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Histórica marcha de la UAS en solidaridad con Ayotzinapa

En la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS) fue histórica la marcha de solidaridad e indignación por la masacre a normalistas de Ayotzinapa en Culiacán

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Marcha de los estudiantes de la UAS en Culiacán. Foto: Miguel Alonso Rivera

Marcha de los estudiantes de la UAS en Culiacán. Foto: Miguel Alonso Rivera

Muerte de girasoles alumbrando las conciencias

Una manifestación estudiantil histórica: La marcha de solidaridad e indignación por los 43 estudiantes víctimas de desapareción forzada de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero, no tiene precedentes en México y en este solar sinaloense, por el número de participantes, su impacto, alcance internacional, y el reclamo popular, unánime, de justicia y por mantener encendida una luz, que no puede extinguirse, con el anhelo de que los regresen con vida.

Miguel Alonso Rivera Bojórquez *

CULIACÁN, Sinaloa.- No existe peor simulación que aparentar que se lucha por la justicia cuando se es el verdadero culpable, no hay peor engaño que fingir que hay paz cuando vivimos en guerra.

No puede haber mayor hipocresía que la de la mentira del desarrollo y el progreso, cuando prevalecen el hambre y la desigualdad; cuando la salud y la educación resultan inaccesibles; cuando la pobreza es un negocio y en los horizontes no se observa esperanza alguna.

No hay nada más asqueroso que derramar lágrimas falsas y ponerse el disfraz de indignación en una pésima actuación, para después reír a carcajadas por el sufrimiento ajeno.

En la era de la información existe una vorágine de desinformación y un sentimiento de impotencia y confusión creciente en una sociedad lastimada.

Sin embargo, el pueblo, a pesar de ser bombardeado noche y día con engaños permanentes, en el fondo siempre sospecha, sabe, la verdad.

Sabe que la justicia es injusta para el desamparado, o solamente existe para el que tiene poder o dinero, o ambos. Quizás por eso, estudiantes en todo el país, han salido a las calles.

Es la prueba de que hay personas que sufren duelos auténticos que merecen respeto, llantos que salen de un dolor que está clavado en el alma, y de un hartazgo que produce irritación y un ánimo que es difícil contener ante burlas tan evidentes de simular respuestas inexistentes.

Nada de esto es nuevo y no se remite a un hecho, un abuso o una desgracia en particular.

Lo sucedido a los estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero, es la historia de un México sangriento, es el pasado y el presente que gritan con consternación:

“¿Qué futuro nos espera?”

"No somos todos, nos faltan 43": UAS Foto: Miguel Alonso Rivera

“No somos todos, nos faltan 43”: UAS Foto: Miguel Alonso Rivera

La muerte de un estudiante no es una muerte cualquiera

Ese coraje contra la atrocidad probablemente fue la musa del siempre joven y rebelde Juan Eulogio Guerra Aguiluz (1930-1982), poeta y ensayista inspirado, laureado y combativo,  creyente de la educación y abogado de las causas justas, cuando escribió estos versos que me diera a conocer el cronista Sergio Herrera y Cairo y que, parece, fueron escritos ayer y no hace casi medio siglo:

“La muerte de un estudiante

no es una muerte cualquiera,

es el paso de la luz

por el ojo de una estrella,

es muerte de girasoles

alumbrando las conciencias,

muerte de cristal de rocas

derramada por el cosmos,

muerte larga de colmenas

prolongándose en los ojos.

La muerte del estudiante

es mil veces más sentida

cuando esbirros del gobierno

con credencial de homicidas

-por un salario vale mierda-

van y les quitan sus vidas

ignorando en su ignorancia

que el estudiante que grita

está gritando por él

y por toda su familia,

exigiéndole al gobierno

para los pobres, ¡justicia!”

Rector de la UAS al frente de la marcha. Foto: Miguel Alonso Rivera

Rector de la UAS al frente de la marcha. Foto: Miguel Alonso Rivera

Luto por los estudiantes caídos de Ayotzinapa

La persecución y represión de estudiantes se ha escrito en repetidas ocasiones: uno de los hechos sangrientos que registra la historia de la Universidad Autónoma de Sinaloa es el asesinato de los estudiantes de preparatoria Juan de Dios Quiñónez y María Isabel Landeros, ultimados a balazos por cuerpos policiacos el 7 de abril de 1972, en el Edificio Central de la máxima casa de estudios.

Por eso, en este año, en el aniversario luctuoso por tal brutalidad, el hijo de ese poeta, rector de la UAS desde el 8 de junio de 2013, Doctor Juan Eulogio Guerra Liera, dio lectura a un fragmento del poema “Elegía para dos soles”, escrito por su padre.

En esa ocasión el rector dijo que no se debe admitir que la dignidad de los estudiantes se vea amenazada por la sinrazón, y destacó la importancia de la libertad, la justicia y la tolerancia.

”…dos varitas de nardo que caen al amanecer…” escribió sobre esta tragedia, hace cuatro décadas, Juan Eulogio “El Locho” Guerra Aguiluz, el poeta que amó como ninguno la casa rosalina, y cuyo busto se encuentra en la Rotonda de los Universitarios Ilustres desde el 16 de diciembre de 2011, en memoria a un hombre enamorado de la institución universitaria y de las letras, de esas que son realmente libres.

En expresión de su propio hijo, el ahora rector (2013-2017), su padre “liberaba sus demonios internos, plasmándolos a través de la palabra escrita. La cultura representaba para él un asunto de esencia y concebía la educación como una forma de transformar la conciencia de los hombres”.

El Doctor Víctor Antonio Corrales Burgueño describió a Guerra Aguiluz como el abogado que “defendió los intereses de obreros, campesinos, ferrocarrileros, tribus yaquis, colonos, vendedores ambulantes, trabajadores del volante, estudiantes y presos políticos, madres con hijos desaparecidos y movimientos a favor de los pueblos que buscaban su liberación …”.

En efecto, los historiadores afirman que Guerra Aguiluz fue un maestro que convivía mucho con sus alumnos y los veía como aire fresco, como esperanza de un mejor futuro para nuestro pueblo.

Inicio de la marcha de la UAS en solidaridad con Ayotzinapa. Foto: Miguel Alonso Rivera

Inicio de la marcha de la UAS en solidaridad con Ayotzinapa. Foto: Miguel Alonso Rivera

La luz del poeta ilumina el camino

La joven estudiante pakistaní Malala Yousafzai recibió el Premio Nobel de la Paz 2014 a principios de octubre. “Es verdad que la pluma es más fuerte que la espada, la educación asusta a aquellos que usan el terror”, dijo.

Ha vivido en carne propia las agresiones y las balas asesinas de los talibanes solamente por ser estudiante y ser mujer. Únicamente por tener el anhelo de estudiar.

Paradójicamente, unos días antes, a finales de septiembre, estudiantes de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa fueron agredidos por policías municipales de Iguala y Cocula.

43 estudiantes fueron detenidos y supuestamente entregados a integrantes del grupo delictivo Guerreros Unidos. Desde entonces, según la versión oficial, no se sabe nada del  paradero de los estudiantes.

“Desde el primer momento, esta casa rosalina ha manifestado su repudio a todo acto de violencia, más aun cuando se atenta contra la integridad y la vida de la juventud mexicana”, manifestó el rector de la UAS desde principios de octubre.

Después Guerra Liera, en su calidad de vicepresidente de la Asociación de Universidades Iberoamericanas de Posgrado (AUIP), que concentra a 185 instituciones de educación superior de 20 países de la región, propuso y firmó un pronunciamiento internacional que fue aprobado de manera unánime condenando este crimen contra estudiantes en México.

El texto fue firmado también, el 16 de octubre de 2014, en Barcelona, España, por el doctor Francisco González Lodeiro, presidente de la AUIP y Rector de la Universidad de Granada; y el director general de la AUIP, doctor Víctor Cruz Cardona.

El posicionamiento fue contundente y la movilización de estudiantes en Culiacán, Sinaloa, el 30 de octubre de 2014, fue histórica e impresionante.

La solidaridad con los padres y familiares de los 43 estudiantes desaparecidos de la Escuela Normal “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa fue absoluta. El asunto trasciende el espectro nacional y genera expresiones de la comunidad mundial.

La marcha de los universitarios fue encabezada por el rector de la UAS, obligado por su formación y la luz de su padre poeta: “con la desaparición de los 43 estudiantes, fueron secuestrados también la esperanza y el optimismo de un futuro mejor”, expresó.

 “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, fue el clamor insistente.

 “La inteligencia ha abandonado las aulas para tomar las calles y expresarse. La sociedad mexicana y las universidades del país se encuentran invadidas por la indignación y el coraje”, dijo el rector.

Mientras la educación tiene desgarradas las entrañas y se desangra con crueldad, el Presidente Enrique Peña Nieto promete no dejar “el menor resquicio para la impunidad en Ayotzinapa”.

Mientras, la decepción de los padres se transmite a una sociedad que desconfía de sus gobernantes. La percepción social sabe que fue el propio Estado quien, como tantas veces, fue el autor intelectual y material de la barbarie, por comisión y por omisión.

Los días pasan en un panorama nacional tétrico y desalentador, donde el pueblo ya juzgó y solamente clama justicia. Hay una luz que no se extingue por los estudiantes desaparecidos.

El pueblo clama por ese ideal de justicia que el poeta Guerra Aguiluz citaba en sus versos.

* Periodista miembro de La Crónica de Sinaloa, A.C.

 

E-mail: correo@miguelalonsorivera.com

Twitter: Miguel_A_Rivera

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Miguel Alonso Rivera Bojorquez

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Sara Sefchovich, ¿absurdo nivel Dios?

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

En rigor, ¿realmente alguien en su sano juicio se plantearía como un instrumento contundente para combatir o eliminar el flagelo del crimen organizado en su modalidad de narcotráfico el hecho de solicitar apoyo educacional o moral a las madres de los delincuentes? ¿Las progenitoras regañando a sus vástagos para que dejen el mal y se conviertan al bien?

La connotada escritora y periodista Elena Poniatowska en entrevista con Sara Sefchovich (1949), quien se ostenta como socióloga, escritora, historiadora, catedrática, investigadora, traductora, comentarista y conferencista,  y que además es autora de más de una docena de libros y diversos artículos en periódicos y revistas, toman como hilo conductor de la misma el leitmotiv de la última novela de Sefchovich, Demasiado odio: la importancia de las madres en su papel de correctoras de sus hijos delincuentes. No por nada el título de la conversación se llama “Sin la complicidad de las madres el narco bajaría” (La Jornada, 10/01/21). Y como aquí no se comenta la novela desde el punto de vista estético-literario, sino sobre el asunto central, quien esto escribe realizará lo propio.

Como bien se observa, estamos frente a dos intelectuales de nivel que deben de dominar el tema en cuestión. Y aquí nos dice la entrevistada los orígenes de su proposición:

“Publiqué una novela: Atrévete, propuesta hereje contra la violencia en México (2014), que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. En ese libro yo hacía una propuesta a las madres de familia de bajarle la violencia en México diciéndole a sus hijos que si querían robar, robaran, pero no violaran, no mataran, no maltrataran (sic). Para escribirlo, viajé por todo México, me reuní con grupos de madres a quienes preguntaba cómo veían esta situación y pedirles que ayudaran; que su trabajo como madres era impedir que sus hijos entraran al mundo del narcotráfico. Para mi sorpresa, en todos los grupos con los que me reuní durante casi dos años encontré que las madres no estaban dispuestas a sacrificar los beneficios que reciben de la delincuencia aun a costa de que pueden encarcelar y hasta matar a sus hijos”. Y cabe añadir, por cierto, que esta situación no es el gran descubrimiento de Sefchovich, pues ya era conocido.

Y al percatarse que su exhorto caía en el vacío por parte de las jefas de familia, indica lo siguiente: “Incluso se lo escribí al presidente (Andrés Manuel) López Obrador. Él mismo pidió ayuda a las madres de familia y recuerdo que le dije: ‘Nos equivocamos, señor presidente, las madres no están dispuestas a ayudar’.” Y en efecto, es de todos conocido que el presidente de México hizo este llamado públicamente en más de una ocasión.

Por supuesto que es un fenómeno demostrado que ciertas familias han incursionado en el narcomenudeo. E incluso a un grado mayor. Recordemos a Delia Patricia Bustos Buendía, quien no sólo recibía de sus hijas y yernos enormes cantidades de dinero y enseres, sino que era ella misma quien lidereaba a la organización criminal que se denominó el Cártel de Neza, siendo ella la temible Ma Baker. Extendió su poder en buena parte del valle de México, a sangre y fuego. Puso en jaque a la extinta Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos contra la Salud (FEADS), asesinando ministerios públicos federales e incluso a un alto funcionario de dicha dependencia, fiscalía perteneciente a la antigua Procuraduría General de la República (José Antonio Caporal, El cártel de Neza, 2012).

Evidentemente nos encontramos con un problema de orden multifactorial. Y todo indica, al parecer, que nuestra socióloga realizó su investigación de esa manera: vivió en Michoacán, Reynosa y en zonas de migrantes, donde abordaría “el deterioro del medio ambiente, el descuido, la ignorancia, la indiferencia, la corrupción… (Y) lo mismo me sucedió en otros países. Recorrí siete ciudades del mundo para hacer un paralelismo entre el narcotráfico y el terrorismo y también me encontré con madres de familia que solapan a sus hijos”. Y no obstante su amplio y diverso estudio llegó a la misma conclusión.

Inmutable, tropezándose una y otra vez con la complicidad materna, reitera: “Yo pensaba que las madres podían ayudar a que sus hijos aprendieran a vivir de otra manera, pero después de escribir adquirí la certeza de que no quieren cambiar… Ese es mi tema: la complicidad de las madres y la de los familiares. Estoy convencida que sin ella bajaría el narcotráfico y el terrorismo”.

No obstante, al final Sefchovich apunta sobre el origen de todo ello: “Las carencias rigen nuestro funcionamiento social. Cuando una familia descubre que puede vivir mejor, es lógico que acepte dádivas. No sólo en México, en todos los países hay narco”. Pero bajo la lógica simplista de la pobreza significaría que miles de mexicanos en situación de miseria todos serían narcomenudistas. Y esto no es así.

 Resulta francamente impensable que una académica como Sefchovich reduzca de manera absurda el grave asunto del narcotráfico a la complicidad de madres e hijos viviendo en la pobreza. Y que Poniatowska no la haya cuestionado en su enfoque al entrevistarla. Lamentablemente ya no hablamos de un binomio, como nos quiere indicar nuestra socióloga, sino de una unidad. Existen familias enteras que participan en el narcomenudeo, desde el abuelo hasta los nietos. Basta revisar la nota roja de cualquier periódico para comprobarlo.

 Por lo tanto, ningún llamado a la congruencia moral dirigido a las madres o familiares del narcomenudista va a funcionar de manera alguna. Existe tal descomposición social que hasta suben fotografías en redes sociales luciendo armas y dinero como parte de su inserción a un grupo criminal. No, en lo absoluto es una solución.

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Vicente Huidobro y su vorágine amorosa

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán

Voz reveladora, amorosa, introspectiva, luminosa o profética en ocasiones; mas voz incendiaria siempre, surgió y se inmortalizaría en un mes como éste. Por lo que no pecaríamos de exagerados si a enero se le considerara como el mes de la poesía, la más perfecta poesía del mayor poeta latinoamericano. Coincidencia paradojal o resultado de la prisión de su trágica busca: el chileno Vicente Huidobro nace el 10 de enero de 1893 y muere un 2 de enero de 1948.

Existe un número importante de estudios acerca de su obra, no obstante, poco se conoce de los demonios internos del autor de los excelsos poemas largos Altazor y Temblor de cielo, y menos aún de los relativos a su afán amoroso. Los cuales acaso nos revelarían el perfil verdadero de su espíritu trágico.

Siguiendo la biografía escrita por el abogado y también poeta Volodia Teitelboim, Huidobro, la marcha infinita (Editorial Hermes), nos encontramos con una serie de datos nada favorables para el padre del Creacionismo y del precursor de las vanguardias estéticas, de la primera mitad del siglo XX, en América Latina y en Europa, pero que esclarecen el vertiginoso devenir afectivo a que se entregó.

Pareciera que Huidobro se despedaza cayendo al abismo, en avidez de las alturas literarias y amorosas. Una sola cúspide que confiere inmortalidad y sobre la cual girarían aquellas aristas circundantes de la condición humana. Propias de los demás, pero también intrínsecas a él y a todas luces mundanas, banales, de suyo ordinarias. 

De familia acaudalada, a los 19 años el poeta chileno contrae nupcias con Manuela Portales Bello, quien además de pertenecer a su círculo social es sumamente atractiva. A pesar de su carácter introvertido, sería ella quien lo impulsó a publicar sus primeros libros. Sólo que ella tuvo que pagar muy caro su estadía en ese matrimonio con Huidobro. 

Y es que Manuela además de soportar las continuas infidelidades de su esposo también tuvo que sobrellevar con grandes dificultades el definitivo abandono del poeta al final de su relación años después. En efecto, Huidobro la redujo de compañera afectiva e intelectual a sombra de sí misma, proceso que repetiría con sus demás parejas.

Teresa Wilms Montt, nacida en Chile, fue una escritora y precursora del feminismo. No sólo fue notoria por su espléndida belleza y por ser considerada la poetisa del momento, sino también por su postura rebelde frente a los valores hipócritas de la élite burguesa en que vivía. Debido a lo cual su familia la internaría por la fuerza en un convento como represalia a sus posturas. 

No obstante, sería su gran amigo Vicente Huidobro quien la rescataría para fugarse a la Argentina con él. Así, nuestro poeta viviría un affaire con ella a sus 23 años. De la misma edad y similar al poeta en su afán de ser el centro de atracción, pero además por comulgar de la misma manera en torno a los cuestionamientos acerca del establishment de la época que realizaban ambos, Teresa sucumbiría a su destino ya sin Huidobro a su lado. Su inestabilidad y su nula capacidad de adaptación la conducirían a la muerte mucho tiempo después, suicidándose. 

Ximena Amunátegui también era hermosa, culta y pertenecía a la alta sociedad. Tenía 16 años y Huidobro 33. Por ella nuestro poeta dejaría a su esposa Manuela y a sus hijos. Ximena fue quien le inspiró los versos más cálidos y elevados en torno al amor, tanto en el canto II de Altazor como en todo Temblor de cielo, los cuales cristalizarían en todo su esplendor, según apunta nuestro biógrafo consultado.

Pero la historia se reprodujo años después. Cual paradoja atroz. Sólo que Ximena no emularía a Manuela en la obligatoria y abnegada fidelidad femenina de la época. Golpe terrible y demoledor, Ximena rompe con Huidobro para casarse con uno de los admiradores del poeta. Aislada y fungiendo como secretaria de Huidobro, callándose infidelidades del hombre que más admiraba, Ximena tuvo la oportunidad de reencontrarse y emerger con luz propia.

Lastimado y confuso, prácticamente devastado, Huidobro trabaría contacto con la poetisa chilena Raquel Señoret. De las mismas características que las mujeres anteriores, Raquel se uniría al poeta hasta la prematura muerte de éste. Con casi 30 años de diferencia, Huidobro intentó hacer feliz a su joven pareja, pero sin poder olvidar a su amadísima Ximena. Raquel al igual que Manuela sufrirían penurias económicas cuando Huidobro faltó.

Vicente Huidobro eclipsaba con gran fuerza a las mujeres que más le amaron, al grado de arrojarlas a la nada de manera avasalladora. Ninguna de ellas fue capaz de cumplir con la máxima del escritor ruso Dostoyevski: salvarlo incluso a pesar de sí mismo. Porque acaso no tenía salvación.

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Norman Mailer, un autor más que necesario hoy en día

Alberto Farfán

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Por Alberto Farfán 

Novelista, periodista, ensayista, e incluso cineasta, Norman Mailer (1923-2007) fue el último descendiente de una tradición genuinamente norteamericana: el heredero directo de un linaje que también dio a Jack London y a Ernest Hemingway, entre otros. Un hombre que confrontaría a sus propios demonios como si fueran los de todos sus contemporáneos, horadando a esa sociedad que los engendraría.

Nacido en Long Branch, New Jersey, en 1923, en el seno de una familia judía, pasó la adolescencia en Brooklyn y se diplomó en Mecánica Aeronáutica en Harvard en 1943. Reclutado por la Armada en 1944, luchó en el frente del Pacífico, una experiencia que plasmaría en Los desnudos y los muertos (1948), probablemente uno de los mejores libros sobre la Segunda Guerra Mundial y tal vez su mejor novela. 

En virtud de la favorable acogida de esta obra, Mailer alcanzaría la fama y pasó a formar parte de la pléyade junto con Truman Capote, John Updike, Saul Bellow, Philip Roth, generación que sería considerada la vanguardia de las letras estadounidenses.

En 1951 publicó Costa bárbara y en 1955 El parque de los ciervos, novelas que no alcanzaron el nivel a que había llegado. Y acaso por ello, se refugia en el periodismo, fundando el semanario neoyorquino The Village Voice, donde publicó en 1956 su célebre reportaje “El negro blanco: reflexiones superficiales sobre el hipster“, un ensayo incendiario con una peculiar visión sobre el racismo y una exaltación de la violencia. Y al tiempo que apoyaba a Kennedy y cuestionaba la Guerra de Vietnam, Mailer se iba transformando en la voz más exacerbada de la contracultura norteamericana.

Redactados en una prosa subversiva y delirante, sus textos sobre las convenciones demócratas y republicanas de finales de los 50 y comienzos de los 60 (recogidas, en parte, en Los papeles presidenciales), y el reportaje sobre la marcha pacifista sobre el Pentágono (Los ejércitos de la noche, 1967) le convirtieron –en palabras de Robert Lowell– en “el mejor periodista de América”.

Y en el terreno privado, nuestro autor era congruente con su posición anti-statu quo. Tuvo nueve hijos, seis matrimonios, pugnas por pensiones de divorcio y una agitada trayectoria conyugal, que culminaría en 1960 con el apuñalamiento de su segunda esposa, Adele Morales, durante una borrachera de órdago. La agresión se saldaría con una breve visita del escritor a un hospital psiquiátrico y con un libro escrito por la ex de Mailer en 1997, La última fiesta.

A comienzos de los 70, Mailer realizó algunas películas experimentales (la más conocida es Maidstone), pero en el cine tuvo tan poco éxito como en su carrera política. Se presentó varias veces a la alcaldía de Nueva York y confesó (en A’dvertisements for Myself’) que en varias ocasiones se había presentado como candidato a presidente “en la intimidad de mi mente”. Pero Mailer de algún modo destacaba más en la televisión y en las apariciones públicas, donde mantuvo sonadas disputas con otros colegas de profesión.

En 1958 desafió a una pelea a puñetazos al novelista William Styron (de quien ya hemos hablado aquí en Los Ángeles Press) por una supuesta burla que éste había hecho de su segunda esposa. No obstante, en 1971 la violencia no se pudo impedir con Gore Vidal, a quien agredió públicamente porque lo había comparado con Charles Manson.              

Pero la más memorable de sus relaciones conflictivas –mantenida a lo largo de décadas– fue la relación de amor-odio con Truman Capote, uno de los pocos escritores a quienes Mailer respetaba y con quien mantuvo coléricas polémicas prácticamente por cualquier cosa: desde Kerouac y los beatnik (a quienes Capote despreciaba) hasta La canción del verdugo (1979), la monumental novela por la que Mailer ganó por segunda vez el Pulitzer. Basada en la vida del asesino Gary Gilmore y redactada en forma de reportaje de investigación, el libro demuestra la influencia del nuevo periodismo y sobre todo de la obra maestra de Capote, A sangre fría.

Eterno candidato al Nobel durante varias décadas, su fama de provocador nato lo alejaron siempre de las listas de galardonados. Macho-alfa intransigente, profeta aficionado, bufón a ratos, intelectual de pura raza, Mailer quiso ser y fue toda su vida un agitador de conciencias, la encarnación misma de la incorrección política: una piedra de escándalo para el feminismo rampante y una afrenta viva para varios presidentes, de Johnson a Bush Jr., pasando por Nixon y Carter.

Autor de más de una docena de libros, centenares de columnas, artículos y reseñas, hicieron época su defensa dostoyevskiana de American Psycho (extraordinaria novela de gran envergadura escrita por Bret Easton Ellis) y su ataque descarnado contra Tom Wolfe. En 1983 publicó Noches de la antigüedad, una ambiciosa y voluminosa novela sobre el Antiguo Egipto, que incluye cuatro reencarnaciones de un personaje, y en 1991, El fantasma de Harlot, una novela no menos voluminosa y ambiciosa acerca del funcionamiento interno de la CIA.

Crítico a ultranza de su entorno y del establishment; cuyo discurso honesto delirante hacía temblar a más de uno, Norman Mailer –en última instancia– puso de relieve las aristas de la oscura condición humana, que sólo contados escritores tienen la facultad y el arrojo de llevarlo a cabo hasta sus últimas consecuencias. No por nada en sus últimos libros se atrevió a poner en perspectiva a Cristo, a Hitler y al mismísimo Satanás, que acaso él consideraba a su nivel. Un hombre así, en definitiva, es lo que se requiere hoy en día si consideramos los nuevos condicionamientos ideológico-sociales que se pretenden imponer a través del poder en muchos de nuestros países.

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