2 de octubre de 1968, no se olvida nunca

El 2 de octubre de 1968, en la Ciudad de México. Foto: chilando.com/archivo
El 2 de octubre de 1968, en la Ciudad de México. Foto: chilango.com/archivo

Juan Ramón Jiménez*

Ese día 2 de octubre, perdí a un amigo sinaloense, ingeniero químico, compañero de cuarto, en la Casa Estudiantil situada a un lado de la Volkswagen de Copilco y Avenida Universidad. Este escribidor era cajero principal de Banamex 241, localizada en la sección comercial de Ciudad Universitaria, cuando apenas había comunicado que se iba a casar en Culiacán.

El 68 nos tomó de sorpresa y desde el 18 de septiembre el ejército entraba a Ciudad Universitaria (CU). Era día de quincena y nos quedábamos hasta noche tratando de cerrar la jornada de pago a la UNAM. Estuvimos en la sucursal en lo más álgido de la “toma” de CU, vimos tropelías, matanzas, supimos de violaciones multitudinarias, (efectuadas en la alberca), de la tropa hacia mujeres estudiantes, maestras, investigadoras y trabajadoras, nuestras compañeras en Banamex empavorecidas, destrozos de automóviles, las tanquetas les pasaban encima, con bayonetas destrozaban llantas, vestidura, radiadores.

Empezaron los bombazos, pero para llevarse las cajas de seguridad de facultades e institutos, quisieron entrar al banco, que todavía tenía mucho dinero, pero los buenos oficios de Don Agustín Legorreta, director del Banco, impidieron momentáneamente el robo. Toda la red interna de Banamex, estaba al pendiente de nosotros. Como a las 12 de la noche, un jeep militar traía un salvoconducto para sacarnos de la oficina. Supimos que el dinero de la caja fuerte fue el pago de que saliéramos ilesos.

Al pasar frente a rectoría, vimos cómo estaban tirados boca abajo decenas de estudiantes. Estaba fría la noche y lloviznando, se los llevaban al Campo Militar No1, en la sucursal San Ángel, nos esperaban los ejecutivos principales del banco y decenas de compañeros de las sucursales cercanas. Fuimos recibidos como héroes, en los días posteriores supimos que la soldadesca se comieron los borregos de la Veterinaria, hicieron un destrozo increíble del campus, se robaron miles de cheques de pago de académicos y trabajadores. Los días posteriores serían una locura contable y de investigación para detectar en qué partes de la república se estaban cobrando estos cheques, supimos que muchos se estaban cobrando en la frontera, en Muzquiz, Coahuila, mi tierra natal.

Allá estaba asentado desde hace mucho un campo militar, el 14o regimiento de caballería, que había participado activamente en la toma de CU y en la matanza de Tlatelolco. Allá se cobraron muchos cheques, tuve que viajar de incógnito a darle seguimiento, al final toda la información se le entregaba a la tesorera de la UNAM, una excelente dama tabasqueña de nombre Carmen María Priego, para sacarme de la plaza y frente a amenazas encubiertas por el monto de lo robado, se me envió a un departamento de Dirección e Investigación de Mercados, que dirigía el economista tampiqueño Juan Thomé. Años después me enviarían a estudiar a Chicago una especialidad en banca con el gurú de aquel entonces George Kaufman. Al pasar los años, los daños emocionales se acentúan y se complican…

*El autor es periodista, economista y académico de la UNAM. Premio Nacional de Periodismo 2003 en México.

Guadalupe Lizárraga

Periodista independiente. Fundadora de Los Ángeles Press, servicio digital de noticias en español en Estados Unidos sobre derechos humanos, género, política y democracia. Autora de las investigaciones en formato de libro Desaparecidas de la morgue (Editorial Casa Fuerte, 2017) y El falso caso Wallace (Casa Fuerte, 2018) ambos distribuidos por Amazon.com

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