Desaparecidas de Oaxaca, sin importancia para el gobierno de Murat

 

Por Rocío Flores

OAXACA, Oaxaca.- Casi todas las semanas hay reportes de mujeres desaparecidas o muertas en Oaxaca. El viernes 9 de febrero desapareció Cecilia Acevedo de 35 años en el Fraccionamiento Lomas de Antequera, también Gloria Estefanía Barrios, estudiante del CBTis 26 de San Felipe del Agua, ambas en la capital del estado de Oaxaca.

El 8 de febrero desapareció Rosa Yovana Mendoza de 17 años en la terminal de autobuses de Santo Domingo, Tehuantepec, en la región del Istmo.

La Fiscalía del estado reportó que en la primera semana de febrero 23 mujeres desaparecidas, de las cuales 17 fueron localizadas con vida.

A finales de enero, ya había sido reportada como desaparecida también Ana Cruz de 16 años, en Miahuatlán de Porfirio Díaz, en la Sierra Sur, y Guadalupe Soledad Reyes, de 38 años, de San Felipe Tejalapam, Etla, en la región de los Valles Centrales.

Durante varios días, los familiares de Guadalupe compartían: “tenemos una esperanza, el deseo de ver su sonrisa, verla bailar o escucharla reír a carcajadas”. El día 6 de febrero informaron que habían tenido noticias de ella, lamentablemente no estaban felices, el dolor, la tristeza y el coraje les invadía.

Guadalupe fue localizada muerta en esa última semana. Su asesinato, informa personal de la fiscalía del estado, está siendo investigado.

Entretexto

“Tenemos un clima de absoluta impunidad e ineficiencia en la búsqueda de mujeres desaparecidas”.

Defensora Ana María Hernández Cárdenas

Ana María Hernández Cárdenas, integrante de Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad, considera que las primeras horas son cruciales para poder rescatarlas con vida, pero los protocolos de búsqueda en el estado son muy lentos.

La defensora de derechos de las mujeres en Oaxaca expone que aquí se vive prácticamente el 100 por ciento de impunidad en delitos por razones de género, que al Estado no le importa la vida de las mujeres.

Esta situación, según la activista, forma parte de la descomposición de este sistema de gobiernos, que han renunciado a su función principal de proteger la vida de las mujeres y las niñas.

“Se han vuelto más cínico que antes”, señala.

Para Hernández Cárdenas, este contexto es reflejo de una política debilitada en términos de perspectiva de género, de una crisis institucional. Este gobierno no tiene fuerza ni idea de lo que hay que hacer con un tema tan grave”, señala.

Cita como ejemplo el vaivén en la Secretaría de la Mujer, dependencia que, en un año, ha cambiado tres veces de responsable, ninguna de las funcionarias ha comprobado experiencia en la materia.

Otro caso, expone, es el hecho de haber reducido la Subprocuraduría de Delitos contra la Mujer, a una fiscalía local, donde ya han habido dos cambios. La fiscal anterior renunció en diciembre pasado, aunque no precisó las razones, su dimisión, podría estar relacionada con una serie de deficiencias en la institución enlistadas por ella misma durante su informe.

La defensora es directa, dice que no hay idea y tampoco hay voluntad política de las autoridades, que al gobierno de Alejandro Murat Hinojosa no le importa la vida de las mujeres.

Hay indignación, angustia y terror por lo que está pasando, precisa. Dice que la desatención ocurre en casi todos los niveles, por una inercia institucional que atribuye a que las cabezas o titularidades en el gobierno no funcionan. Aunque hay una Unidad de Atención a Mujeres Víctimas de Violencia, ésta ofrece un mínimo servicio cada principio de año por falta de presupuesto.

No hay respuestas para las mujeres, no hay instituciones, no hay un reforzamiento de la procuración e impartición de justicia, y, por el contrario, hay una doble criminalización cuando se atreven a denunciar, expone.

Trata de personas

Un análisis elaborado por el Instituto Belisario Domínguez (IBD) titulado Al día las cifras hablan” No. 70 , precisa que en 2016, la Procuraduría General de la República (PGR) realizó 571 averiguaciones previas por el delito de trata de personas, de las cuales el 15.9 por ciento fueron consignadas y únicamente 1.9 por ciento de ellas terminó en sentencias condenatorias, con un total de 12 individuos castigados.

El mismo documento precisa que entre los estados donde se concentró el 76 por ciento del total de las averiguaciones (en el ámbito local) está Puebla, Chiapas, la Ciudad de México, Oaxaca, Baja California Norte y el Estado de México.

Sobre este tema, se ha concertado una entrevista con las autoridades próximamente. Por su parte la activista Ana María Hernández comenta que no tienen información, para asegurar o confirmar este dato, sin embargo, dice que tampoco lo puede descartar.

“Es evidente que el asunto de los delitos relacionados con trata y prácticas de esta naturaleza, están creciendo. México se ha convertido en un país donde se ha incrementado este tipo de delitos. Oaxaca porqué tendría que ser la excepción”.

La activista señala que para que existan, es porque hay una colusión con el estado. Sin embargo, como organismo, no le toca responder.

“A nosotras nos toca vigilar que las instituciones funcionen, pero vemos que no lo están haciendo, y de ahí  tantas chicas desaparecidas”.

Espiral de violencia

Ana María describe la situación como una espiral de violencia cada vez más grave, frente a la cual considera que debemos responder, que la sociedad no puede quedarse al margen, como viendo una película de terror.

“Nosotras no vamos a dejar de denunciar, tenemos que apelar a que los hombres pueden cambiar sus actitudes, que las escuelas deben tener función preventiva para generar otros modelos de convivencia, monitorear el ejercicio de las autoridades, exigir a los legisladores que hagan mejores leyes, estar vigilando a los jueces que no sentencien con misoginia, estamos haciéndolo, pero ciertamente tenemos que movilizarnos más, y no significa solo marchas, sino estar vigilantes y generar acciones de autoprotección”.

La activista destaca que hay una sensación de que no se puede hacer nada, y ese es uno de los efectos más profundos que estamos viviendo en nuestro país.

Esa desesperanza, dice, es una sensación de “ya nos llevó la chingada básicamente”, pero que no lo podemos permitir.

“Podemos aludir a la posible existencia de redes de delincuencia que están tomando jovencitas, muy probablemente con fines sexuales, o también el aumento de la delincuencia, o la imitación de la violencia entre jóvenes, que ahora usan prácticas violentas para resolver su situación sentimental o solo para tener el control, puede ser esto o lo otro, pero le toca a la autoridad responder”.

En tanto, en las redes sociales, o chats, entre activistas y feministas circulan mensajes de este tipo: “no entiendo qué está pasando en Oaxaca”, “por favor compartan, ayúdanos a localizarla”, “nos quieren robar la primera sonrisa de la mañana, la última” o como esta cruda reflexión: “no podemos simplemente desaparecer”.

Redacción

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