Por Vinicio Chaparro*
Capítulo nueve
A veces tempestades
No les he contado… agarren el chal, hay aún otros estereotipos que murieron en este viaje al epicentro de la tierra. Pero antes de seguir la matazón, se impone una reflexión: ¿Qué significa que los estereotipos mueran? En términos prácticos ¿de qué sirve que los estereotipos se vayan a chiflar su máuser, de nuestras vidas?
Bueno, pues, con mucha pena, vamos a tener que seguir con el tema.
Ya se han de haber percatado desde el título que, esta mañana, este improvisado reportero emergente amaneció muy poeta, entre Amado Nervo y Neruda, (brincos diera). Los que no gusten de la sangre ni de versos chafas pueden esperar el siguiente capítulo, va a hablar de deporte, de futbol y de Cuauhtémoc Blanco, ese magnifico personaje de estudio, muestra invaluable de la antiética en el deporte e hijo putativo de Televisa, nuestra madre intelectual (bueno, madre intelectual de los que le van al América, no todos somos tan mansos e ingenuos, por no decir palabras feas, de todos modos yo le voy a los pumas, y ¡odio al América como ellos me odian a mí!). Va haber polémica, perderemos a todos los fans de Lucerito y de La Gaviota, a todos los aficionados americanistas y a un que otro del Cruz Azul, seguro, nos vamos a quedar a pie, pero la rueda de la antropología no se puede detener por simple pasión futbolística o por amargas lágrimas de cocodrilo. Sorry.
Por lo pronto sigamos la estereomatazón y derramando sangre en el pavimento, pintando las calles de rojo para no tener que lavarlas cada día que los narcos hacen su trabajo con tanta pasión. (¿Ya ven?, debiera ser poeta, los versos aparecen de manera natural).
Parece que este viaje nos podrá ayudar un poco a borrarnos estructuras mentales y apreciaciones estéticas de la vida y el pensamiento, que llevamos en el lomo como costales con piedras, desde que llegó una cultura de occidente que, muy oronda y barbona, puso una cruz, leyó un pergamino e impuso sus dioses, sus reglas, sus tributos, sus impuestos, sus sueldos, sus azotes, sus límites territoriales, sus páginas de sociales, su horario laboral y hasta nos ordenó que pensar.
Recuerden que cuando el crucifijo no surtía efecto, el arcabuz lo suplía. Hoy, como en aquel entonces, los mismos tataranietos de los presos que sacó Hernán Cortéz de las prisiones para venir a enriquecerse; desde una pantalla brillante, nos dicen que champú usar, que corte y color de pelo debemos lucir, que sopa instantánea debemos ingerir, por qué político votar y hasta en que dios debemos de creer. Solo que ahora a esa forma de control mental le llaman neoliberalismo. Y no hay piedad, nos meten a sus estereotipos a hasta por allá por donde les platiqué. “Desde que empezamos a pensar, nuestras guarderías, (cuando no se queman), se saturan de pinturas de Bob Esponja y Winnie Pooh, hasta la saciedad. Blanca Nieves es la reina de los muros coloridos de los jardines de niños. La historia indígena ha desaparecido de los libros de texto, para que el cuchillo descerebrador corte como mantequilla el tierno cerebro de nuestros hijos. Después será más fácil ponerles unas horrorosas máscaras para que salgan a pedir Halloween”.
Y mientras, seguimos cargando ese pesado costal de huesos de estereotipos petrificados en nuestras espaldas. Hoy, por primera vez, vamos a poder quitarle unas cuantas piedritas a ese costalote. Para eso sirve este destripadero, para matar los fantasmas que nos hacen creer a pie juntillas todo lo que nos indica la cultura occidental y, de esa manera, tal vez con un poco menos de peso en nuestras genuflexas espaldas, podramos rescatar un poco de nuestro pasado indígena. Bien dijo Ofelia Medina al inicio de la rebelión de los zapatistas: “Todos tenemos una gota de sangre india en nuestras venas. Sólo falta reconocerlo”. Hay que llevar a esa gota a que se dé un paseo por nuestras teleadictas neuronas, no basta con leer National Geographic.
Haciendo un recuento de daños, podremos observar que ya pasaron a mejor vida aquellas ideas de que sólo los blancos pueden gobernar (Evo Morales puso el último clavo al ataúd). Luego también se acabó la vieja idea de que sólo mediante la ganancia se puede organizar a una sociedad (le llaman libre mercado) y de que los gobernantes merecen un enorme sueldo para realizar su labor y que sean como dioses o genios sacados de una urna electoral, pero sobre todo, ya murió la creencia de que los indios son pendejos, güevones y pusilánimes, así les llamaban los españoles cuando se conocieron, o de que todos los argentinos son mamones. Eso, creo que a estas alturas, ya debe estar un poco más claro. Espero.
Pero todavía hay otros estereotipos que tienen que morir. El del descubrimiento de América, ésa gran mentira que usaron los españoles y el Papa para justificar la apropiación de las tierras de los habitantes originales de América, y falta darle una buena ráfaga de Cuerno de Chivo al estereotipo que nos obliga a creer el que los americanos sean unos sujetos rubios y de ojos azules, como los que llegaron después. Que magnífica estupidez. ¿O sea que los estadunidenses no solo despojaron a los indios de su tierra, sino hasta de su propio patronímico, dejando para ellos solo los nombres de sus equipos de futbol y de sus helicópteros de ataque? ¿Saben que la operación para matar a Bin Laden se llamó Gerónimo? ¿Paradójico, verdad? ¿No nos sorprendería que alguna operación para acabar con los zapatistas se llame Moctezuma? ¿Ya que nos puede sorprender de semejante cinismo? Geopolítica le llaman hoy, antes la llamaban conquista.
Pero hay un estereotipo al que vamos intentar darle chicharrón ahora. Es muy importante. Más peor que el de la muñeca Barbie.
Les contaré. En las revistas, cuando alguna mujer ve a un niño, usualmente dice ¡¡¡Qué hermoso!!! Y sí, lo ves y el niñito es verdaderamente hermoso. Blanco, ojos azules, una cuantas chilpas güeras, su boquita bien definida con sus labiecitos carnositos y con un enorme sonrisón de Colgate, aún sin dientes, o con un enorme chupón de miel. Cuatro kilotes de salud y sus cachetotes, sublimes, esponjaditos, rositas, como acabados de llenar de rubor. Bueno, a algunas lectoras de dichas revistas, las he visto que hasta pellizcan en el papel sus cachetes, (los del niño, no los de ustedes), figuradamente, y otras mas atrevidas y emotivas, hasta le zampan un besote tronadote a la foto. El clásico niño Gerber.
Claro que las mismas personas, cuando ven al hijo recién nacido de la sirvienta, le dicen ¡Qué bonito!, pero con él, sólo besan los dedos de sus manos y con sus puntitas, con un poco de asquito, llevan el beso al cachete del infante morenón y pelitos parados y se voltean y se alejan rápidamente sacando discretamente un trozo de Kleenex para limpiar los dedos y alejar "la infección".
Ese es el estereotipo de los niños bonitos en el capitalismo. Blancos y bonitos. Gerber es la empresa que mejor ha manejado a este estereotipo infantil. ¿Los indios?, los indios, sólo salen en National Geographic.
Pero, ¡Oh, sorpresa!, (hay que decir, Oh, sorpresa, cada vez que pretendamos alertar al lector), de pronto algo sucedió. Paren oreja.
Nos encontrábamos tirados Fabi y yo, con un tronco como almohada, escuchando toda, pero toooodototota la historia piquetera de Argentina, cuando se acercaron, sin darnos cuenta, tres marabuntitas. En vivo y a todo color. Nos ofrecían tamales, tamales de frijoles. ¿Cuánto?, les preguntó Fabi, mi mejor amiga, confesora y terapeuta profesional, hasta que una mala broma me la perdió para siempre, (ya, Fabi, ¿cuantos años requeriré para conseguir tu perdón?, ya, plis), nos dijeron que dos pesos con cincuenta centavos (18 centavos de dólar). Bromeamos y platicamos un poco con ellas, con las vendedoras de tamales de frijoles, y sus ojos se metieron en nosotros. Eran calladas como sus padres, pero sonrientes y tímidas. Y sí, sus profundas miradas de antropologuitas, se metieron dentro aquí. Veían como zapatistas, a pesar de su corta edad.
Además esos tamales de frijoles, que resultaron ser dos. ¡Dos por dos cincuenta!, me hicieron pensar en el Nobel de Economía, otra vez. Pero ahora no se lo contaría al Yeneral Ányol.
En realidad, hay que reconocer que el contacto con los zapatistas, con las bases de apoyo, no fue muy íntima, sólo con la marabunta que ahí estudiaba, jugaba y vendía tamales de frijoles tuvimos un acercamiento mas cerquita con el zapatismo y estuvimos solo tres días ahí. Entonces no se puede decir que este estudio cumpla con las características académicas para lo que dice ser, bueno, ni para una tesis profesional. Pero cuando mi ex amiga y ex terapeuta personal y un servidor, tuvimos aquella cercanía con las marabuntitas, lo comprendimos todo. Hay otro tipo de belleza.
Otra forma de pensar. De ver, de apreciar. Pero para lograrlo necesitaríamos otra revolución. No bastaría con un Ooohmmm.
La marabunta no le pide nada a los niños Gerber. “Nooooombre. Ésta, Vinicio”, me dijo Fabis con sus ojos llenos de agua, “ésta es la belleza indígena”, eso dijo Fabis cuando todavía era mi amiga. “Tenemos que despojarnos de nuestros estereotipos occidentales”, murmuró, mientras limpiaba la traición de sus lágrimas. Extraño la amistad de Fabis, es mi culpa y a los estereotipos los empezó a matar ella. Ella, con su enorme sensibilidad.
Claro, Fabi tenía razón, ésos, ésos eran los verdaderos americanos. Y su belleza infantil.
Los de allá, allende el Bravo, los güeritos, los de Mi Pobre Angelito, eran los impostores.
“Todo ser humano es bonito, aunque le falte una pata o un ojo, la belleza está en otro lado, adentro”, decía mi sabio abuelo. Hay un chiste racista que dice que cuando son bebés, hasta los negros y los burros son bonitos. Es cruel, si, lo sé. Pero eso significa que los negros son tan feos como los burros. Eso es racismo puro, de alcurnia, muy común, pero ¿qué culpa tienen los burros del racismo de los humanos? Sin ofender.
Las páginas de sociales están llenas de "gente bonita", como en los antros de Cancún. Abajo, en la maquila, en los guetos urbanos y rurales, los mocos, la piel morena, los jiotes (esas terribles manchas grisáceas en la cara por motivo de la falta de vitaminas, justo antes de la inanición), hacen de nuestro mundo un submundo, el de los feos, a los que no nos quieren en sus malls.
Pero en fin. El mayor y más dañino estereotipo es el de que para ser bonita hay que ser güera, como mi novia Marilyn Monroe. Ya nadie está conforme con su pelo negro. El cambio de imagen es contundente en la televisión. Todo enfocado a ocultar nuestra piel oscura y nuestras huellas de acné.
Pero en La Garrucha también murió ese estereotipo. La Marabunta lo mató.
Es el estereotipo de que sólo los niños blancos eran bonitos.
¿Quién dijo que los indios son feos? Son pobres, son morenos, no comen bien, no tienen agua caliente ni las pavorosas cremas para la epidermis de Michel Jackson. En realidad su ropa no les ayuda mucho, no los viste Chanel. Y tienen alguna que otra espinillita, grano, acné, mancha o afín. Pero, es que no les alcanza para comprar Asepsia. Su porte no es muy vertical, las cargas de leña que tienen que cargar por la vereda, desde niños, los ha doblado un poquitín. No tienen el cabello de Thalía, ni el lunarcito coquetón de Cindy Crawford. Sus pies están maltratados un poco, también. Sus huaraches son de manufactura muy rudimentaria. La lotería no ha tocado sus puertas. La miseria no les permite desenvolverse y lucir mucho en las galas de alfombra roja. Pero… aquel día, con la marabunta vendiéndome tamales de 2.50 pesos, se me murió mi alma neoliberal.
La marabunta también me la mató.
Pero para cerrar con broche de oro, les voy a matar otro estereotipo mamón. El de que los indios nos saben lo que son. Este es un texto que nos envió una asidua lectora de esta Crónica Sarcastrónica. Dice así:
“Qué orgullosa me siento de ser indígena Wayuu, esa sangre que corre por mis venas, que alimenta mi cuerpo y hace vibrar mi espíritu, que me mantiene siempre despierta y vigilante, y me recuerda siempre que soy hija del desierto, de la tierra del sol y el viento, que siempre debo permanecer erguida como el cactus, si su piel se destruye por la inclemencia del sol y a veces tempestades, su corazón perdura en el tiempo y el espacio”......Daisy Hernández.
¡¡¡Tóooooomala, gateado!!!, dicen en mi rancho.
Vinicio Chaparro
Enviado especial de
Proyecto Nedni
* Tomado del libro, El Otro Lado de la Luna, del mismo autor.


Gracias por copiar y distribuir nuestra obra, reconociendo su autoría.







3 de mayo del 2012 at 9:54 am
Fantástico, mucha verdad en lo que dice, no somos mas que unos indios desindianisados, descultarizados….La gran mayoría sin memoria histórica, mexicanos mestizos descultarizados… que nos negamos a aceptar nuestras verdaderas raíces, nuestra identidad, despreciando al mismo tiempo los valores de nuestros pueblos y culturas propias, pero eso si pregonando sangre europea o americana, y negando la sangre indígena que todo mexicano llevamos dentro Racistas de nuestra propia gente, que si tienen y aceptan su identidad.
3 de mayo del 2012 at 2:17 pm
juar juar , yo soy de piel blanca y cabello claro mi niñes la viví mucho tiempo en un barrio donde vivía con mis padres en una casa duplex de infonavid.
desde niño con mis amigos simpre me diferencie por ser el guerito, yo me crié con ellos en la calle jugue con ellos, asta estudie con ellos y siempre me molesto ser el guerito, el gringuito, el ricky ricon, mi madre me decía que no les hiciese caso que me tenían envidia.yo en aquel entonces habría querido ser moreno. que papel jugaba si ser mexicano era ser moreno, ser gringo era hablar ingles y ser rico era tener dinero.
4 de mayo del 2012 at 1:50 pm
No estoy de acuerdo cuando menciona sobre las vestimentas indígenas, nuestros wirrarikas tienen vestidos hermosos y creo que no terminaría si me pongo a mencionar la belleza de vestimenta que tienen todas nuestras etnias. Mi padre habla la lengua Náhuatl, es de la sierra de puebla y vivímos en la ciudad de México, desafortunadamente yo no aprendí la lengua porque a él le daba pena hablar Náhuatl frente a los "Chilangos". Sin embargo me ha enseñado poco y yo siempre presumo que mi padre es indígena... y claro que he sufrido de discriminación por ello, aah pero no les digas que hablas inglés o alemán porque así es diferente la cosa... Muy buen artículo... VIVAN LOS PUEBLOS INDIOS!!!!
4 de mayo del 2012 at 9:48 pm
LA HISTORIA SECRETA DE LOS MEXICANOS Y ''NATIVO AMERICANOS'' LA ENCONTRARASS EN EL SIGUIENTE PAGINE WEB MEXICA-MOVEMENT.