
Henrique Capriles, candidato de la derecha en Venezuela, a quien se denuncia de tener apoyo de Barak Obama Foto: red
Pedro Calzada*
Éste es un país de guerreros. Poca es la ayuda externa que hemos necesitado a lo largo de nuestra historia para matarnos entre nosotros. Ya Vallenilla Lanz en su tristemente célebre, pero brillante libro “Cesarismo Democrático“, insistía en el carácter de guerra civil que en realidad tuvo nuestra guerra de independencia: Unos venezolanos prefirieron defender al Rey de España porque en fin de cuentas, quienes los explotaba y esclavizaba no era aquel rey lejano, sino los hacendados criollos. y otros –precisamente los hacendados-, los dueños de la tierra y de la sangre, querían deshacerse del tutelaje de aquel rey. A excepción de unos cuantos miles de peninsulares, en aquella guerra participaron mayoritariamente venezolanos enfrentados entre sí.
Luego, durante el S. XIX vino una larga lista de “revoluciones“ con nombres pintorescos y no por último, la Guerra Federal que lejos de pacificar al país, fue seguida de otros tantos levantamientos y asonadas. Se levantó el Mocho Hernández, murió Crespo en La Mata Carmelera, bajaron los andinos con Castro a la cabeza, se alzó el banquero Matos con el apoyo abierto del Departamento de Estado de los gringos. Y pare usted de contar, hasta que a mediados del S. XX, los mas valiosos jóvenes venezolanos rindieron su vida luchando contra los adecos de Rómulo Betancourt.
Han pasado varias décadas de relativa paz, la guerra se hizo mediática y los restos de la guerrilla que a decir verdad nunca terminó de extinguirse pese a masacres tan evidentes como la de Cantaura, fueron adecuadamente invisibilizados por el sistema. No pretendo olvidar hechos trascendentales como el llamado “Caracazo“, o el levantamiento del 4 de febrero de 1992. Me limito a señalar que al menos desde el primer gobierno de Rafael Caldera, la inmensa mayoría de los venezolanos no hemos vuelto a estar inmersos en una verdadera guerra civil. Debe ser por eso que hoy es poca la gente que puede percibir el peligro que vuelve a insinuarse en el horizonte de nuestra historia.
La publicación hecha por David de Lima de un documento donde se traza con precisión el programa económico impuesto a Capriles desde la MUD, ha puesto sobre la mesa una posibilidad real de guerra civil, toda vez que fuera de gritar improperios contra el infidente personaje, que dicho sea de paso tiene un impecable hoja de servicios en el campo del “escualidismo“, nadie ha desmentido ni la autenticidad ni la validez del contenido de dicho documento, en el que se trazan las líneas maestras de un programa económico calcado del consenso de Washington, tal cual el paquetazo de Carlos Andrés Pérez que fue el detonante del “caracazo“
Es evidente que quien, de llegar al poder se atrevería a desmontar todo el andamiaje de beneficios sociales que hemos ido construyendo en estos años junto al Comandante Chávez, se atreverá igualmente a intentarlo mas allá de una derrota electoral de la que a estas alturas nadie duda. ¿Medios?... Le sobran. Ahí está Uribe, siempre dispuesto a mandarnos el regalo de sus paramilitares y está la fuente inagotable de recursos del Imperio que es en definitiva el gran actor de este juego y el posible beneficiario, que busca afanosamente la posesión de la mayor reserva de petróleo que hay hoy en día en este mundo.
Aptitudes tampoco le faltan a Capriles para el cargo de traidor a la patria. Ya lo vimos el año 2002 invadiendo la embajada de Cuba. En fin de cuentas para cualquier neoliberal orgánico –y Capriles lo es– eso de la patria es un arcaísmo despreciable, propio de gente poco recomendable, aunque de momento tenga que calarse una gorrita tricolor, así sea solo para provocar al Consejo Nacional Electoral. Para un neoliberal orgánico, el sujeto histórico no es el ser humano sino la mercancía. El estado debe llevarse a la mínima expresión posible. El mundo debe ser puesto bajo la conducción del capital privado, principalmente el financiero y la gente, esa gentecita de a pie que apenas produce lo que consume y muchas veces menos (es decir, las dos terceras partes de la humanidad), mas vale que terminen de morirse. Henry Kissinger los llamó “estómagos inútiles“.
Mi historia es producto de una guerra civil que no viví –la española (1936-1939)– y se de sobra que así como sin Hitler, Franco no hubiera triunfado, sin Obama tampoco Capriles tendría chance alguna, pero desgraciadamente, este personaje en su estulticia le resulta cómodo a los gringos y además por el apellido, es candidato a la solidaridad del sionismo internacional. Ése es el enemigo que verdaderamente tenemos que derrotar y no sólo el guiñapo que se sube a las tarimas para amenazarnos con comerse una cabeza de “soapara“. ¡Pónganse las alpargatas, que lo que viene es joropo!... ¿o se dice joporo?
se.oohaynull@031193pjac
*El autor es colaborador de Barómetro Internacional







30 de agosto del 2012
Con voz propia, Latinoamérica