan a su país después de haber actuado en cuestionables acciones de guerra sufren de problemas psico-emocionales y que los han llevado a agredir a la población; de que grandes hechos de discriminación –conocidos gracias a los mass media– los han protagonizado los policías anglosajones dentro de su propio país.

Así pues, corriendo ambas vertientes paralelamente a lo largo de El juego de Ripper que comentamos, la extensa novela (tiene 477 páginas) fluye vigorosa debido a la incuestionable capacidad narrativa de Isabel Allende, pero dejando en el camino una serie de aristas que bien pudo haber abordado para imprimirle un verdadero grado de literatura de corte universal, en vez de entregarnos un texto menor para la vulgar diversión del sujeto ocioso y, sobre todo, falto de asuntos trascendentales.

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