"Mamá Rosa" vuelve a Michoacán

20 de Marzo del 2015

Mexico Violento

Albergue La Gran Familia en 2014. Foto: Rebeca Blackwell/AP

Albergue La Gran Familia en 2014. Foto: Rebeca Blackwell/AP

"Se desarmó todo el carro, pero hay que seguirles"

Por Maurizio Montes de Oca

La mañana del 17 de julio de 2014 un equipo de policías y militares llegaron a la calle Zamora-Jacona, en el municipio de Zamora, Michoacán, con el objetivo de hacer cumplir una orden de cateo derivada de una denuncia presentada por cinco personas a quienes les negaron devolver a sus hijos al albergue La Gran Familia administrado por Rosa del Carmen Verduzco, alias “Mamá Rosa” desde hacía más de 40 años.

Pablo, uno de los casi 500 “hijos” de Mamá Rosa, se encontraba en clase de matemáticas al momento del operativo y escuchó que volaron la puerta principal con una patada. Tuvo suerte de que no le cambiaran el nombre en La Gran Familia, como se lo cambiaron a La Calva: “no, no tengo otro nombre, de veras, así me llamo, así me dicen, así me conocen todos. Mis papás ni existen, no tengo otros más que Mi Jefa, o sea Rosa, ella es mi madre y también mi padre”. A El Sonrics también le quitaron el nombre, él estaba en la puerta cuando llegó la policía y el ejército. La orden de ella fue: “No dejen entrar a nadie”.

En los primeros años de funcioanmiento del albergue. Foto: especial

En los primeros años de funcioanmiento del albergue. Foto: especial

Todo comenzó en 1948, cuando Rosa Verduzco (La dictadora amorosa, como la llamó Enrique Krauze), con 13 años de edad y siendo la presidente de una comisión escolar encargada de realizar obras sociales, recibió una llamada de un seminarista para avisarle que un niño de nueve o diez años había sido abandonado por una familia de cirqueros que dejaron la ciudad tres días antes. Otro día, por allá de 1950, unos taxistas que jugaban con un niño de dos años le gritaron “¡Eh, Rosita! ¡Aquí hay otro para ti!”. Para 1960, La Jefa ya cuidaba a unos 40 niños y logró ahorrar lo suficiente para comprar un terreno que pronto se convertiría en La Gran Familia, mismo que para 2014 ya recibía importantes recursos mediante subsidios de distintas entidades gubernamentales de todos los niveles, donaciones de privados y donaciones en especie. Rosa nunca negó su buena relación con el gobierno.

Quizás por eso a Mamá Rosa le tomó por sorpresa el operativo: “Llegó una persona, se plantó enfrente de mí y me dijo soy de la Procuraduría General de la República y vengo a hacer una investigación, díganme con quién me puedo entender’, pasaba por ahí un chavo y le dije que con él, entonces ya voltee y vi como 135 gentes adentro de mi casa, muchos de ellos armados y en ese instante me dijeron: ¿se siente usted bien?”

Instantes después llegaron a contracorriente los elementos de la Policía Municipal de Zamora y la alcaldesa intentando proteger el albergue en medio de los gritos. Según cuentan, La Jefa tenía una enorme influencia en todo el municipio y andaba con un radio colgado en su falda de cuadros, mismo que tenía comunicación directa con las autoridades.

Juan Carlos, hermano de Pablo, lo supo cuando después de fugarse del albergue regresó un día a visitar a sus viejos amigos, “ese día me metieron a los separos, nomás porque estaba afuera, llegó la policía y me dijo ‘no puedes estar aquí afuera’, me dijeron que quería robar y yo nomás estaba ahí afuera… saludando a mis amigos que tenía allá… si ella decía algo, eso se hacía, no podías hacer tú nada”. Se quedó 72 horas detenido.

De acuerdo con la información dada a conocer por Tomás Zerón de Lucio, Jefe de la Agencia de Investigación Criminal, los niños, adolescentes y adultos que habitaban La Gran Familia vivían en condiciones infrahumanas conviviendo con ratas, chinches y pulgas. También se refiere a diversos abusos físicos y psicológicos hacia los menores por parte de Rosa del Carmen Verduzco Verduzco y de funcionarios del albergue, dentro de los cuales, destaca el ser obligados a pedir dinero en casas y calles, ser alimentados con comida en mal estado, dormir en el suelo entre plagas y la prohibición de poder abandonar las instalaciones.

Juan Carlos trabajaba en el albergue y le pagaban 50 pesos en vales que Mamá Rosa le entregaba, los cuales le alcanzaban apenas para una bolsa de jabón, misma que como otros enseres y víveres donados, eran vendidos al interior. “Le donaban jabón, arroz, bolsas de chocomilk, mazapanes, salchichas, huevos y (decía) órale, se va a vender con vales”. Llegó a compartir la pista de baile con el ex-presidente Fox y su esposa en una visita que realizaron al albergue, pero afirma que la gente importante no pasaba del primero de tres patios: “para allá no te pasas, allá es otra cosa, decía La Jefa”. La celda de castigo conocida como El Pinocho, donde los menores eran recluidos entre olores fétidos, sin agua ni comida se encontraba en el tercer patio y el salón principal estaba dedicado a Martha Sahagún.

En 2009, Juan Carlos pudo fugarse con la ayuda de la maestra de Historia, Teresa del Niño Jesús quien lo alojó en su casa. En 2013, encontró a su mamá y se llevó una terrible sorpresa: “me dijo ‘ya llevé a tus otros dos hermanos para allá (a La Gran Familia)’, y le dije ¡ah cómo se te ocurrió llevarlos pa’llá al infierno!”. Fue así como llegó su hermano Pablo quien relata que comía sin cubiertos y que algunos de los niños ahí recluidos juntaban la comida en botes, botellas o en bolsas para poder comérsela.

–¿Después del operativo la comida cambió?

–Claro, ya era todo delicioso, ya eran manjares. Comían mejor los cerdos, a ellos les daban pan.

Entre los malos recuerdos existen pequeños destellos en su mirada cuando le pregunto por las cosas buenas:

–¿Hay algo que extrañes de La Gran Familia?

–Los amigos nada más, ya de ahí en fuera, ya nada.

Juan Carlos deja ver su brazo tatuado reposando sobre el sillón, él también tiene algunos buenos recuerdos que cuenta entre risas:

–Si te gustaba dibujar, aprendías a hacer una máquina y empezabas a tatuar a gente que le gustaba.

–¿Hiciste muchos tatuajes?

–Como unos cuatro, ¡pero espantosos! (carcajea).

–¿Cómo construiste la máquina para tatuar?

–Con cuerdas de guitarra, una cuchara, un motor de un carrito, hilo, un eliminador para la corriente y tinta, pues la de la Nugget para bolear.

Martha Sahagún, esposa del expresidente Fox, enla visita al albergue. Foto: red

Martha Sahagún, esposa del expresidente Fox, enla visita al albergue. Foto: red

Sin embargo, ocho meses después del operativo en La Gran Familia, lapso en el que se declaró inimputable a Rosa Verduzco dada su edad y condición física y en el que incluso el ex-presidente Fox le ofreció ayuda para volver a operar el albergue, seis adultos y un bebé volvieron a vivir con ella en su domicilio ubicado a aproximadamente 800 metros de los vestigios de La Gran Familia. Al tocar la puerta, dos de ellos atienden. Uno con sobrepeso y discapacidad intelectual, que según consta en una denuncia presentada por la Fundación FIND, llegó caminando desde Morelia a un pueblo cercano a Zamora, donde un vecino lo acompañó a la casa de Rosa Verduzco.

“Ya estoy mejor, he subido ocho kilos de peso desde el golpe… mira, eso fue como cuando tienes un accidente, se desarma todo el carro pero hay que seguirle”. Cada lunes La Jefa almuerza con uno de sus mejores amigos, un hotelero de Zamora. Ella no se oculta: “aquí todo mundo me conoce y me respeta”, dijo.

Mamá Rosa al momento del operativo. Foto: atiempo.mx/archivo

Mamá Rosa al momento del operativo. Foto: atiempo.mx/archivo

El albergue se clausuró después de sufrir un incendio parcial en octubre ocasionado por antiguos internos de La Gran Familia. Seis de los ocho colaboradores de Verduzco están presos y enfrentan cargos por secuestro y trata de personas, todo el peso de la ley cayó sobre ellos, pero hasta ahora no hay ningún culpable en niveles más altos de responsabilidad. Ni el Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia, institución que remitía a los menores al albergue de Mamá Rosa, ni la Secretaría de Educación Pública que otorgaba subvenciones o las autoridades de los tres niveles de gobierno que la apoyaron financieramente, han dado respuestas claras sobre por qué no se hizo una inspección a fondo del lugar.

Los nuevos albergados por Mamá Rosa no quieren hablar con nadie, sólo la empleada doméstica afirma que a diario llegan jóvenes de la calle a tomar el almuerzo a su casa. Prepara de comer más de doce raciones por si llega alguien más, como los limpiavidrios del barrio a quienes ha invitado a comer gracias al apoyo con el que cuenta de los comerciantes locales.

El mandadero y chofer de la vieja camioneta de redilas con el logotipo de La Gran Familia, que solía trabajar para el albergue, llega los miércoles a casa de Mamá Rosa con costales de zanahorias. Ella lo atiende, sigue vistiendo la misma ropa: falda a cuadros rojos y azules y playera polo color rojo de manga corta, con una imagen de La Gran Familia bordada en la pechera. Es el mismo atuendo que las niñas portaron en el internado durante décadas.

Cuando recibe los víveres, supervisa y sólo admite una parte, el resto ordena que lo repartan en una colonia popular de Zamora: “No se lo van a comer aquí”.

El DIF nacional, afirma la Fundación FIND, no ha podido reubicar a decenas de menores y adultos rescatados durante el operativo. En Morelia, los alojaron en las instalaciones del Centro Michoacano de Salud Mental, que el DIF estatal convirtió en el albergue Vivan los Niños Allí se encuentran 46 niños y una madre que creció al interior de La Gran Familia y ahora no tiene dónde ir. Pablo y Juan Carlos visitan regularmente a Juan Manuel Estrada, presidente de la Fundación FIND y ganador del Premio Nacional de Derechos Humanos, quien les regala víveres que son donados a la fundación y conversa con ellos. Ninguno de los dos tiene acta de nacimiento y Juan Carlos no ha podido tramitar su credencial de elector, lo cual les impide viajar o trabajar para buscar mejores condiciones de vida. En agosto pasado, el diario Reforma reportó el suicidio de cuatro menores rescatados del albergue a consecuencia de las secuelas psicológicas que La Gran Familia dejó en ellos.

Juan Manuel Estrada afirma que el abandono de los menores que viven en albergues es un mal generalizado en México y cita al albergue Casitas del Sur, al albergue Hijos de los Presos entre otros, a los que la Fundación FIND ha denunciado por los malos tratos que reciben las niñas y niños que van desde condiciones insalubres, golpes, abuso sexual, hasta el tráfico de menores que Juan Manuel y su equipo han rastreado hasta países como Francia o Canadá, casos en los que han estado involucrados altos funcionarios de gobiernos estatales y que Juan Manuel llama “tráfico institucional de menores”.

El papel de las autoridades en casos como éste por acción y omisión ha sido crucial en las vidas de los menores recluidos en pésimas condiciones en casas hogar, hasta la fecha las autoridades no han implementado medidas de seguimiento y cuidado a las personas liberadas de La Gran Familia y no todos han logrado integrarse a sus familias y quienes lo han logrado, difícilmente recuperarán la normalidad de sus vidas, como Mami Bertha, la cocinera, quien llegó de 13 años con Mamá Rosa y fue liberada a sus 53.

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