La depredación del medio ambiente: una violencia que no se quiere ver en Colima

Por Miriam Sanz*

MANZANILLO, Colima.- Los primeros rayos de sol acarician las arenas todavía tibias del día anterior de la playa Azul Salagua en Manzanillo. Un caótico pueblecito, anteriormente pesquero, en el pequeño Estado de Colima en México, colocado hoy en el mapa por ser el puerto más importante del país. La tierra, despierta. Una espiral de arena forma un agujero diminuto en la inmensa playa de forma casi imperceptible. De ella, brotan unos enormes ojos saltones sobre una minúscula cabeza negruzca, y un frágil caparazón sale a la superficie empujado por unas aletas descompensadamente grandes. La primera tortuga golfina (Lepidochelys olivácea) de un nido de 73 huevos coge aire y fuerzas para emprender una carrera de obstáculos hacia el imponente Océano Pacífico, que golpetea furioso contra la línea costera. Tras ella, el resto comienza a emerger buscando el primer aliento fuera del huevo, dispuestas a enfrentar juntas el primer desafío de sus vidas: alcanzar el refugio de las olas.

Tortuga golfina a los pocos minutos de nacer en la playa de Salagua en Manzanillo./M.Sanz

La importancia de la conservación

Antes de sumergirse en la espuma del mar, estas tortugas en concreto, pasarán primero por las cubetas de plástico donde los voluntarios del tortugario de Manzanillo, de la playa Salagua, las van depositando mientras escarban en la arena buscando más ejemplares. Los voluntarios del campamento hacen batidas para encontrar los nidos en la playa. Los recogen, los siembran en su recinto para que estén protegidos, y pasados alrededor de 45 días, los desentierran y sacan a las pequeñas tortugas. Éstas son liberadas en la playa para que emprendan por sí solas su camino hacia el gran azul.

Sonia Quijano, de la Universidad de Colima (Unicol), comenzó en 2001 con este proyecto protegiendo 67 nidos el primer año, y llegando a 920 en 2017. Aunque es una zona donde no está permitido el baño al público por su fuerte oleaje, es una playa urbana muy transitada. Por éste y otros motivos, es complicado que las tortugas nacidas en Salagua, en pleno día, lleguen intactas al abrigo del océano.

Estos reptiles marinos llegan a desovar a la playa donde nacieron, y poco les importa la afluencia de personas o la urbanización de las zonas costeras. “Hay tortugas que están poniendo huevos en puro plástico”, dice Quijano sobre la adaptación de la especie a los entornos urbanizados. Sin embargo, el mayor factor de afectación para el desarrollo de estos animales sigue siendo el tránsito de las personas. “La gente aquí tiene la teoría de que lo que se mueve hay que matarlo y comérselo. (…) Los nidos se los vuelan”, explica Quijano.

Voluntarios liberan a las tortugas después de escarbar los nidos del tortugario./M.Sanz

En Campos, una zona rural muy cercana a Manzanillo hubo una planta enlatadora de sopa de tortuga. Una parte de la cultura de allí está en consonancia con el consumo de carne de tortuga y de sus huevos. Las labores de conciencia ecológica toman una importancia vital en la conservación de las distintas especies de este reptil. Tanto Sonia Quijano como algunos de los voluntarios del tortugario confiesan que es lo más importante, ya que este campamento acoge en ocasiones nidos de tortuga laúd (Dermochelys coriácea), tortuga prieta (Chelonia agassizii) y tortuga verde (Chelonia mydas), todas ellas en situación de vulnerabilidad según la lista roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. La iniciativa de los campamentos tortugueros nace de la necesidad de protección, ya que los furtivos entran a las playas por la noche, cuando las tortugas están desovando y se llevan tanto al animal como los huevos para venderlos, aunque cada vez con menos frecuencia. “Pues yo creo que hemos logrado mucho en cuanto a conciencia social. Porque antes se metían camionetas de doble tracción y tu veías la línea de que salía la tortuga y la huella de la camioneta. La subían y se la llevaban”, cuenta Sonia Quijano.

A pesar de que estas prácticas están perseguidas por la ley, y cada día son peor vistas por la sociedad mexicana, sigue siendo un negocio viable para los traficantes. Otros campamentos más alejados no tienen tan buena acogida como el de la Universidad de Colima. “Es una playa chiquita pero están amenazados. Y bien poquitos. Nosotros tenemos 920 nidos protegidos y ellos como 100. Y tienen miedo de salir porque los tienen amenazados. Y ahí tú ves las tortugas muertas en la playa. Las despedazan ahí mismo”, relata la científica sobre un campamento cercano.

Afortunadamente, estos animales tienen las cifras de su parte. La tendencia en la mayoría de las especies de quelonios –Chelonioidea es la superfamilia de tortugas que engloba las tortugas marinas-, va hacia arriba si tenemos en cuenta que estadísticamente sólo una de cada cien tortugas alcanza el estado adulto. Responden de forma muy positiva a los proyectos de conservación, aunque según Quijano, todavía no se puede aprovechar el recurso para el consumo y el uso humano. Alberto Abreu, investigador del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) señalaba para los medios mexicanos que las tortugas marinas son un ejemplo de buena conciencia, ya que algunas especies como la golfina se están recuperando favorablemente en población a pesar de que en la década de los 60 se sacaron por millones del mar. Pero lamentablemente aún hay especies en estado decreciente

Tortuga laúd recién nacida./ M. Sanz.

 

 

 

Las tortugas marinas son un ejemplo de buena conciencia. Algunas especies se están recuperando a pesar de que en la década de los 60 se sacaron por millones del mar.

Espíritu de supervivencia

Las tortugas no son las únicas que se enfrentan a los desagravios del mundo desmesuradamente consumista en el que vivimos. Esperanza Salazar, coordinadora de la asociación Bios Iguana, ha tenido que huir de Colima para no volver a desvelar su paradero. Los activistas en México que luchan contra los poderes de grupos delictivos y la corrupción de los dirigentes políticos de los estados del país pacífico-caribeño, están constantemente en el punto de mira. “De los mecanismos de protección que implementaron, solamente me sirvieron las cámaras, porque ahí fue cuando yo pude observar en tres ocasiones que llegaron prácticamente para desaparecerme (…), pero finalmente tuve que salir de Colima”, comenta la activista de Bios Iguana sobre los sistemas de protección y amparo que ofrecen el Estado mexicano en coordinación con instituciones mundiales de derechos humanos.

La asociación comenzó legalmente en 1997. Se enfocaba en difundir la riqueza biológica del estado de Colima y hacer proyectos de educación ambiental y protección de especies en peligro de extinción. Uno de sus proyectos más significativos fue la protección y conservación de la iguana verde (Iguana iguana) y de la iguana negra (Ctenosaura pectinata). Las criaban y reproducían para reintroducirlas al medio natural, y fue en esta última fase, en la búsqueda de espacios adecuados para liberar a las iguanas, donde la asociación pasó de estar bien considerada por el gobierno del estado, a convertirse en enemigo público del mismo: “Empezamos a ver los humedales y nos dimos cuenta de que en todos ellos había proyectos portuarios, proyectos industriales y proyectos ecoturísticos y turísticos de gran impacto”, declara Esperanza. A partir de este momento comenzó una lucha que todavía persiste.

Esperanza Salazar manifestándose contra la tala de mangle en Manzanillo./Foto cedida por Bios Iguana

Conflictos de intereses

En este remoto lugar del Pacífico convergen tres factores importantes para entender el conflicto que allí se está desarrollando; en primer lugar, la corrupción política y la influencia de los cárteles. Seguidamente, el ecosistema natural de esta zona que comprende un amplio sistema lagunar que ocupa el 90% de los humedales del estado de Colima. Éste supone el sustento para cientos de familias de pescadores y salineros artesanales, y es de vital importancia para el paso de aves migratorias y para el ecosistema manglar.

Por último, entran en juego los grandes proyectos industriales como la ampliación del puerto de Manzanillo, que según un informe de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO), ya maneja alrededor del 90% de carga portuaria en la costa pacífica de México, y va camino de convertirse en el más grande de Latinoamérica. Según la Administración Portuaria Integral de Manzanillo, ocupa el puesto número 7 en la lista de los 10 primeros puertos de Latinoamérica, y es el más importante de México.

Otros proyectos de gran impacto fueron la instalación de una planta de gas natural licuado, inaugurada en el año 2012 durante la administración de Felipe Calderón, y la central termoeléctrica que lleva instalada en este ecosistema desde 1944.

Estos proyectos, según las más de 300 denuncias efectuadas por Bios Iguana, Greenpeace y otras organizaciones, violan desde la Ley General de la Vida Silvestre (LGVS), pasando por la norma 022 que protege el manglar y han llegado a vulnerar algunos derechos humanos según las organizaciones. La asociación de Salazar denunció que la instalación de la planta de gas se saltaba el ordenamiento ecológico realizado por 26 investigadores de más de siete instituciones distintas, y que se modificó el ordenamiento urbano “como un chaleco a la medida” por la SEMARNAT (Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales) y por el Cabildo del Ayuntamiento de Manzanillo.

Declara la activista de Bios Iguana:

“Nos empezamos a dar cuenta que los proyectos violentaban la legislación. Son manifestaciones de impacto de 1200 o 1500 páginas con pura basura técnica (…) llegaron muchos investigadores no solamente de la Universidad de Colima sino que vino gente de Cuba, gente de la UNAM, de muchos lados a participar en ese ordenamiento ecológico. (…) ellos vieron cuáles eran los usos que se le deberían dar a los espacios. Y todos eran de protección, conservación y restauración. No se permitía que hubiera actividad industrial dentro de la laguna más que la termoeléctrica que ya tenía 30 años o más funcionando”.

Proliferación de la violencia

Según el INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), entre el 2012 y el 2017, la tasa de asesinatos por cada 100.000 habitantes en Colima pasó de 39 a 113 convirtiéndose en la mayor del país. En muy poco tiempo el estado mexicano más pequeño y pacífico, se convirtió en el más peligroso. Y algunos, como Esperanza Salazar, apuntan a que la influencia de que el puerto de Manzanillo haya pasado a ser el más importante de México, tiene bastante que ver:

“Está en la perdición (el pueblo) cada vez que hay un huracán, hay una inundación, las casas están mal hechas, la gente esta pobre, no tienen trabajo…pero ahí está el puerto de Manzanillo que genera miles y miles de millones de dólares por lo que se la están peleando ahorita tantos cárteles. Por eso hay tanto desmadre en Colima (…). Afecta a todos los niveles, al social, ecosistema, a todo.”

Según los informes de Bios Iguana, Greenpeace y la CONABIO se ha destruido más del doble del manglar autorizado para estos proyectos. 66.65 hectáreas de mangle han sido deforestadas con sus correspondientes consecuencias. “La SEMARNAT planteó que iban a compensar 3 a 1 el manglar (…) entonces vamos a tener más mangle y vamos a tener un puerto más grande, todos felices. Y esas noventa hectáreas de manglar las querían meter en la laguna de las garzas. No se necesita ser un gran investigador para saber que un ecosistema si está de una forma es porque no tiene mayor capacidad de carga. ¿Cómo es posible meter noventa hectáreas de manglar, en doce?”, relata Salazar.

Elizabeth Velasco, licenciada en Ciencias Ambientales por la UNAM, explicaba que “al deforestarse el manglar la fauna terrestre y anfibia huyó, introduciéndose en las viviendas, ocasionando daños. Igualmente, los mapaches, las serpientes y cocodrilos entre muchos otros de los organismos que pertenecían al humedal llegaron a crear plaga, ya que había familias completas de los organismos sobrevivientes, instalados en las casas, y muchos otros los encontraban en las avenidas descontrolados, las aves quedaron atrapadas en los tubos que instalaron como pilotes para la construcción de los muelles.”

Todas las especies que vivían en el sistema de humedales destruido causaron enormes disturbios en la población y finalmente fueron exterminados. Los activistas de Bios Iguana afirman que no se hizo un seguimiento de las especies que poblaban el ecosistema. Denunciaron ante la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente que los mapaches eran atacados por los perros y acababan con ellos, y que salían cocodrilos en las calles o boas en las casas. Pero no se tomó ninguna medida.

 Todas las especies que vivían en el sistema de humedales destruido causaron enormes disturbios en la población y fueron exterminados.

 La legitimidad de los tratados internacionales

México, al igual que países europeos, además de Estados Unidos y diversos países asiáticos, ha firmado múltiples compromisos y pactos ambientales, como el Acuerdo de París sobre el Cambio Climático, o el reciente Acuerdo de Escazú (Acuerdo Regional sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe). Pero habitualmente estos acuerdos no tienen detrás sanciones o consecuencias por ser incumplidos. Las denuncias interpuestas por las organizaciones manzanillenses llegaron a Canadá, y la Comisión de Cooperación les dio la razón, pero no cambió ni un ápice el panorama industrial de la costa colimense.

 “Lo que se está haciendo (…) fue a dar a todas las esquinas del mundo. Y la única respuesta real que tuvimos fueron recomendaciones que el gobierno mexicano puede o no tomarlas en cuenta. Aquí quedó, y ya no se puede hacer más. Porque no hay un tribunal internacional ambiental. El Gobierno sale a las reuniones y firma todo en materia ambiental y de derechos humanos. Pero mira el país como está. Estamos caminando sobre asesinados. Estamos caminando sobre mujeres violadas y asesinadas. O sea, enterradas en cualquier lado. El país está cayéndose en pedazos. México firma todos los convenios (…) pero la corrupción está a la orden del día”, afirma la activista exiliada.

“No hay un tribunal internacional ambiental. El Gobierno sale a las reuniones y firma todo en materia ambiental y de derechos humanos. Pero mira el país como está. Estamos caminando sobre asesinados.”

Biodiversidad vs sociedad de consumo

El doctor en Biología y exrector de la UNAM, José Sarukhán, comenta en entrevista con el investigador José Luis Lezama, que no se puede vivir sin afectar a la naturaleza. Que la vida funciona a base del intercambio y la adquisición de energía con el medio y así, poder ejercer las funciones vitales. Pero mantiene que esto se puede hacer de forma sostenible sin llegar a puntos de no retorno, y que habitualmente los gobiernos no tienen en cuenta el coste ambiental y social de sus acciones.

Cuando hablamos de perder biodiversidad, estamos hablando ni más ni menos que de perder el sustrato biológico que mantiene la vida en la tierra. Incluida la nuestra. Pues la pérdida de biodiversidad incrementa los efectos del cambio climático. Haití, por ejemplo, es un país arrasado en lo que a biodiversidad se refiere y cada vez que tienen un fenómeno climatológico desastroso, no se recupera porque se ha quedado sin recursos. La tierra es devastada y no hay vegetación que aminore los ciclones u otros factores de contención. Esas consecuencias las acaba pagando la población haitiana.

Otro ejemplo visible de esto, pero a nivel de fauna, son los arrecifes coralinos. Marco Liñán de la Facultad de Ciencias Marinas de la Universidad de Colima (FACIMAR) se dedica a la recuperación y restauración de los arrecifes coralinos en Manzanillo. Entre los beneficios de la existencia de comunidades coralinas saludables, encontramos que evitan que se erosionen las costas, son resumideros de CO2 y promueven la aparición de biodiversidad, ya que son el hogar y lugar de alimentación y reproducción de multitud de especies entre otros. Pero efectos naturales como el fenómeno El Niño, y efectos antropogénicos como las modificaciones de la línea costera y los proyectos industriales, están acabando con estos ecosistemas en las playas manzanillenses.

Tanto es así, que el doctor Liñán advierte de que el problema con estos arrecifes ha pasado a un nivel crónico y que definitivamente, van hacia la degradación, a pesar de su importancia y su papel en los ecosistemas costeros: “Las autoridades tienen mucha tensión hacia cosas que se ven. Por ejemplo, los políticos pueden tener afinidad para hacer proyectos de sembrar árboles. Una actividad en el campo, que se vea, pero cuando uno les habla de que están pasando cosas bajo el mar y que no pueden ir a tomarse la foto entonces ya no es el mismo apoyo, ya no interesa tanto (…) a parte tenemos otros problemas aquí en la región. La seguridad es uno de los más fuertes. (…) Ves por todos los lados un despliegue de federales, entonces más bien ese es el foco de atención. Que empiece a degradarse un arrecife pues no es algo que la autoridad lo vea. Es la cosmovisión de nuestros gobernantes”, recalca Liñán.

Organismos adheridos a un neumático en el fondo marino./ M. Liñán.

Cuando hablamos de perder biodiversidad, estamos hablando de perder el sustrato biológico que mantiene la vida en la tierra.

Manzanillo es el claro ejemplo de cómo en nombre del progreso y del desarrollo económico y social, se emprenden una serie de acciones devastadoras contra los ecosistemas en los que vivimos los seres humanos, además de otros organismos, dando manga ancha a la industria a través de la corrupción y los intereses personales. Cuando uno pasea por sus calles se da cuenta de que las personas no tienen una excelente calidad de vida gracias a estos proyectos. No gozan de mejores trabajos y mejores sueldos y lo que es peor, quienes vivían de la explotación sostenible de los recursos de las lagunas que eran muchos, se quedaron sin sustento por el desastre ecológico que los proyectos industriales han causado en la zona, y que son ya prácticamente irrecuperables. Testimonios recogidos en diversos documentales y trabajos, sacan a la luz cómo los cuerpos de agua han sido contaminados por estas instalaciones.

Christian Daniel Ortega, también de FACIMAR, y su equipo de voluntarios GUIMM (Grupo Universitario de Investigación de Mamíferos Marinos), estudian las comunidades de mamíferos marinos que pasan por esta zona del Pacífico y hacen un especial seguimiento de las ballenas jorobadas (Megaptera novaeangliae).

También desarrollan su lucha por la conservación de forma autónoma. Han llegado a impartir charlas y talleres en las comunidades pesqueras para acercarse a la conciliación entre el desarrollo humano y la migración de. La pesca en esta zona es de momento el principal afectante para estos grandes mamíferos. Pero no es el único por desgracia.

Miembros de GUIMM se preparan para sacar fotografías y una muestra de piel de una ballena jorobada./ M.Sanz
La flecha de la ballesta se clava en el animal sacando una muestra de tejido./ M. Sanz.

La contaminación acústica, afecta a las ballenas y a otros habitantes ya no del Pacífico mexicano, sino de los océanos en general: “(…) se ha visto en algunos animales que si extractos de la búsqueda de combustibles en el fondo marino están muy cerca de algún grupo de ballenas, les puede afectar el oído interno y como su principal sensor o sistema de navegación es mediante el sonido, les causa daño interno y varan y mueren. De eso ha habido evidencia a nivel mundial”, comenta Ortega.

Todos estos individuos, forman parte del ecosistema por selección natural. Han sobrevivido, se han adaptado y según apunta Ortega, “merecen estar ahí. Forman parte del ecosistema, de cadenas tróficas, del flujo de energía, son importantes.”

Pareja de ballenas jorobadas entre Barra de Navidad y Manzanillo./ M.Sanz

El progreso de la destrucción

Como expresa el economista mexicano Enrique Leff en su libro Saber ambiental: Sustentabilidad, racionalidad, complejidad, poder “La degradación ambiental, en riesgo de colapso ecológico, la desigualdad social, la pobreza extrema, son signos elocuentes de la crisis del mundo globalizado. El saber ambiental se configura en la hibridación del mundo marcado por la tecnologización de la vida y la economización de la naturaleza, por el mestizaje de las culturas, el diálogo de los saberes y la dispersión de subjetividades, donde se están resignificando los sentidos existenciales a contracorriente con el proyecto unitario y homogeneizante de la modernidad.

En nosotros está interiorizar que el progreso, tal y como lo entendemos, no está yendo en la dirección correcta. Las tortugas desovan encima de los plásticos, la población de ballenas de Washington pasa cada año por Manzanillo, las orcas entran en las bahías, y los corales luchan en las ácidas aguas de nuestros océanos. Pero cada vez menos. La comunidad científica aboga por el deterioro incontrolado de los ecosistemas y no por su recuperación. Myriam Llamas, miembro del grupo GUIMM, relata que “cada vez están peor los ecosistemas y hay más extinción de animales. El mar es la fuente de todo. Es el principal proveedor de oxígeno y si termina por morirse nos vamos a morir nosotros. Y ya está muy contaminado. No creo que estemos a un nivel de punto de retorno. Va a terminar siendo ácido el mar y ahí sí que… que si no paramos vamos a terminar con todo”.

La comunidad científica aboga por el deterioro incontrolado de los ecosistemas y no por su recuperación

De acuerdo con esto, Christian Ortega ve más probable que en unos 30 años haya construcciones dentro del mar porque no quede ya tierra para construir, y asegura que el nivel de “desarrollo” va a terminar dejando el planeta como aparece en la película de animación Wall-e. La organización WWF mostraba en su 12ª edición del Informe Planeta Vivo que en los últimos 40 años hemos acabado con el 58% de las especies animales salvajes de la tierra. A este nivel de devastación, no damos tiempo a los ecosistemas a regenerarse. Esperemos que en algún momento se apueste por modelos de economía circular y que entendamos, que nuestras prácticas del día a día y nuestro estilo de vida afectan de forma directa al mundo en el que vivimos.

 

 

*Un trabajo más bajo la tutoría de la Universidad Miguel Hernández/Elche, España.

 

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