El por qué no me siento orgulloso de ser mexicano

Bandera con el escudo inverso como forma de protesta en México.
Bandera con el escudo inverso como forma de protesta en México.

 

Por Emmanuel Ameth 

Somos mexicanos simplemente porque nacimos en una extensión de tierra determinada que ya había sido bautizada con un nombre del cual heredamos su gentilicio, un lugar en el que desde temprana edad fuimos adoctrinados para asimilar sus costumbres y también para enorgullecernos de aquella que nos han dicho que es su Historia, nuestra historia.

El patriotismo no es otra cosa que una herramienta de control social, un recurso para someter a la población dispar a una identidad colectiva que pretende hacernos únicos y especiales ante el resto del mundo, una propaganda de autoestima para una nación flagelada en cuyo corazón predominan claras segregaciones por motivos de raza, género, ideología, condición social y hasta de ubicación geográfica.

La mexicanidad es una farsa, un discurso sentimental que nos aleja de nuestros semejantes en una sociedad que hoy ya es cosmopolita, un supuesto modo de ser que etiqueta por igual todas las expresiones, así sean producto de una mimetización histórica cuya raíz ya no es apreciable.

No hay contradicción alguna en tener empatía con mis semejantes, con la gente que me rodea, respeto a sus creencias… sin aspirar a ser esa contradicción que dicen, es ser un mexicano.

Porque siendo el himno nacional una apología a la guerra, el mexicano ama tanto sus cadenas que teme salir a marchar.

Porque la bandera nacional alude en sus colores símbolos indefinidos, que por su naturaleza son sujetos a diferentes interpretaciones, en tanto que el diseño de su escudo fue dictado y no consensado.

Porque como héroes nacionales tenemos como padre de la patria un Hidalgo que en lugar de Independencia buscaba en Fernando VII a su nueva administración monárquica, y en Juárez, un mercenario fallido que no pudo ratificar la venta de más territorio a los Estados Unidos de América y cuyo enaltecimiento en su natalicio obedece a intereses de supersticiosos.

Porque añoramos una extensión territorial denominada Nueva España, que no México, un mero producto de la ambición e invención del genocida Cortés –otrora llamado conquistador-.

Porque incluso la insurgencia civil marcó el nacimiento de la esclavitud institucionalizada y que hoy es un cáncer llamado PRI.

Porque en la Primera Intervención Estadounidense hubo más dignidad en los extranjeros del Batallón de San Patricio y en Nicholas Trist; en los civiles mexicanos cuyas viviendas fueron bombardeadas, en los jóvenes que defendieron Chapultepec, que en las fuerzas castrenses de la nación.

Porque incluso se conmemora como fiesta nacional el repeler al ejército francés, solamente para que un año después el país fuera nuevamente invadido y se instalara un nuevo imperio.

Porque llaman madre patria a la tierra de los genocidas que exterminaron hasta el 90% de la población indígena en sólo un siglo.

Porque durante las fiestas patrias se coloca en un pedestal de identidad a la charrería, cruenta práctica que además es machista.

Porque nuestras culturas prehispánicas de ese pasado mítico que añoramos,  se caracterizaron por sacrificios donde los corazones eran extirpados y los cuerpos descuartizados.

No me siento orgulloso de ser mexicano porque quieren que me arrodille ante una virgen morena que es más un plagio pintado con descuido, que una bella creación colonial.

Porque haber nacido en este territorio no nos da derecho sobre nuestras bellezas naturales, si bien los extranjeros son los que se adueñaron de ellas.

Porque el mexicano se describe a sí mismo como feliz e ingenioso, cuando es 39 de 100 evaluados en patentes mundiales y asocia a la felicidad con el éxito, auto engañándose en los primeros lugares cuando sus condiciones de vida son precarias.

Porque si bien no tenemos el gobierno que merecemos, no hacemos nada para sacar a estos vividores del poder.

Porque nos indignamos del trato que reciben nuestros paisanos en los Estados Unidos, pero no somos capaces de hacerlo por nuestros hermanos centroamericanos.

Porque el petróleo que forjó nuestras instituciones, hoy lo regalan al extranjero como si fuera un simple bien y no un símbolo de la riqueza nacional usada para nuestro propio beneficio.

Porque simulamos una democracia donde tenemos la supuesta libertad de votar según nuestro criterio, pero donde la baraja de elecciones es impuesta por unos cuantos.

Porque los gobernantes nos someten con nuestros propios hermanos, quienes se han creído que son nuestros enemigos.

Porque el cambio no está en uno mismo y no se sale adelante solamente echándole ganas.

Porque no somos propietarios de nada y en cambio, lo debemos todo.

No, en estas fiestas patrias, yo no voy a clamar ninguna independencia que no poseo porque no soy libre: dependo de la política económica que es ideada por aquellos que se sirven a sí mismos, de las decisiones que toma alguien por quien nadie debió votar, del adoctrinamiento de unos improvisados y de la crítica de los cegados.

No me siento orgulloso de ser mexicano.

Guadalupe Lizárraga
Periodista independiente. Fundadora de Los Ángeles Press, servicio digital de noticias sobre derechos humanos, género, política y democracia. Autora de Desaparecidas de la morgue (Editorial Casa Fuerte, 2017).

3 thoughts on “El por qué no me siento orgulloso de ser mexicano

  1. Primero , dijo Porfirio Diaz…:”Pobre de Mexico tan lejos de Dios,pero tan cerca de los Estados Unidos “.
    Tu dinos SIHUBIERA GANADO FULANA O SUTANO:—————–
    {rellenar tus barbaridades ignorantes }
    ” las decisiones que toma alguien por quien nadie debió votar”
    ,Respeto , cuando gane tu candidato apoyalo ,y tambien si pierde no te amarges

  2. Bien, de acuerdo en todo, siempre y cuando no se entienda implícitamente que, por ejemplo, sí hay gente que auténtica y honestamente se pueda sentir muy orgullosa de ser gringa, o francesa, o española, inglesa, sueca, japonesa, coreana….., porque allí no se aplican ninguno de los argumentos aquí expuestos. Como no se expresó explícitamente, entonces es perfectamente posible que muchos lectores supongan que lo dicho sobre México no es el caso de muchos países, cuando es perfectamente aplicable a una vasta mayoría de ellos. Los estados-nación no se crearon por consenso ni tienen símbolos patrios creados por consenso, ni tampoco son fieles a los valores declarados. Estados Unidos, por ejemplo, lleva consigo en su devenir histórico una de las mayores incongruencias entre sus “valores” y su realidad. No, en la vasta mayoría de países lo que reina son los intereses de las oligarquías monárquicas o republicanas que gradualmente, y como resultado de un sinnúmero de imponderables en el momento de su creación, fueron dando forma a un coto nacional en exclusivo beneficio de los muy privados intereses de dichas plutocracias. De tal suerte que para que el autor fuese congruente con lo vertido, lo coherente sería también declararse “ciudadano del mundo”. Así nos quedaría claro que por desgracia no se puede ser apologista de ninguna nación, porque todas tienen en mayor o menor medida un enorme caudal de contradicciones entre la realidad y sus supuestas identidades y valores. No debe sorprendernos, pues este es un rasgo central de la condición humana. Entonces, hubiese sido perfecto si el autor lo hubiese aclarado. Como no fue así, no nos queda otra opción mas que quedarnos con la duda.

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