Del campamento de “Los changos” al Aurora

2 de Diciembre del 2013

Arteleaks, Con voz propia

castroyguevara

Ernesto 'Che' Guevara y Fidel Castro en los años 60. Foto: Editoral Celeste

Livia Díaz*

A mi padre

Dicen que “recordar es vivir”, lo fue al recordar con la comunidad una escena histórica que rememoró a ausentes a raíz de la publicación de un libro. Esto fue en Ciudad del Carmen, Campeche, el 2 de septiembre de 1996. Lo envié entonces en el Novedades de Tabasco y en El Financiero Sureste como corresponsal, y así, al prontillo, así que vale la pena volver a escribir esta historia, añadiendo lo que con motivo de la remembranza de los hechos, aportaron en situaciones, memorias, crónicas de lo acontecido los protagonistas.

Muchos de ellos ya no están en este mundo; y como el libro se hizo documental y en Cuba no contiene lo que recordando la gesta que otros, que ya partieron emprendieron con el afán de desbocar su espíritu revolucionario y apoyar a Fidel Castro y a Ernesto Che Guevara a hacer la revolución en Cuba para quitar del poder al general Fulgencio Batista y Zaldívar “El Hombre” en 1958, vivieron en el entorno campechano.

Los cubanos removieron esa historia en vísperas de los 40 años de la revolución, los carmelitas con su llegada a la isla del autor del libro y la comisión diplomática Mexicano-Cubana.

En el aula de medios, se armó un zafarrancho de opiniones encontradas y de precisiones que prolongó la presentación del libro varias horas, que a muchos de los presentes en la reunión, en la Biblioteca de la Universidad Autónoma del Carmen (UNACAR), citados por el rector

Eduardo del Carmen Reyes Sánchez, con el motivo de la presentación del viejo libro y la pre-edición de uno nuevo que se planteaba enriquecido con la lluvia de recuerdos y el trabajo de los escribidores en ambas islas, hermanadas por un accidente de un pequeño barco pesquero de camarón en el que viajaba una brigada internacionalista de revolucionarios que se iban a preparar en las artes de la guerra en un campo que el pueblo llamó oficialmente campo Aurora pero para el pueblo fue “el campamento de los changos”.

Pero no sería justo no decir que también entre ellos, los sobrevivientes del naufragio y los funcionarios cubanos discutieron hechos históricos, posiciones políticas y de acción por la guerra. Algunos de los retratados por los periódicos en la época no han sido identificados, otros lograron irse a la revolución a pesar del naufragio, y algunos, frustrados por no poderse ir de ninguna manera, lloraron por meses su suerte, echándole la culpa a los cubanos por dejarlos abandonados y, sin saber que la revolución ya se había consumado.

Podemos imaginar que esto último fue algo lógico en una época en la que la tecnología no permitió estar al momento enterados de tales acontecimientos, y que la mayoría estaban escondidos o regados en otros campamentos.

Es necesario decir que en la Península de Atasta, todavía viven pescadores que juran que Fidel Castro estuvo allí, e incluso señalan las piedras en las que se sentó, vestido con su caqui verde y con la barba tan larga como la lleva todavía. Esto lo comenté con Jorge Rosillo quien me dijo que seguramente era un tal Pedro de apellido Milet.

Para comenzar con la narración es necesario describir el lugar del naufragio desde donde los revolucionarios eran trasladados a la ensenada entre el río Grijalva y Usumacinta rumbo al rancho de Cabalán Macari, al faro de Xicalango, en la Península de Atasta, ubicada frente a Ciudad del Carmen en la Laguna de Términos, frente al Golfo de México la noche del 26 de abril de 1958.

Eran 83 y fueron llevados en varios grupos en barcos pesqueros que antes se usaban, de un tipo que parece una lata de sardinas y que echó al mar al cuarto grupo, unos 20, de los que se salvaron como pudieron 18.

Aquella noche los agobió la lluvia y el alto oleaje a causa de un norte que los aisló por completo del resto del grupo. Como pudieron llegaron a la isla que en ese tramo ya estaba habitada y mostraba al mar el lugar en el que ahora se encuentra “La Puntilla”, a unos metros se concentraba la mayoría de la población, en la colonia El Guanal.

Pero para narrar esto se presentaron dos sobrevivientes, Gil Lino Suárez, cubano y Jorge M. Rosillo, mexicano. Dijeron que su grupo se llamo “La expedición de Campeche”, y que era una de tantas que había, no sólo en este país. Los náufragos muertos Álvaro Morell y Álvarez y Ramón Rodríguez Millán, fueron recordados por los dos.

La muerte trágica la asumieron hasta mucho tiempo después, porque enseguida que salieron del mar se integraron a la comunidad y permanecieron varios días, concentrados esperando indicaciones.

Compartieron cigarros y café con algunos españoles, refugiados de la Guerra Civil Española, exiliados políticos y por tanto reivindicados por la gesta que esos combatientes querían emprender.

Del Hotel Ganem, don José Ganem Elías les mandaba alimentos; don Pepe Sacarías también los ayudaba. Mencionaron a Antonio Litri que les daba la comida y cigarros de su restaurante de la calle 31 por 28; y “El Caballito” quien vendía fotos a los turistas cuando esto se recordó, se puso de pies y emocionado dijo que él era el niño al que Litri mandaba a atender a los náufragos.

En el café de Toñito Badillo les mandaban también apoyo a “Los changos” y don Carlos Salinas Shields, hizo una colecta para sacarlos de la cárcel en la que –a decir de El Caballito- todo el pueblo ayudó, hasta les mandaron ropa y tuvieron visitas y novias.

Pero como todos estos últimos datos no estaban en el libro presentado, allí mismo, la gente, emocionada pidió que le metieran al siguiente los testimonios y los datos aportados por los sobrevivientes de esta etapa histórica, incluso solicitaron el compromiso de hacer la segunda parte de la historia con la local.

II

Los revolucionarios tenían por tarea hacer un campo de aterrizaje para un avión que nunca llegó. Así que los que no eran náufragos y no pararon en Ciudad del Carmen, también lo pasaron mal. Estuvieron mucho tiempo en esa selva que entonces era virginal, sin caminos, construyendo con sus manos y con machetes en manos un área descampada en la que bajara el avión que luego de recogerlos los iba a llevar a Cuba. Estuvieron meses allí esperando y trabajando, comiendo lo que podían, asustando a quienes los percibieron y escondiéndose de víboras, los moscos, y el hambre.

Los ahogados son considerados soldados perdidos en combate, así que Lino Suárez quien entonces era ministro de guerra de la República de Cuba realizó al día siguiente de este encuentro con el libro en la UNACAR la comisión de darles el homenaje merecido a los dos “Héroes de la Revolución.” Para eso nos trasladaron en un catamarán a un lugar entre el río y la laguna en donde colocaron, después de una ceremonia, una corona de flores.

Don Jorge Lara Repeto quien dijo que le decían “Pastacha”, recordó la estancia de los soldados de la revolución cubana que no combatieron. Habló de sus partidos de básquet en la Cancha Revolución, también paseos y bohemias en grupo y la “hora del café” con Toñito.

El que fuera presidente del Consejo Coordinador Empresarial, se presentó y habló de que siendo un joven, con muchos ideales, también se preocupó por el destino de los detenidos, con quienes las autoridades locales no sabían qué hacer.

Sometidos y llevados a la cárcel que antes se encontraba detrás de la Iglesia de la Virgen del Carmen, en donde en los años 90 funcionó la Biblioteca Pública Municipal. Un edificio redondo de un piso, con ventanas a la calle. Dice en su libro Oscar Ascencio D. de H., titulado como la misma expedición, que los hicieron presos después de que salió a flote el cuerpo de Rodríguez Millán y al entrevistarlos se enteraron de otra posible defunción así que acusados de dos crímenes el 4 de mayo los metieron a la cárcel y después de la autopsia que realizó al cadáver el médico Juan José Bolívar Niño, que resolvió ahogamiento, los liberaron.

En espera de una razón que debía venir del centro del país, acusados de homicidio, y como ya se sabe en lo que se aclaraban las cosas de si los iban a liberar, a trasladar al Distrito Federal, a devolver a sus tierras natales Jamaica, Italia, Cuba y otros lugares, a la isla llegaron reporteros y gente de la Secretaría de Gobernación. Como estos náufragos de varios países permanecían indecisos de llegar al campamento o irse a Cuba, sin papeles ni visa y además en la clandestinidad, los atraparon, sin poder ordenar sus asuntos civiles y con autoridades que no podían ni consignarlos ni perdonarlos ni extraditarlos en su caso. Lo siguiente fue terrible para ellos, se dispersaron y anduvieron escondidos, huyendo e intentando salir del país, don Jorge Rosillo nos confió que se fue caminando a Cancún, se subió a escondidas a un barco y así llegó a La Habana.

*La autora es escritora originaria de Veracruz , México, y administra el blog La poesía no se vende.

 

, , , , ,

No comments yet.

Leave a Reply