La lucha de los Jornaleros de San Quintín cruza México

7 de Marzo del 2017

Justicia pendiente

Por José Martínez

MEXICALI, Baja California.- Un autobús con una delegación de representantes de los jornaleros y jornaleras del valle de San Quintín cruza en estos momentos el desierto de Sonora camino a la capital del país. La caravana lleva la lucha del campesinado de Baja California ante otros colectivos de trabajadores de otros estados, y lo hace cuando se cumplen dos años de la huelga que dio inicio al movimiento laboral. La Alianza de Organizaciones por la Justicia Social, que enarbola la causa, acusa al gobierno y las empresas de incumplir los acuerdos.

El 17 de marzo de 2015, unos 70 mil trabajadores del campo en el valle de San Quintín, al sur de Ensenada, comenzaron a organizarse e iniciaron una huelga que se extendió durante semanas. Pese a que en la región se extienden multimillonarias hectáreas de cultivo, propiedad de empresas transnacionales y latifundistas locales, la mano de obra - imprescindible en este tipo de cosechas - roza condiciones de esclavitud en algunos aspectos. Captados por falsas promesas o por extrema necesidad, familias enteras abandonan cada año sus lugares d origen en Guerrero, Oaxaca, Chiapas o Puebla, y se trasladan a Baja California para ganar entre 80 y 200 pesos por jornadas de 12 horas o más y para vivir en viviendas precarias sin acceso a servicios educativos o sanitarios de calidad.

Muchas de la familias indígenas que durante las últimas décadas han venido llegando del sur de México, han echado raíces conservando sus lenguas originarias: el triqui, el mixteco o el zapoteco. Y en sus idiomas, establecidos en campamentos de protesta en la carretera transpeninsular - la única vía de acceso al norte para los camiones de carga - llevaron a cabo asambleas multitudinarias en las que organizaron bloqueos y manifestaciones en las puertas de los ranchos y la delegación del gobierno.

Tras meses de tensión en los que llegaron a producirse enfrentamientos entre manifestantes y las fuerzas policiales desplegadas en el Estado, los jornaleros y jornaleras crearon un sindicato independiente que forzó al gobierno y la patronal a pactar un acuerdo: aumento de salarios, inversión en infraestructura y mejora de derechos laborales, especialmente en las medidas para acabar con el acoso sexual de las trabajadoras del campo.

Sin embargo, dos años después las mejoras en los derechos laborales en el valle de San Quintín parece que no han mejorado excesivamente. Bonifacio Martínez afirma que los abusos se cometen con más prudencia, pero las principales exigencias que mantuvieron durante el nacimiento del movimiento en 2o15 prácticamente han sido ninguneadas. Fidel Sánchez, otro de los voceros, lamenta que no haber "visto un salario digno ni justo, ni la afiliación al IMSS, ni la construcción del hospital de especialidades".

La caravana tratará de estrechar relaciones con otras organizaciones de estados como Sonora y Sinaloa y finalmente llevará sus peticiones al encuentro nacional de jornaleros del próximo 17 de marzo en Ciudad de México. De forma paralela, además, el Sindicato Independiente Nacional Democrático de Jornaleros Agrícolas (SINDJA), surgido en el movimiento de 2015, de forma coordinada con organizaciones obreras y de derechos humanos en Estados Unidos, desarrolla un boicot a los productos de Driscoll's y Sakuma Farms, principales exportadores mundiales de bayas y frutas de alto valor como la fresa que se cultiva en los campos de San Quintín.

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