Cuando el periodismo murió en un sismo

16 de octubre del 2017

Arteleaks, Con voz propia

Afectados por sismo en Juchitán, Oaxaca. Foto: Cuartoscuro

Humberto Sesma Vázquez*

La cobertura de una catástrofe como la ocurrida con los terremotos del mes pasado no es algo sencillo, pero debería ser algo que ponga a prueba toda la capacidad informativa y narrativa de los periodistas.

Es, digamos, una prueba de fuego que no cualquiera aprueba. Es más, nadie aprobó y me refiero, para tristeza del oficio, a los colegas de los mal llamados “medios nacionales”.

Si el sismo del día 7 despertó la capacidad de los reporteros oaxaqueños para dar una cobertura íntegra, en todo el sentido de la palabra, a la tragedia, explorando y explotando los géneros olvidados como la crónica, la entrevista y el reportaje, además de excelentes notas cargadas de descripción más que de opinión y de fotografías más que elocuentes, el terremoto del día 19 reveló la mediocridad de la mayoría de reporteros de la Ciudad de México.

Nadie aprendió la lección, en materia periodística, del 19 de septiembre de 1985. Esa mañana, mientras la gente en la capital del país apenas se sobreponía de su asombro y terror, dos periodistas informaban el saldo del movimiento telúrico.

Contrario a lo que se pensaba (y quizá se siga creyendo), Jacobo Zabludovsky no recibió línea alguna y tuvo toda la libertad para narrar con cuidadosa exactitud precisamente lo que sus ojos estaban viendo. Y mientras él daba cuenta de derrumbes, desplomes, gritos de auxilio, incendios y devastación, su contraparte en Imevisión, Joaquín López Dóriga, hacia esfuerzos ridículos acallando a sus reporteros: “dame datos ciertos”, les decía; “pero Joaquín, el edificio se cayó”, le respondían, y al corte. López Dóriga tergiversando las cosas, en un intento fútil de minimizar la tragedia. Por ejemplo, esa inolvidable frase de “nos informan, repito, nos informan que el edificio Nuevo León en Tlatelolco presenta algunas cuarteaduras”, cuando todo el mundo ya sabía que se había desplomado.

***

Esta vez, quizá por ser muy local, quizá por orgullo, quizá porque verdaderamente hay oficio, los medios oaxaqueños dieron un puntual y asertivo seguimiento al fenómeno que sacudió a Oaxaca casi a la media noche.

Y, aunque la información no fluyó tan rápidamente como se hubiera deseado, en las redacciones de los medios locales pasamos de hacer una llamada en portada, a ser la portada misma, en cuestión de una hora, dado el horario de cierre.

Nadie en Oaxaca inventó nada ni estremeció con notas alarmistas ni falsas. Me parece que el periodismo local merece un reconocimiento si lo comparamos con los “nacionales” que supuestamente cubrían (o intentaban cubrir) las cosas en la Ciudad de México en el sismo del día 19 de septiembre, coincidentemente.

Antes de que ninguna televisora pudiera revelarnos la magnitud de la tragedia en la capital del país, usuarios de You Tube ya atiborraban sus cuentas con videos propios y caseros, tomados con sus celulares. Las primeras imágenes de la catástrofe no provinieron de las cámaras y micrófonos de los reporteros, sino de las cuentas de You Tube y acaso alguien en Periscope o Facebook live.

Nadie publicó crónica, entrevistas, un reportaje sobre algún edificio colapsado, con especialistas, con sismólogos, con nadie. Pasó de noche casi para todos los reporteros. A los pocos días eran los editorialistas y columnistas de los diarios “nacionales” quienes más datos informaban en sus espacios.

A la falta de oficio, apareció la especulación. La invención y el alarmismo. El descrédito al periodismo. Como ejemplo está el de la famosa “Frida Sofía”, una niña que supuestamente estaba bajo los escombros de lo que fue el colegio Enrique Rébsamen, y que Televisa usó durante varios días para atraer la atención, quizá, de su baja audiencia, o tal vez para distraer a la opinión pública de otros edificios con gente sepultada, como el de Álvaro Obregón 286.

Como si se tratara de una novela y no de un suceso real en curso, Televisa apostó cámaras, micrófonos, personal e infraestructura para rescatar (y con ella a otros cientos de niños) a una “Frida Sofía” inexistente.

Entre el dolor y desesperación de los niños atrapados entre los escombros de la institución, se creó una esperanza de vida, la de una niña que estaba con vida y pidió agua. Pero la historia fue un fraude.

La cuenta de Twitter de Azteca Noticias publicó un video en el que Hannia Nobel señaló que tras la verificación de las listas de estudiantes registrados en la escuela, no se encontró ninguna niña que respondiera al nombre de “Frida Sofía”. Y se desplomó la credibilidad de la Televisora de los Azcárraga, pero más, la credibilidad del oficio periodístico.

Al contrario de lo que sucedió en Oaxaca, no hubo reporteros haciendo crónicas ni entrevistas ni reportajes. Nada. Hasta el asunto de la directora del Colegio Rébsamen resultó algo oscuro, difuso y confuso.

Fue más creíble y preferible, por vez primera en la historia reciente del periodismo en México, escuchar los informes de las autoridades. Luego, habida cuenta de que en otras tragedias la ayuda humanitaria se ha perdido, a ningún reportero se le ocurrió iniciar un seguimiento de los donativos y fondos que se estaban recibiendo. A estas alturas algún vival ya les comió el mandado.

***

El periodismo oaxaqueño no jugó a especular, no inventó historias, no jugó al engaño ni al alarmismo. Estuvo a la altura de las circunstancias. El de la Ciudad de México pasó de noche.

Después de 22 años de verlo con desdén por sus dichos y posiciones sobre la prensa española (el periodismo en general), por fin le damos la razón al escritor y también periodista Manuel Vicent Recatalá, quien publicó en El País en 1996 que un periodista “es un sujeto que escribe a toda velocidad de cosas que generalmente ignora y lo hace de noche y la mayoría de las veces cansado o borracho y que no teniendo talento para ser escritor ni coraje para ser policía se queda sólo en un chismoso”.

Sí, Vicent por fin tiene la razón. Al menos en el punto exacto de la cobertura de los sismos en la Ciudad de México por parte de un supuesto ejército de reporteros que tienen y conocen sus fuentes y pudieron ser más informativos y narrativos, pero simplemente fueron a escribir nota del día. El sismo y sus damnificados.

¿Acaso hubo algún reportero o medio que hiciera un recuento fiel, alejado de las conveniencias gubernamentales, apegado a la realidad, de la situación? ¿De todos los edificios colapsados? ¿De la cantidad de víctimas? No. Todos se dedicaron a ensalzar la “solidaridad de los mexicanos en tiempos de tragedias”.

Pero los terremotos de septiembre dejan una gran lección y desvelan una triste realidad: el periodismo en México está en una grave crisis. Especialmente, en los grandes medios y emporios. No así en los medios pequeños y de los estados.

Alguien me comentó que se debe a que la mayoría de reporteros aún no nacía o eran bebés en el sismo de 1985. Pero no lo creo. Simplemente, no hay vocación. O nadie les enseñó.

Si alguien tiene duda, puede ingresar a los portales (en inglés) de “The New York Times”, BBC y hasta CNN y buscar lo relativo al “mexican earthquake september 19th 2017” y nutrirse de las increíbles historias contadas por corresponsales y enviados de esos medios. Realizaron un puntual seguimiento noticioso haciendo uso y gala de todas las técnicas del periodismo, que son universales.

Son conmovedoras, por momentos trágicas, pero en su justa dimensión, sin inventar ni crear terror en los lectores. Sin duda alguna el público de esos medios supo más historias que los propios mexicanos.

Sigo en cambio, con mi reconocimiento a la cobertura en Oaxaca de su sismo del día 7. Hallamos crónicas, entrevistas, reportajes, narraciones, descripciones y detalles de la devastación en el Istmo sin alarmismos, sin crear pánico, pero sobre todo, sin inventarse nada. No necesitamos corresponsales, aunque vinieron desde la Ciudad de México sin pena ni gloria. Tan de noche como en su propia ciudad. Adormilados.

Definitivamente urge una revisión al periodismo que se hace en nuestro país y que luce adormilado.

Los periodistas y los medios locales, estatales, ya dimos una prueba de lo que debe hacerse como cobertura en una tragedia. Ya pusimos el ejemplo. Ojalá así siga caminando, porque la prensa regional es la del futuro, la que sobrevivirá por encima de los que están en todas partes informando exactamente nada: los “medios nacionales”.

Por cierto, aprovecho para tirar otro dardo: internet golpeó a los grandes medios, de todos tipos, de la capital mexicana. Aún muchos no se reponen y otros luchan por reposicionarse. Los medios regionales en cambio no tenemos ese problema.

Sabemos que internet es otro mercado que consume otras cosas y trabajamos para hacer una simbiosis entre ambas plataformas: la digital y la prensa escrita.

Nos hacen falta muchas cosas. La primera, aceptar nuestras limitaciones y dejar de crearse grupos imaginarios de reporteros especializados en nada. La segunda, aprender de quien ya pasó por una experiencia y tiene mucho que enseñar. Y la tercera: compartir los conocimientos y abrir oportunidades. No todo está perdido, al menos en Oaxaca.

 

 

*Esta colaboración se publica con la autorización editorial de su fuente original: Suplemento cultural “Cronos”, número 117, del periódico Tiempo de Oaxaca, sábado 7 de octubre de 2017.

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