En Coahuila, uno de los campos de exterminio

Coahuila. Foto: Telemundo
Coahuila. Foto: Telemundo

-El mayor campo de exterminio de Los Zetas habría sido localizado en Patrocinio una localidad del estado de Coahuila.

-Entre 2007 y 2012 Los Zetas habrían usado esta área como terreno de ejecución y vertedero de restos humanos.

-La Procuraduría de Coahuila aseguró que las osamentas fragmentadas tenían “un alto grado de carbonización y calcinación”.

En una pequeña localidad semidesértica se encuentra lo que podría ser el mayor campo de exterminio en México. Entre 2007 y 2012 el grupo paramilitar Los Zetas habría usado esta área del noreste de México como terreno de ejecución y vertedero de restos humanos. Desde 2015, en el área de 56.000 metros cuadrados se han recogido 4.600 restos y fragmentos óseos, además de huesos, retazos de ropa, zapatos y casquillos.

De acuerdo con el grupo cívico Vida, residentes en la zona cuentan que hombres armados llegaban en camionetas, bajaban cuerpos de personas y los incineraban, aunque otros eran disueltos en grandes recipientes con ácido. Algunos eran ejecutados allí mismo.

Informe detalla masacre de Zetas de 2011 ignorada por años 

A pesar de que se han reportados miles de desaparecidos, sólo están documentados unos pocos secuestros realizados por los Zetas.

A mediados de octubre, la Procuraduría General de Justicia de Coahuila aseguró en un comunicado que las osamentas fragmentadas tenían “un alto grado de carbonización y calcinación” y pertenecían sólo a tres personas, pero poco después, Homero Ramos Gloria, Procurador de justicia estatal, admitió que habían encontrado seis perfiles genéticos en el terreno.

Ramos consideró que se podrían identificar entre tres y seis perfiles genéticos más entre los tres mil restos de huesos y señaló a Los Zetas como responsables de los asesinatos y desaparición de cuerpos en Patrocinio.

Otros dos lugares vecinos se habrían usado para desaparecer cuerpos: Piedras Negras y Allende. El funcionario informó que hay 27 funcionarios detenidos y 17 más se encuentran en proceso judicial a causa de las fosas clandestinas.

Coahuila ha estado en el epicentro de las guerras entre los cárteles de Sinaloa y Los Zetas, este último considerado el más sanguinario del país.

Fuente: Telemundo.

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Lydia Cacho

Plan b / Cimacnoticias

Entrevisté a un agente de la CIA en México, ya jubilado. Trabajó algunos años como asesor en seguridad privada para grandes corporaciones internacionales; montó oficinas de inteligencia para blindarles de la delincuencia organizada. Me hizo varias confesiones que publicaré en un libro, pero una de ellas viene al caso para este fin de semana.

El experto aseguró que el gran éxito del gobierno mexicano para mantener a la sociedad sometida a las violencias cruzadas (delincuencia común y organizada, violencia de Estado y policiaca, impunidad e ineficacia penal), radica en el fervor guadalupano de la mayoría. Lo que me pareció una broma terminó convirtiéndose en una explicación razonable sobre los hábitos de la sociedad mexicana para enfrentar la narcoguerra.

Esa tediosa e interminable culpa cristiana, el miedo a la autoridad patriarcal, el pavor a enfrentar las crisis y los conflictos de formas no violentas y efectivas, son los ingredientes que unificados permiten que la frase “tenemos el gobierno que merecemos” permanezca y se reproduzca en las nuevas generaciones.

Es sencillo rebatir esa filosofía derrotista de la absurda y equivocada visión mexicana de los problemas que abaten a nuestra sociedad, tales como la violencia mortal, el crecimiento de los grupos de delincuencia organizada, las desapariciones forzadas, los altísimos niveles de impunidad y la persistente corrupción de las agencias del Estado (todo ello en un solo enjambre que avala el fortalecimiento y la justificación del estado policiaco punitivo de la sociedad crítica, que se resiste a la prevención, al diálogo, a la persecución de los delitos más notables en sus líderes políticos).

Esta semana, en el estado de Coahuila, un grupo encabezado por la valiente ciudadana Silvia Ortiz, encontró lo que se ha denominado un campo de extermino con fosas clandestinas en las que, hasta el momento, se han encontrado 600 restos humanos. Los datos oficiales reportan que en el estado han desaparecido 2 mil personas, los extraoficiales dicen que 3 mil. A partir de esta noticia las autoridades locales se vieron forzadas a reconocer públicamente que desde abril de este año, ya la policía había encontrado más de 3500 restos humanos de niñas, niños y adultos.

Paralelamente en Veracruz, la fiscalía encontró los cuerpos inertes de tres jóvenes estudiantes recientemente reportados como desaparecidos, una mujer y dos hombres. Cuando las madres y padres fueron llamados a servicios periciales, las autoridades cometieron un acto de crueldad insólito: abrieron las puertas de las cámaras frías, allí sobre las mesas metálicas estaban a la vista los jóvenes cuerpos, casi aniñados, sangre escurriendo de las planchas y las ropas de las víctimas tiradas como despojos. En un arranque de desesperación, madres y padres corrieron hacia sus hijos, el olor fétido de ácido sulfúrico, formol y descomposición resultaba insoportable, pero nada les detendría de intentar mirar y resguardar los cuerpos de sus hijos e hija que habían desaparecido luego de ir a un centro comercial.

Estas historias se repiten a diario en México, lo que sigue sorprendiendo es que, al tocar estos dos temas en redes sociales, una gran parte de usuarios sigue culpando a las víctimas, a sus padres, a la sociedad. “Tenemos este gobierno impune porque la gente votó por ellos”, insisten los comentaristas.

Yo digo que no, que tenemos este gobierno porque hay una política de Estado que permite la guerra entre cárteles por el poder político, porque los partidos han logrado incluir en sus huestes a lo peor de México, que han sido infiltrados por las mafias, la delincuencia organizada; que una sociedad que vive en democracia paga impuestos para que profesionales y expertos lleven las riendas del país, que son ellos, gobernadores, procuradores, jefes policiacos, jueces, alcaldes y congresistas los verdaderos responsables de que haya campos de exterminio en México.

No debemos seguir insistiendo en que es culpa de la sociedad, a la que no le corresponde la investigación y persecución de los crímenes de lesa humanidad o de los delitos comunes, ya suficiente hacemos en materia de prevención y educación. Culparnos es desviar la atención de los verdaderos responsables de esta crisis. Hay que sumarse a los colectivos que tienen evidencia de los responsables y multiplicar el poder ciudadano hasta lograr su arresto, su renuncia, su sentencia nacional e internacional.

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