Colosio, la película y la mafia en el PRI

Luis Donaldo Colosio Foto: red

Jorge Moscoso Pedrero

Eduardo Valle, el Búho, recién fallecido, me citó en 1994,en la glorieta de avenida Universidad y Miguel Ángel de Quevedo, nos vimos como a las diez de la mañana, caminado por la calle me comentó que había renunciado a su cargo en la Procuraduría General de la República, y que de inmediato saldría hacía los Estados Unidos, porque su vida estaba en peligro.

Me dijo que había renunciado, por que se dio cuenta de la complicidad del Presidente Salinas con los carteles de la droga, me comentó que ubicó al narcotraficante Juan García Abrego, y que le planteó al Procurador Jorge Carpizo, organizar un operativo para detenerlo, para ello le propuso un número determinado de elementos tanto agentes judiciales, como militares, señaló además el tipo de armamento que se requería, Carpizo le dijo que lo consultaría con el Presidente Salinas.

Comentó el Búho que, al día siguiente, Carpizo le dijo que se autorizaba el operativo, pero sólo se podría disponer de diez hombres. De inmediato entendí, me dijo Eduardo, que pretendían mandarlo al matadero y que se estaba protegiendo al capo en mención.

Me platicó que había mandado su renuncia a la revista Proceso, y que había hecho llegar toda la información de que disponía sobre los carteles de la droga, al candidato del PRI a la Presidencia de la República, Luis Donaldo Colosio y que no había podido hablar con él.

Lo anterior viene a cuento porque al ver la película del asesinato de Colosio, aparece en la cinta un personaje que llaman el Tecolote, se trata del Búho, que ante la hipótesis presentada del asesino solitario, Eduardo sostenía que existió un segundo disparo, incluso escribió un libro con ese título, donde supone que el narco participó en el magnicidio.

Al estar viendo el film me venían a la mente esos recuerdos y otros, como cuando estando en sesión del pleno de la Cámara, en la LV Legislatura en que fui diputado, corrió la noticia del atentado contra el candidato del PRI y después el anuncio de su muerte, de inmediato se escuchó el susurro en la bancada del PRI: “Salinas mandó matarlo”. El asombro se hizo manifiesto en los representantes de todas las bancadas, y para la siguiente sesión la Cámara nombró una Comisión Investigadora.

A la muerte de Colosio, los distintos grupos al interior del PRI se movieron para nombrar al sucesor, los diputados César Augusto Santiago Ramírez y Amador Rodríguez Lozano impulsaron la candidatura de Fernando Ortíz Arana, diputado federal y Presidente del PRI, habían logrado la adhesión de la mayoría de los Comités Estatales y de los dirigentes de los sectores. Nadie hablaba de otra propuesta, parecía inminente la designación, sólo faltaba el visto bueno del presidente de la República.

Pero Salinas ni siquiera esperó recibir formalmente la propuesta, esa misma noche llamó a Ortíz Arana para pedirle que a la mañana siguiente convocara a una conferencia de prensa y declinara esa posibilidad. Fernando se intimidó, sabía de los riesgos que podría enfrentar en caso de rebelarse a las órdenes de CSG.

Efectivamente, convocó a la conferencia de prensa señalada, y al día siguiente desde Presidencia se dio a conocer la candidatura de Ernesto Zedillo.

Y aunque se le nombró pensando que sería su incondicional, Zedillo terminó peleando con Salinas, y éste tuvo que salir del país, después de una ridícula huelga de hambre. Desde entonces la vinculación del PRI con los grupos mafiosos como lo relata la película, ha sido una constante y ahora como titiritero de Enrique Peña Nieto, Carlos Salinas de Gortari pretende regresar al poder activo, junto a la mafia que lo acompaña.

Como lo constataba Eduardo Valle Espinoza en sus indagatorias, como lo recuerda la película y como todos lo sabemos, la línea divisoria entre el poder político, financiero, y los carteles de la droga es casi invisible, he ahí el peligro del regreso del PRI a la Presidencia de la República, estos son los que mataron a Colosio y son capaces de cualquier cosa para lograr sus propósitos. Cuidado.

Guadalupe Lizárraga
Periodista independiente. Fundadora de Los Ángeles Press, servicio digital de noticias sobre derechos humanos, género, política y democracia. Autora de Desaparecidas de la morgue (Editorial Casa Fuerte, 2017).

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