Trump desconoce el principio universal del interés superior de la niñez

 

Raúl Ramírez Baena

Estoy seguro que Donald Trump no conoce sus propios límites. Con la política de Cero Tolerancia impuesta a la inmigración indocumentada, que afecta principalmente a mexicanos y centroamericanos, el Departamento de Seguridad Interior, por conducto de la Oficina de Inmigración y Aduanas (ICE por sus siglas en inglés), separa a padres indocumentados de sus hijos como una forma de disuadir la llegada de más migrantes, para después ser deportados, en tanto que sus hijos menores –muchos de ellos nacidos en los EUA- son enviados a los centros de asistencia, no sin antes ingresarlos a los Centros de Detención del ICE, encerrados con cercos de malla como jaulas grandes, lo que ha indignado y unido a la gente… en contra de Trump.

No es la primera vez que el gobierno estadounidense separa a familias. Según el African American Research Collaborative, hubo al menos dos períodos más durante los cuales se tomaron medidas similares. “Hasta 1865 se arrancó a los niños afroamericanos de sus padres” para vender a las madres y a los menores como esclavos. Y revela que de 1870 a 1970 fueron separados los niños indígenas americanos de sus padres.

En esta ocasión, la revelación de imágenes y de un audio con el llanto desgarrador de niños centroamericanos implorando por sus padres, encerrados en esos cercos de malla con luces cegadoras las 24 horas, cimbró a la sociedad estadounidense y mundial.

Derivado de ello, destacan los videos mostrados en las redes sociales sobre el repudio a Kirstjen Nielsen, titular del Departamento de Seguridad Interior (Homeland Security), quien fue materialmente corrida de un restaurante de comida mexicana en Washington, donde espontáneamente los comensales comenzaron a reclamarle por la separación de los menores de sus padres indocumentados.

Por lo mismo, echan a Sarah Sanders y a su familia, vocera de Donald Trump, de un restaurante en Virginia.

Otra escena destacable fue la acción popular y de activistas pro migrante en McAllen, Texas, donde un autobús que trasladaba a menores indocumentados fue detenido y obligado a regresar al Centro de Detención.

Una más fue la reacción de la presentadora de televisión de la MSNBC, Rachel Maddow, quien rompió en llanto al dar la noticia sobre el dolor de los niños separados de sus padres.

Y para rematar, la Revista TIME hace una fotocomposición en su última portada mostrando a un niño hondureño de 2 años separado de sus padres indocumentados, llorando, de frente a la figura de un soberbio Donald Trump, en un fondo rojo.

Congresistas y senadores hasta del partido Republicano protestaron por estas acciones. Pero el mundo se le vino encima a Trump cuando su esposa, Melanie Trump, afirmó que los EUA debe ser un país que respete las leyes, pero también “que gobierne con el corazón”, e hizo un llamado público a su esposo para acabar con la política de separación de los menores y sus padres indocumentados. Además, Trump dijo a la Conferencia Republicana de la Cámara que su hija Ivanka se le acercó y le dijo: “Papi, ¿qué estamos haciendo al respecto?”.

Algo que difícilmente entiende Donald Trump y la clase política y financiera que lo apoya, es que el pueblo de los Estados Unidos respeta y protege a las niñas y niños, aún inmigrantes, que en este país sus derechos son sagrados e intocables.

A pesar de haber firmado la orden ejecutiva para revertir la separación de menores de sus padres más no para anular la política de redadas en los centros laborales, de Cero Tolerancia y las deportaciones masivas fulminantes, la visión totalitaria de Trump, de corte fascista, opuesta al liberalismo y a la democracia, aplasta los sagrados principios que dieron origen a la Unión Americana, que son la esencia de esta gran nación que, históricamente, al margen de las costosas y fratricidas guerras y Golpes de Estado que ha promovido, ha dado mucho a la humanidad en cuanto a las ciencias, las artes y el deporte, particularmente en el Siglo XX.

En el contexto de la crítica mundial a Trump, de manera unilateral, el 19 de junio pasado decide que los EUA abandonen el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, mostrando su soberbia, intolerancia y menosprecio a los derechos humanos y a la paz mundial.

No en vano los EUA no reconocen la “Convención sobre los Derechos del Niño” y la “Convencional Internacional sobre los Derechos de Todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familiares”, ambos de la ONU; difícilmente aplica el derecho de asilo y refugio a personas que huyen de la extrema violencia en sus países de origen, como tampoco reconocen en su política migratoria el principio universal sobre el “interés superior de la niñez”.

Y como ya es costumbre, lamentable la tibia y tardía respuesta de la Cancillería mexicana.

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