Romayne Wheeler: 50 conciertos para el pueblo Tarahumara

26 de Mayo del 2017

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El artista Romayne Wheeler, en homenaje a la cultura Rarámuri. Foto: Dianeth Pérez Arreola

Por Dianeth Pérez Arreola

Amanece en Barrancas del Cobre. El cielo pasa del celeste al rosado intenso; los pájaros dan la bienvenida al nuevo día con sus trinos. Romayne Wheeler  traduce la belleza de este rincón del mundo, en música desde hace 25 años.

Nacido en California en 1942, este americano se mudó a Sonora con sus padres, misioneros de Naciones Unidas, quienes construyeron una clínica para la comunidad de los Yaquis. Fascinado con la naturaleza de la región, prometió volver cuando a los 18 años se fue al Conservatorio de Viena a estudiar piano y composición. Pasó ahí 32 años de su vida, hasta que animado por sus maestros, decidió estudiar la música nativa del norte del continente.

Un reportaje en la revista National Geographic sobre los tarahumaras y Barrancas del Cobre, cambió su vida. “Esas fotos me abrieron los ojos. Tenía que ir ahí y usar mi español, pues después de tantos años hablando alemán en Viena, ya se me había hecho chicharrón la lengua”, bromea Wheeler.

El pianista, compositor, poeta y pintor adoptó hace años como propios las tradicionales camisas y los huaraches de la comunidad tarahumara. La siguiente entrevista fue hecha antes de su presentación en Leiden, Países Bajos.

Por qué eligió la Sierra Tarahumara para vivir después de haber visto muchos lugares del mundo?

Fue como regresar a casa después de tantos años;  esos años de la niñez nadie te los puede quitar, ese calor humano  con el cual siempre he sido acogido en Latinoamérica, y en especial en México, eso me calentó el alma.

En los ochenta, iba cada año,  hasta el 1992 que decidí quedarme. Iba por varios meses y vivía en una cueva con una familia Rarámuri y tenía yo un piano solar que era una novedad en esos años, y podía así mantener mi técnica y componer en el lugar más aislado del mundo. Este año celebro 25 años de habitante permanente. Regresaba siempre a Viena, ahí viví 32 años.

La historia de cómo hizo llegar finalmente su piano hasta la Sierra, es bastante singular…

El New York Times hizo una historia sobre eso. Nos tardamos 28 horas del último pueblo hasta mi casa en la sierra Tarahumara; el piano iba en un camión de volteo, entre colchones y dos toneladas de papas a cada lado para que no se cayera. Las papas fueron un donativo para mi comunidad, y varios Rarámuris me ayudaron a bajarlo y cargarlo hasta su destino.  

El piano es un Steinway and Sons de 1917, que pertenecía al Teatro Degollado de Guadalajara y había sido tocado por Arthur Rubenstein y Claudio Arrau. Ahora está en la sala de la casa de piedra de Wheeler, un amplio espacio rodeado de ventanales con una espléndida vista a Barrancas del Cobre.

Desde el año 2000 tiene su propia fundación para ayudar a la comunidad, ¿qué es lo que hacen?

Es una asociación civil. Tenemos problemas graves de salud en la sierra, por la falta de agua y otros problemas, la mitad de los niños fallece antes de los 10 años. No podía pensar solo en mí y dedicarme a componer, porque la idea era llegar a la edad de la pensión y dedicarme nada más a componer música sin interrupción, pero vi que la música no debería estar solo en el congelador, había que compartirla y que mejor que ayudando y poder hacer una clínica, una escuela, ayudar a tener agua en las comunidades y así han sido los años más activos y alegres de mi vida.

Este año celebra 50 años de conciertos…

Los países que más frecuento, de entre los 52 países que mi vida ha tocado a través de la música, son en Europa: Holanda, Francia, Suiza, Italia, Austria y Alemania.

Este año como celebro 50 años de conciertos, he estado en gira desde febrero, el Tecnológico de Monterrey me envió  a nueve planteles en todo el país; toqué también en Los Cabos, y en el Cetys en Mexicali. Eso fue en febrero y salí en marzo a Europa. Ahora solo quedan dos semanas en España, dos semanas en Austria, dos semanas en Alemania y dos en California antes de regresar a la sierra en agosto. En otoño hay también algunos conciertos en Estados Unidos y en México.

Ofrezco de 25 a 30 conciertos cada año en Europa, y ahorramos en todo lo posible para que todos los ingresos vayan a la asociación. Yo solo vivo de la venta de mis discos. Tengo un equipo de personas en cada país, gente altruista que nos ayuda con la organización y la publicidad de los conciertos.

Como estadounidense, ¿es frecuente que en los países que visita le mencionen el tema de Donald Trump?

Yo soy residente mexicano desde  hace mucho tiempo, y sí, mucha gente pregunta eso  aunque yo no soy el típico gringo por tantos años que he vivido afuera. Ése es un fenómeno que yo no me lo esperaba para nada, no sabía que había tanta gente loca en el país que pudiera votar por él, por una persona que no está preparada para una posición tan importante.

 Ha sido motivo de preocupación, tengo la esperanza de que sus acciones lo lleven a dimitir o a ser desaforado aunque tampoco tenemos nada bueno con que reemplazarlo. Trato de ver siempre el lado positivo y confío que al final de cuentas las cosas se compongan y se vea un mejor futuro.

¿Y qué ve para su futuro?

Por lo que Dios me dé de vida, yo seguiré en México. Tengo un ahijado -Romeyno Gutiérrez Luna- que es el primer Rarámuri que toca el piano, es pianista y compositor profesional, ya hizo sus estudios en conservatorio, ahora está en la Universidad de Chihuahua haciendo licenciatura. Se casó con una de nuestras enfermeras que estudió con nuestro programa de becas. Más de  300 jóvenes estudiaron con nuestro programa de becas y tienen una hija de 6 años que ya toca un poquito el piano. Seguramente él seguirá mi camino, ya me ha acompañado a un par de giras, ahora está haciendo estudios y no lo quise distraer para que haga sus exámenes.

Soy feliz en mi casa, con la comunidad que he adoptado como mi familia. Compongo piezas inspiradas en la música de los Tarahumaras y música inspirada por la naturaleza. Desde este año comencé a hacer un ciclo dedicado a las flores. Cada flor tiene su propio pulso, su propio aroma, su propia belleza y lo trato de captar con la música.

También los ojos de los niños, ahí hay todo un universo para captar; esa belleza, esa pureza. Tengo también música dedicada a los tiempos del día, de cómo nuestro creador va pintando las montañas al amanecer, acabo de escribir una tocata que se llama Aurora y ahora la incluyo en el repertorio después de tres meses de estar ensayando de las 4 a las 8 de la mañana en la sierra, porque es el único tiempo donde mis vecinos no me vienen a visitar para tomar café, pues tengo 485 familias que son mis vecinos en la barranca.

“Estando en la Sierra y viendo lo hermoso de la naturaleza sentí que yo estaba naciendo de nuevo, que mi vida tenía sentido y estoy muy conmovido con la belleza que me rodea”, concluye  Wheeler, quien transmite ese sentimiento de vida plena que ha encontrado con los Rarámuris tanto a través de la elocuencia de sus palabras, como a través de la intensa mirada de sus ojos azules.

Quien desee donar al Fondo de Ayuda Tarahumara, lo puede hacer a la cuenta de la asociación

  SCOTIABANK, Cuenta 00106014402

CLABE/IBAN 044180001060144027

SWIFT MBCOMXMM

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