Las desaparecidas de Juárez, “sólo huesos que podían tardar hasta tres meses en identificarlos”: autoridades

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Por Guadalupe Lizárraga

Foto: Javier Juárez

CIUDAD JUÁREZ, (México).- Las madres reclaman los cuerpos de sus hijas retenidos en la morgue de Ciudad Juárez, pero la fiscalía del Estado confirmó que eran “sólo huesos y que podían tardar hasta tres meses para identificarlos y hacer el cotejo del ADN”. La reunión fue entre autoridades y miembros del Comité de Madres y Familiares de Desaparecidas, el 21 de febrero, para informar sobre las investigaciones de las jóvenes reportadas como desaparecidas.

Se trata de los doce cuerpos más que la fiscalía ha retenido, algunos de ellos desde hace más de tres años. Los Ángeles Press reportó la existencia de quince cuerpos más en la morgue, el pasado 29 de noviembre de 2011. En esa fecha, las autoridades sostuvieron públicamente que la información de nuestro medio era falsa. Sin embargo, al final de ese mismo día, el cuerpo de Adriana fue entregado, ante los reclamos de la madre que se había enterado de su hija por nuestro reporte que circulaba en Facebook. Incluso, la antropóloga forense le dijo que no había más cuerpos y que los restos que se encontraban en la morgue, todos eran de género masculino.

A partir de la entrega de Sarmiento, las autoridades dejaron pasar unas semanas más y decidieron entregar otros tres cuerpos, en diferentes fechas y sin prensa. Estos cuerpos fueron identificados con los nombres de Jéssica Terrazas Ortega, Fabiola Janeth Valenzuela Banda y Yazmín Salazar Ponce.

Jéssica tenía 18 años de edad cuando fue capturada en el centro de Ciudad Juárez. Salió de su casa en busca de trabajo el 20 de diciembre de 2010, y nunca más volvieron a verla sus familiares, hasta que la fiscalía entregó su cuerpo recientemente, como el de las otras jóvenes. Yazmín Salazar tenía 17 años y fue capturada el 27 de enero de 2011. Sus familiares recibieron con dolor y discreción los restos de su hija terminando el año.

Investigaciones nulas

Las autoridades han dicho a las madres que aún estarán pendientes los trabajos de antropología forense para la identificación de los otros doce cuerpos más. Un proceso largo, por “el cotejo de ADN”.

No obstante, una fuente confidencial dijo a Los Ángeles Press que las investigaciones para hallar a las jóvenes son nulas. En el caso de Adriana Sarmiento, por ejemplo, el informe de ADN no lo encontraron para el momento de entregar el cuerpo a su madre Ernestina Enríquez. Y tres días después, ya sepultado el cuerpo de la joven, encontraron el informe sobre un escritorio de uno de los agentes del Ministerio Público.

Otro caso de negligencia y falta de interés que ha afectado las investigaciones, dijo esta fuente, son las pruebas abandonadas que madres y abogadas consiguen con tanto esfuerzo, como es el retrato hablado de los captores de Brenda Berenice Castillo García, desaparecida el 6 de enero de 2009, a la edad de 18 años. El retrato fue descrito por una testigo, Irma Cornejo, ante la Procuraduría General de la República, y siendo de gran valía para la investigación, por mucho tiempo estuvo en un escritorio entre un cúmulo de papeles.

Burocratismo y descuido con las evidencias

La situación de seguridad con la familia Hernández Lara es grave. El trámite de asilo en El Paso, Texas, está en proceso avanzado, por el secuestro con violencia de Isela Hernández Lara, de 39 años, el 14 de febrero de 2011.

Isela fue capturada, en su propia casa, delante de sus dos hijas adolescentes, de 13 y 15 años, respectivamente. Esta última joven fue entrevistada telefónicamente por un agente de la SubProcuraduría General de la República, y como testigo Irma Hernández, hermana de la víctima. En este caso, de competencia federal al tratarse de desaparición forzada, la PGR, obtuvo información precisa, con nombres y hechos, y aún así no se ha realizado la investigación.

Miembros de la familia Hernández, al enterarse de la entrega de los dos últimos cuerpos por parte la fiscalía, decidieron correr el riesgo y cruzar a Juárez para ir a la morgue a buscar a su hermana. Pero en la morgue, les dijeron que primero tenían que dar una muestra de ADN, que se informaran en las oficinas de la PGR.

Fueron a la PGR y ahí les dijeron que no había ningún expediente de su familiar, que buscaran en la fiscalía y que tenían que ir al Valle de Juárez para que les hicieran la prueba de ADN. Para ello, les indicaron, tenían que llevar como documentos, una fotografía de la víctima, su acta de nacimiento, y dos copias de actas de nacimientos de cada uno de los familiares que aportarían la muestra, así como identificación, junto con “una carta” de la Procuraduría.

Llevaron todos los documentos, no sin antes intentar hablar con Gustavo de la Rosa, titular de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, para pedirle la atención al caso de su familiar secuestrada, y poner aviso que irían al Valle de Juárez, bajo su propio riesgo, para donar esa muestra de ADN y que pudieran saber si su hermana estaba “guardada en la morgue”. Pero, señala Elizabeth Hernández, que nunca las recibió De la Rosa, a sabiendas que estaban esperando ser atendidas. “Él sabía que estábamos ahí, porque nos vio y nos escuchaba hablar. Estuvimos como una hora y no nos hizo caso”, dice la mujer.

Una vez que llegaron al Valle de Juárez en Guadalupe, les dijeron que ya no había ningún ministerio público ahí. Que tenía que ir al de San Ignacio. Y así lo hicieron.

Cuando terminaron el proceso de la muestra de sangre, preguntaron al joven que las atendió:

–¿Qué es lo que va a pasar ahora? ¿Qué es lo que tenemos que hacer?

–No, pues nosotros sólo somos un pedacito de lo que se hace”, respondió el joven.

Hasta la fecha, la familia Hernández Lara no ha sabido nada de su familiar secuestrada, y a pesar de que la PGR tiene los nombres y detalles de los secuestradores, no han tenido ningún avance en la investigación.

 

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