El ejemplo de Trump en Holanda

14 de Febrero del 2017

Con voz propia

Geert Wilders, candidato de ultraderecha en Holanda. Foto: red

Dianeth Pérez Arreola

El 15 de marzo hay elecciones en Holanda para renovar 150 escaños en la segunda cámara y las campañas sucias ya empezaron. 

Nuestro Trump holandés, el ultraderechista Geert Wilders, ha decidido no acudir a un debate en televisión porque la cadena decidió invitar a cinco y no a cuatro partidos, lo que habían previamente acordado. Si el señor Wilders necesita compartir la atención con una persona más en el estudio, pues no va y punto. El debate ha sido cancelado y Wilders anunció que se va al carnaval.

El rechazo a la invitación de la cadena televisiva puede ser un pretexto para no ser cuestionado por la fotografía alterada que hizo circular hace unos días, donde se ve a Alexander Pechtold, uno de sus contrincantes, en medio de una manifestación de partidarios de la implantación mundial de la ley islámica.

Ante el horror de todos los partidos políticos, y el enojo de Pechtold por manipular su imagen, Wilder se limitó a llamarlo “drama queen”. Si, aquí también el nivel de las campañas está a nivel de piso y se usa la “verdad alternativa”.

Además Wilders tuvo el descaro de postear en las redes sociales el “éxito” alcanzado con la foto falsa de Pechtold en la manifestación pro ley islámica, haciendo una lista de todos los medios que hablaron de su acción –no importa que haya sido negativamente-, lo importante es llamar la atención.

Además hay que sumarle el temor de un ataque de hackers en las elecciones, y por eso el Consejo Electoral holandés va a contar a mano todos los votos en las próximas elecciones y comunicará por teléfono los resultados, para evitar ciberataques como los de Estados Unidos en el Partido Demócrata.

Ningún partido quiere tener que pactar con Wilders, ya que el sistema exige coaliciones entre partidos, y toman el ejemplo de Estados Unidos para no dejar que un xenófobo llegue también aquí al poder. Igual que Trump, Wilders no quiere musulmanes, refugiados ni expatriados.

Igual que Le Pen, en Francia, la popularidad de Wilders es alta, y los partidos que antes nunca hubieran pensado trabajar juntos, están haciendo alianzas con tal de no dejar llegar a Wilders al poder.  En una situación similar a la de Estados Unidos, este político está aprovechando la mala situación económica y el descontento social para montarse en la ola racista y culpar a los inmigrantes de los males del país.

Muchos holandeses se dicen indecisos sobre por quién votar estas elecciones. Esperemos que sea así y no que no quieran admitir abiertamente su apoyo a Wilders, como también pasó con los “indecisos” estadounidenses que acabaron llevando a Trump a la presidencia.

Sería una lástima que las palabras que se usaron para calificar a Holanda por mucho tiempo, como “abierta’, “plural”, “integradora” y “tolerante”,  desaparecieran tras el 15 de marzo. La verdad no es que quede mucho de aplicable a esos calificativos; la sociedad se ha vuelto intolerante y cerrada, pero el triunfo de Wilders sería un retroceso y una contradicción para los principios del país y los de la cada vez más fragmentada Unión Europea.

*La autora es periodista mexicana radicada en Holanda.

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