Educando para hacernos personas entre personas: Rezola Amelivia

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El escritor español Rodolfo Rezola y su hijo Diego en la presentación de su libro Otra Educación es posible, de Editorial Laertes. Foto: cortesía

Lo que cuenta y nos cuenta para hacernos personas son los procesos mismos de convivencia, las experiencias compartidas en nuestras redes de relaciones, lo que acontece y en lo que acontecemos mientras estamos vivos.

Rezola, R.: Filosofía y fragilidad

Por Livia Díaz

Entrevista a uno “de los muchos que hay regados por el mundo” practicando el método la Filosofía para niños, con su proyecto personal de comunicación en comunidades de investigadores-narradores (CIN), “para los que con esa edad espiritual, todavía creen que un mundo mejor, es posible.”

Los que se encontrarán en la XVIII Conferencia Taller Internacional de FpN, organizada por el Centro Latinoamericano de Filosofía para Niños entre el 3 y el 11 de enero de 2014 en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, ya están preparados para su participación, tal es el caso del escritor y filósofo Rodolfo Rezola Amelivia .

Muchos años han pasado desde que partió Mi Balza Roja en la que navegando -con un cierto aire de familia cercano a este movimiento de filosofía para niños- con novelas, juegos, películas y provocaciones varias para suscitar diálogos por las aulas y otros entornos educativos, comenzó a crear más de diez proyectos docentes de investigación-acción filosófica (Oikos, Humán, Logos, Personas, Fantástica, Prometeo, etcétera) y a acercarse al ensayo filosófico Filosofía y fragilidad que publica en el 2014, tras 25 años de olas en ese mar que se antoja lleno de posibilidades y horizontes de cambios, conviviendo con alumnos que -al ser aprendices en CIN- se convierten en interlocutores en igualdad de oportunidades vitales de crecimiento personal. Desde 2011, Mi balza roja es un proyecto internacional de innovación educativa que edita la Revista Internacional Latinoamericana Filosofía para niños y la colección de libros de filosofía de la educación Cartografías Imaginarias. Además de cursos, talleres y conferencias de formación del profesorado, está pendiente la convocatoria del Primer premio Internacional Lipman-Sharp de narrativa breve filosófica.

Después de la entrevista-charla-encuentro con Rodolfo, una no puede quedar más que aliviada. Quizá él también así lo sintió, puesto que al llegar a la cita con Los Ángeles Press en la ciudad de México, adonde vino procedente de Querétaro de otro Congreso, conferencia y entrevistas, lo encontré nervioso, temblaba un poco su labio inferior y tenía rigidez, la que descubrí como timidez y que me recordó a mí misma por mi continuo aislamiento que no tiene origen en despotismo.

Así que comenzamos con lo que es la Filosofía para Niños, pese a su insistencia en que podría encontrar en internet e informarme y leer mucho al respecto, pero ¿acaso Usted lector habría perdido la oportunidad de escucharlo del propio autor de las obras “Imaginando el juego de lo posible. Filosofía para niños (Cartografías imaginarias)”; “Otra educación es posible”, “Filosofía, ciudadanía y educación”; Jean Jacques Rosseau , entre otras obras? Pues no.

Entonces, en abuso de su paciencia y confianza iniciaron las preguntas. La primera desveló que el entrevistado editor que hace colecciones, está por publicar Filosofía y fragilidad, el primero en el que él mismo se deja ir. Esto último, al parecer, a quien ha facilitado por muchos años en aulas de instrucción pública el diálogo entre otros, le llevará al diálogo con la actual situación social de globalización cultural debido a que está fluyendo en el tiempo en que educa a su propio hijo, preocupado por su porvenir en un mundo que de un momento a otro pasó de la sociedad para la sociedad, a la sociedad para la producción con el gobierno como colaborador de Los Mercados.

Mucho de todo esto dará cuentas en su participación en el próximo Congreso del que dijo “es un encuentro que me ilusiona de una manera muy especial.” Se refiere al Congreso en Chiapas, donde el filósofo preguntará a la concurrencia: “¿qué pasaría si transformásemos las aulas y los vínculos entre personas en comunidades de investigadores narradores?”. Y será la primera pregunta y también la última, porque Rodolfo Rezola, al quien entrevisté y conocí, se percató de que cuando se permite a los nenes expresarse aprenden a escucharse mutuamente. Entonces seguramente les invitará a que creen su propia Comunidad de Investigadores Narradores (CIN).

He dicho que Mi Balza Roja comparte un aire de familia con el programa FpN de Lipman, y crea un estilo de comunicación que “no es ningún invento nuevo”, sino que tienen origen en los griegos del periodo clásico, que educaban con el diálogo.

–¿Cómo se enseña en una CIN?, pregunté.

–La clave es el diálogo –respondió Rezola–. Los griegos del periodo clásico educaban con el diálogo, especialmente los sofistas, de los que decía Dewey que eran los primeros educadores profesionales de Occidente. De lo que se trata es de que fluyan en la conversación los preconceptos y los prejuicios para revisarlos y reconsiderarlos. Porque de lo que se trata es de transformar esas creencias en otras nuevas. Eso lo trasladamos a nuestros imaginarios narrativos y tenemos aprendizaje. Y el aprendizaje siempre es transversal. Aprendes todo a la vez. Y este aprendizaje es interdisciplinario.

–¿Se trata de formar personas?, continué con mi pregunta.

–Es para profesores que crean que sirve para formarnos como personas.

–¿Cuál sería su elemento indispensable?

–El deseo de aprender.

–¿Y en qué va a beneficiar al Otro?

El autor, hizo una pausa, respiró profundo y describió pacientemente gratificaciones como: alegría, sentirse acogido, ver que hay otros que coinciden en intereses y creencias. Resaltó la presencia constante de la comunidad y la cohesión en el grupo, ya que en la CIN se practica el diálogo entre todos en el mismo tiempo aion de creación del sentido del mundo.

–¿Cuál es el resultado de esta sesión?, o al término de la clase ¿cómo salen los niños?

El autor que estaba en descanso, en casa, con la tranquilidad de tomarse un café en la terracita, es contundente: “Salen con deseos de aprender de investigar, de cuestionar el mundo.”

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La filosofía de los niños, un programa impulsado por M. Lipman. Foto: Rodolfo Rezola

Segunda parte:  Educar es hacer comunidad

Entre otras actividades que lo llevó a México, Rezola Amelivia impartió un taller denominado “El profesor como investigador del sentido del mundo”, el 14 y 15 de diciembre en Toluca. Sobre este sentido, conversamos mucho, sobre todo respecto a que muchas cosas han cambiado últimamente en casi todos los países, tomando un camino que reduce el uso de los impuestos de los contribuyentes para sustentar, entre otras cosas, la educación pública. Aquí tuvo lugar la pregunta de si, desde su punto de vista, ello era correcto o incorrecto, a lo que afirmó sin reparo que la educación pública debía seguir siéndolo y que era la garantía de la justicia social.

El estilo de comunicación en el aula entre una comunidad de narradores, desarrolla la investigación-acción sin aislar a los individuos, explicó, “todo el proceso es cooperativo, una investigación compartida en los juegos del lenguaje.”

El profesor de adolescentes en diversas materias de la Educación Secundaria en España, afirma que es así como puede facilitarse el aprendizaje significativo entre iguales en las aulas . Lo contrario -el abandono de la educación pública y de la imaginación docente- es “una injusticia social inhumana”, continuó explicando.

–¿Por qué?, inquirí para seguir escuchándolo.

–Porque lo que deseamos ser lo aprendemos donde vivimos, en las situaciones y redes de relaciones en las que aprendemos la función de significar los mundos que habitamos. Los humanos somos como somos, porque las instituciones nos hacen de esta manera. No son las instituciones de Los Mercados como son porque nuestra naturaleza hace que seamos así de competitivos y crueles con las oportunidades vitales de los demás. El hombre es lo que de él hace la educación, decía Kant. Sin educación para la libre recreación y reescritura de nuestros mundos personales, generamos esclavos.

¿Y una sociedad que genera esclavos y no personas, tiene un futuro?, sería de inmediato la pregunta, sólo que, en respuesta, el entrevistado se remite a Carlos Marx y explica lo que él dijo, y es que el pensador alemán -a quien “no se le considera como un humanista”- había dicho, “ya basta de pensar al mundo, transformémoslo”. Rezola, continúa embebido en lo que definió como marxiano (los textos de Marx, frente al marxismo de sus intérpretes) e invita a ir “a la raíz del mal de la injusticia social.” Y lo que estamos viendo es una transformación mundial en la nueva mitología de Los Mercados. Hemos abandonado el imaginario de otra forma de hacer sociedad y de reconocernos mutuamente como personas entre personas. Este abandono también ocurrió en Cuba, en China y en Rusia -y en todos los mal llamados estados comunistas o socialismos reales- lugares donde lo que hubo y hay es un capitalismo de Estado, de los individuos que controlan el Estado como los ejecutivos y financieros controlan las grandes empresas.

–¿Cuáles serían los puntos clave del impacto del CIN en la educación en el mundo occidental?

–Primero, el aula es un proyecto cooperativo, un lugar de encuentro y de convivencia. Segundo, estamos haciendo venir el sueño de que otra sociedad es posible: una CIN funciona ayudándonos a reconocernos entre todos como personas entre personas. Es una revolución pacífica hacia un modelo de convivencia donde todos tengamos el protagonismo, de nuevo como quería mi admirado Dewey.

–¿Por qué crees que es necesario decir estas reflexiones ahora?

–Porque los humanos somos morales. Tenemos que decir qué es bueno y qué es malo. Y este saber decir se aprende, es una habilidad que se educa de una u otra manera en cada una de las realidades culturales que habitamos. De ahí el valor de una sociedad cosmopolita comunicando el poder de reescribir nuevas formas o usos vigentes para la interculturalidad.

–¿Cómo es el alumno que se educa con el método CIN?

–Es una persona que se siente acogida, cuidada y reconocida por sus iguales, que somos sus interlocutores. También alguien que se apasiona por investigar quién es y quién desea ser en este tupido tejido de relaciones en el que enredamos el tejido de nuestras identidades, que son el resultado de los procesos mismos de convivencia. Me gusta imaginar que cada uno de los que convivimos en CIN nos sentimos creadores, narradores de nuestros imaginarios de vida, novelistas de nosotros mismos, como ya querían Nietzsche y Ortega.

–Cuando plantean hacer filosofía con niños, ¿se trata de una edad física o mental?

–Es la edad del espíritu, de un saber hacer una vida que juegue más y mejor a nuestro favor. No creo que sea una edad cronológica, sino una actitud vital -responde el pedagogo y filósofo.

Hacemos otra pausa, de las muchas en las que después de la pregunta o antes de la misma, reflexionamos sobre las cosas que hablamos, quizá porque estuvimos practicando la investigación en una microcomunidad en la que nos escuchamos y opinamos y procedemos a autoevaluarnos en lo que creemos para pasar a corregir y darle una posición a las deducciones que nos ilustran, enriquecen y posicionan como un nuevo talento adquirido al ejercitar la parte más simple del proceso de la comunicación humana, el diálogo. Fuimos distinguiéndonos como personas, razonando y sosteniendo un debate en el cual intervinieron, no sólo nuestras posturas ante las cosas, sino las adquiridas, pero contrastándolas con nueva información. Por ende, la entrevista se convirtió en una larga charla de encuentros y coincidencias, y también dejamos el camino iniciado en Mi Balza Roja, hasta llegar a su producto: “El proceso es el resultado”.

Rezola Amelivia, comenzará el 2014 con mucho más trabajo. El de docente y el de conferencista, investigador y autor. El joven maestro también estará festejando este 28 de diciembre sus primeros 50 años de vida, con el nuevo libro para compartir a todos sus lectores y seguidores. Además de que tendrá más bibliografía para sus alumnos y camaradas. Aporta a la nueva generación y las venideras la oportunidad de ser alumnos y maestros porque, como explicó, lo único que un profesor requiere para usar este método es hacerlo y en esa medida pasa a ser alumno y el alumno, que adquirió esta destreza, pasa a ser un maestro: “Los papeles tradicionales se difuminan y ambos se confunden en las palabras de los interlocutores que se encuentran y se reconocen mutuamente como personas, como reescritores de la humana medida del mundo”.

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http://www.filosofiaparaniñosvalencia.es

Tercera parte:  Los humanos nos creamos los unos a los otros

La educación actual en donde las reglas las pone la sociedad en que vives, continuamente emplea la represión de deseos y voluntad para conseguir que finquemos nuestra vida en las instituciones, y por tanto nos hacen amaestrados. Por eso se habla de una edad no mental ni sicológica sino del espíritu, lo que es ampliamente lo contrario de la infantilización a la que nos somete esta sociedad y conservar un espíritu infantil. Pero cuidado, en una nos hacen débiles y dependientes, que no construimos la vida, y en la otra no podemos contener el deseo de un crecimiento personal. Quien se renueva y reescribe sin un discurso epistemológico despiadado, por un sistema en el que los mercados ocupan todo. O sea que la opción de no ver salir de las aulas a soldados de la industria, apenas capacitados para desear llegar a la casa a tiempo para ver las telenovelas, se encuentra cerca.

Al charlar sobre esto con el escritor también queda claro que para tener otra sociedad, la tenemos que construir.

–¿Cómo lo podemos hacer?

–Que muchos deseen vivir de otra manera para poder vivir de otra manera. (…) Preferimos cerebros a medida de los intereses de otros o una voluntad entrenada para desear reinventar los proyectos, intereses, calores y afectos de nuestra sociedad. Porque si una persona pone todo su deseo en hacerlo, puede ver a sus semejantes como personas. La educación de la voluntad -la renombrada inteligencia emocional- es lo más importante en una reforma educativa para una sociedad más justa: si educamos el deseo cooperativo de un continuo crecimiento personal, algo estará cambiando en las relaciones económicas de este mundo nuestro. –Aquí una pausa pues el maestro explicó cómo hacemos con el contacto el mestizaje del otro. Cuanto más sabemos del otro, menos otro es. Así, construímos un nosotros cuando nos reconocemos en proyectos de vida compartidos, al menos con cierto aire de familia en cuanto a las formas de personalizarnos mutuamente, los unos a los otros y viceversa.

Y por tanto aquí volvemos a ver cómo -como individuos- estamos condicionados por el Estado empresa: en el que vivimos y somos ciudadanos-empleados-mano de obra. Desgraciadamente esto nos cosifica, y ya no somos el individuo independiente que piensa y decide lo que quiere, sino parte de un engranaje, y a eso se suma la generación del miedo, este miedo que le sirve a quienes dominan este sistema para controlar a la sociedad. Y así es como ocurre cuando vamos a las aulas a crear productores.

–¿Cuál crees que es la repercusión en la gente?

–Cada vez que hay represión social, si no recuperas la capacidad autónoma de reconstruir el sentido de las relaciones entre iguales, se puede convertir eso en una bomba social que puede estallar en cualquier momento. Así que no acierto a imaginar que haya otra opción pacífica que llevar la actitud filosófica infantil de las CIN a nuestros entornos educativos (escuelas, familias, medios de comunicación, instituciones sociales, centros de poder económico, etcétera). –Un poco quizá para acotar y para dejar de cultivar peces en el río al que nos metimos irremediablemente para comprender la etapa de la sociedad del naciente siglo XXI que estamos analizando en esta conversación con Rodolfo, nos dimos cuenta de que tenemos que construir, y para él, en esto que escribo, es prioritario “tus redes y tu sociedad, la situación, el contexto, la urdimbre de los juegos públicos del lenguaje.” Como lo había dicho varias veces, amplió que se trata de permitir a las personas -”a estos animales humanos”-decir sí o no a unos u otros proyectos de vida en común. “Porque somos buenos si estamos con personas buenas. Los humanos nos creamos los unos a los otros.”.

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Rezola dictando una conferencia en el Congreso de Filosofía Bajo palabra, de la Universidad Autónoma de Madrid, en 2012. Foto: detalle de video

Cuarta parte: Pregunta al garete: la mayoría, ¿qué educación ha recibido?

“La educación pública es muy importante”, dice con seriedad Rezola Amelivia. “Tenemos oportunidad de construir un mundo a nuestro favor. Es lo que digo en la tercera parte del libro”, añade, mientras está llegando la noche. Estábamos encantados, pero tensos por tantas ideas y apuestas a la autenticidad de la búsqueda contenida en las palabras, y sin la influencia del café, que se había terminado hacía rato.

En la terraza fluían libremente las preguntas, cuyas respuestas fueron interrumpidas de vez en cuando por el ruido de grandes camiones pasando por la calle, y no sin varias advertencias sobre hacer sentencias, sin analizar y diferir las cosas, y además sin administrar bien los credos, porque la explicación del escritor no tiene tanto relación alguna con la cosmovisión de este mundo católico romano que tan sólo alcanza a discernir lo bueno de lo malo, como quien separa los frijoles del arroz, sino de lo humano y no humano de la actuación mundana para ser “personas” y hacer personas, considerarnos personas, amar a las personas y no a negarlas y usarlas como entes productivos, abusando del poder de llegar a ellas y modificar su vida y su conducta en pos de relaciones comerciales en términos de beneficio o pérdida económica, sin que los bienes materiales sean satanizados. Por tanto, es muy importante “que interpretemos la vida como un hacernos y ser personas entre personas con las CIN”, según recalcó el entrevistado. Tomando un poco de aires nuevos, y a sabiendas que se nos agotaba la entrevista, que no la discusión y el tema, porque apenas estamos al principio de la hebra, fuimos a concretizar en varios puntos. El libro cierra con una carta que Rodolfo ha escrito a su hijo Diego y en la que le dice “A mi despertador de sueños por soñar.”

–¿En qué consiste?, le pregunté como punto final.

–En cómo me imagino que será su futuro y cómo me imagino que se desempeñará en la vida. Lo planteé como un mensaje a la humanidad a la que le pregunto: ¿Vamos a dejar escapar la oportunidad de construir un mundo mejor? Si educamos de otra manera, podemos construirlo. ¡Eduquemos!

El autor entrevistado

Rodolfo Rezola Amelivia (Logroño, 1963) es profesor de Filosofía en Secundaria (Valencia). Creador de los proyectos cooperativos de investigación-acción-innovación en el aula: Oikos (Ética), Humán (Filosofía), Logos (Historia de la Filosofía), Prometeo (Ciencia, Tecnología y Sociedad) Personas (Sociología) y Fantástica (Taller de narratividad). Profesor-tutor de Didáctica de la filosofía y de Técnicas de comunicación e investigación en grupo; coordinador de grupos de investigación-acción docente y formador de profesores en FpN, en creatividad, en inteligencia emocional y en metodologías de comunidades de investigadores-narradores (cin). Coordinador del proyecto de investigación docente filosófica Mi balza roja. Director de la revista Filosofía para Niños. Editor de la colección Cartografías Imaginarias en editorial Laertes. Aspira a mejorarse como cuidador de la fragilidad humana y despertador de nuevos sueños por soñar, y se pregunta qué pasaría si transformásemos las aulas y los vínculos de personas entre personas en comunidades de investigadores-narradores (cin). Tomado de Laertes: http://laertes.es/

 

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