Por Helena Maleno, defender a quien defiende

 

Marta Abiega*

El apremio nunca fue una fuente de inspiración, pero hoy la urgencia llama a mi puerta ante el enjuiciamiento de la defensora de derechos humanos Helena Maleno por los Tribunales marroquíes.

El 16 de octubre cogí un autobús a Gasteiz con un solo propósito, conocer a Helena Maleno que comparecía ante la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento Vasco. En mi bolsa, un mensaje “Mundu berri bat daramagu bihotzean” (Llevamos un nuevo mundo en el corazón), y un regalo, un pañuelo de Ongi Etorri Errefuxiatuak, en la completa seguridad de que si a alguien le iba a sentar bien ese pañuelo amarillo que da la bienvenida a las personas migrantes y refugiadas, ésa era Helena, la voz de las que no tienen voz, el grito valiente de las mujeres que desafían el Mar de Alborán en busca de una vida mejor, el dedo acusador de las criminales políticas de la Unión Europea, una ACTIVISTA con mayúsculas, de unos derechos que cada vez son más inhumanos.

Helena es la piedra en el zapato de Zoido, el “pepito grillo” en la conciencia inexistente de tanto Guardia Civil de Fronteras con una sospechosa entrega y dedicación a su trabajo. Pero corren malos tiempos para las defensoras de derechos humanos en el mundo.

La externalización es un mecanismo muy utilizado a muy distintos niveles. Abrumadas ante tanta crueldad humana desplegada por nuestros gobiernos, externalizamos la culpa y olvidamos que por acción u omisión también tenemos responsabilidades en las decisiones que toman.

El Gobierno Vasco recurre a la incompetencia, a mi juicio en sus dos acepciones, para externalizar su culpa ya que, con su apoyo a los presupuestos del PP, demuestra una importante capacidad de presión que ejerce en nombre de intereses económicos, pero en ningún caso en nombre de intereses humanos.

El gobierno del estado externaliza sus culpas en relación al incumplimiento de las cuotas de personas refugiadas responsabilizando de ello a una burocracia ajena a su voluntad. Al mismo tiempo deniega la posibilidad de petición de asilo de determinadas nacionalidades en las fronteras y establece mecanismos draconianos e ilegales como las devoluciones en caliente, haciendo oídos sordos a los tribunales de la Unión Europea y redefiniendo a su antojo la palabra “legalidad” con subterfugios que a nadie engañan.

Sus tribunales de justicia, en este caso la Fiscalía de la Audiencia Nacional, descartaron investigar a Helena Maleno al no ver indicios de delito en sus llamadas a salvamento marítimo alertando de pateras a la deriva. Así pues, han decidido externalizar la injusticia, al igual que el control de fronteras, jactándose de demócratas y acusando de falta de democracia a monarquías amigas que engordan con la sangre de una ciudadanía que está más que harta de tanta connivencia.

El intachable historial de Helena Maleno como defensora de los Derechos Humanos en la frontera sur de España y el hecho de que la Audiencia Nacional archivara la denuncia interpuesta por la Policía Nacional deberían ser suficientes para el sobreseimiento de este juicio-farsa en el país vecino norafricano.

Por si alguna persona tiene dudas de cómo los derechos humanos se utilizan como moneda de cambio, sabemos que la política de fronteras se vuelve más o menos beligerante en función de los acuerdos económicos que tenga que firmar la monarquía marroquí con su homónima española. La externalización de las fronteras tiene un precio muy alto, pero el que me preocupa en este momento no es el económico, sino el precio de las personas víctimas con sus nombres y sus apellidos.

Me estremezco, Helena, ante tanta frivolidad cotidiana cuando te oigo decir que acompañas en la identificación de los cadáveres en las morgues y me pregunto cómo sobrevives a esa experiencia. Ahora sé que es porque hiciste todo lo que estaba en tus manos para que no ocurriera y aun así ocurrió.

Por todas las personas que has salvado con tus llamadas de socorro y también por aquellas que no conseguiste salvar a pesar de esas llamadas. Porque contigo aprendí la importancia de poner nombres a las víctimas y la de comunicar a sus familiares esas tragedias –para mí asesinatos– más cotidianas de lo que quisiéramos. Por Patience, Bebe, Dalloba, Aminatou, Clemence, Melville y Karmeline, que en septiembre murieron ahogadas después de que una patrullera española frenara el paso de su patera con el objetivo de que fuesen alcanzados por la Marina marroquí para proceder a su devolución a Marruecos. Por todas nosotras que también morimos con su muerte. Por los familiares de las víctimas de Tarajal que siguen pidiendo una justicia que no debería entender de fronteras, clases ni colores. Por la tristeza que nos produce esta injusticia. Porque todas somos Helena Maleno. Lucharemos juntas sin dejar que nos venzan. Sabemos que estamos en el lado correcto, el lado de los derechos humanos.

 * Colaboradora de Pikara Magazine

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