Colectivo CREA participa en IV Brigada Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas en Guerrero

 

Luis Miguel Castrejón
CREA*

La IV Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas está conformada por familiares de las víctimas. Empezaron hace cuatro años y, en este proceso, han desarrollado habilidades para obtener información que les permita ubicar zonas con fosas clandestinas, así como habilidades que les permitan mejorar su búsqueda en campo. La Brigada Nacional es el resultado de colectivizar esos conocimientos y ponerlos a disposición de otras familias. En este ejercicio no buscan responsables, solamente buscan a sus familiares.

La falta de voluntad del gobierno para atender este problema orilla a los familiares a salir personalmente a recorrer cerros y colonias peligrosas donde se encuentran las fosas clandestinas. Hay tres ejes de acción: el primero se refiere a labores de búsqueda, el segundo a sensibilización en iglesias, y el tercero a actividades culturales en plazas públicas e instituciones educativas.

Las cifras y el miedo

Los desaparecidos superan los 40 mil en todo el país, según las cifras que manejan los colectivos. Y la cifra continúa aumentando. Todos los días, todo México convive con miles de personas que llevan dolor en su corazón y eso impacta el ánimo de la sociedad en general, pero ante eso, algunos cientos de ciudadanos han dejado de lado la indiferencia.

Durante el segundo día de actividades de la brigada, se llevó a cabo una marcha por las calles de Huitzuco, difundiendo mensajes de paz. La gente local observaba desde sus casas, negocios o las banquetas, y hubo quiénes mostraban angustia en sus rostros, incluso  una mujer que se soltó a llorar desconsoladamente. Pero nadie se unía. El miedo se percibía presente en las calles a pesar de los mensajes de “basta ya de guerra, queremos ya la paz, Huitzuco no está solo, venimos a apoyar”. A pesar de este esfuerzo colectivo que llevó a cientos de personas a un lugar históricamente peligroso, la realidad continúa siendo dura: la brigada se irá, y los locales que hayan participado en ella serán identificados por todos los vecinos, situación que les vulnera y por eso prefieren mirar de lejitos. Aún así, el mensaje de paz se compartió.

Ante el peligro, la solidaridad.

Huitzuco, Guerrero, no es un lugar que se mencione mucho, pero es conocido por la familia Figueroa, caciques de la zona, quienes han dado gobernantes recordados por combatir a los zapatistas, han protagonizado acciones de terrorismo de Estado (como se debería reconocer a la llamada Guerra sucia) o la matanza de Aguas Blancas; sin olvidar que Huitzuco estuvo directamente involucrado en la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

Buscar desaparecidos, sin duda, es una actividad peligrosa; las cifras rojas y la percepción de inseguridad continúa aumentando. Pero tan peligrosa también se ha vuelto la vida cotidiana, que el riesgo se vuelve cotidiano también. Y ante eso la mejor solución es la solidaridad, la unión de muchas personas que demuestren que son mayoría.

La Casa de la Cristiandad en Huitzuco fue testigo de las más de 200 personas que estábamos reunidas. Había mucha esperanza, pues era la brigada más numerosa, la mayoría de los presentes éramos solidarios (aquellas personas que no tienen algún familiar desaparecido pero se unen a la causa). Había gente de todo el país, incluso extranjeros, de todas las edades, de diversas profesiones y orígenes; reunidos para acompañar y colaborar en las labores de búsqueda. 

Ahí el miedo no tenía cabida, lo que llenaba el lugar era una fortaleza en el alma que se contagiaba en cada rincón. Sirvan estas palabras para motivar a más personas al otro lado de la computadora a que participen apoyando estas labores a lo largo y ancho del país.

Disposición – indisposición del gobierno.

Muchos familiares han sido amenazados por estar buscando a sus desaparecidos, pero no se han detenido, están conscientes que están asumiendo un gran riesgo, pero saben que alguien lo tiene que hacer y el gobierno no se distingue por eso. Doña Mary tiene más de 60 años, participó en una de las jornadas más exhaustivas donde tuvo que caminar tres horas en un terreno difícil y bajo el sol del medio día para llegar a una cueva. Ella fue la primera en llegar. Del total de acompañantes del gobierno, entre policías federales, peritos, y otros, solamente llegó una tercera parte por las difíciles condiciones del terreno, lo que enaltecía el esfuerzo de Doña Mary. Sin embargo, al regresar al punto de partida, ya de noche, un policía le preguntó “y ahora usted cómo se va a ir”, en un tono irónico. Actitud poco solidaria con una señora de esa edad, después de un desgaste físico tremendo, quien incluso ayudó a unos policías que estaban perdidos.

La seguridad federal estuvo presente, aunque a veces parecía forzada, cumpliendo lo mínimo indispensable, y claro, con algunas excepciones. Lo cierto es que existieron muchas actividades de riesgo donde la policía decidió no tomar la iniciativa y dejar a los brigadistas a su suerte, porque entre todos los presentes ellos son los mejor preparados para estas actividades. La lentitud les caracterizaba, y aunque cumplieron con su deber, quedó mucho por hacer; por ejemplo, durante las labores de búsqueda los caninos que ayudan a descubrir zonas con restos humanos, llegaban muy tarde, o al finalizar las actividades de búsqueda los brigadistas ya no era resguardados de manera adecuada para llegar al lugar donde dormían. Incluso en Chilpancingo, personal de la PGR mostró su falta de voluntad al no querer llevar a cabo los trámites burocráticos para hacerse cargo de los restos encontrados en diversas fosas.

Los colectivos de desaparecidos han generado mucha información sobre temas de seguridad, que si el gobierno tuviera voluntad y decidiera actuar, muchos problemas se resolverían. Si los familiares tuvieran los elementos de capacitación, equipo y poder que tiene el gobierno, las cosas serían diferentes.

La búsqueda: abrir camino

En las labores de búsqueda la desesperación por encontrar a sus seres queridos se hace evidente. Al estar recorriendo cerros, cuando algunos buscadores decían “por aquí no se puede pasar” por las condiciones del suelo o por lo espeso de los matorrales caracterizados por tener muchas espinas, no faltaba alguna señora que dijera “¿cómo no se va a poder?” al mismo tiempo que se aventaban contra los matorrales y abrían camino para los demás. Y en sentido figurado eso han hecho durante varios años con gobiernos omisos, indiferentes y con una sociedad temerosa: abrir camino.

 Chilpancingo

Chilpancingo ha sido catalogada como una de las ciudades más violentas del mundo. Hay un pequeño grupo de la Brigada conformado por los más experimentados y valientes que salen a recorrer los sitios en días previos a la búsqueda colectiva, al que se le denomina La avanzada. Los colectivos de Chilpancingo les informaron sobre varios sitios para llevar a cabo las búsquedas, pero la mayoría de ellos fueron considerados zonas “calientes” porque la actividad delincuencial continúa. Fueron amenazados por un chofer de transporte público que les mostró una pistola como una advertencia, o en otro momento fueron abordados por personas sospechosas que les preguntaron qué hacían ahí. Incluso el sitio donde se llevó a cabo la búsqueda, está flanqueado por colonias donde la actividad delincuencial sigue presente.

La policía de Guerrero

Los años de experiencia han dado a los colectivos de familiares las habilidades para mejorar sus protocolos de seguridad, aunque sea preventiva. Una de las condiciones de seguridad para llevar a cabo la búsqueda fue que la policía estatal no interviniera absolutamente en las actividades, pues los familiares la identifican como una organización que está al servicio de los delincuentes, y la confianza es nula. A pesar de ello, algunos policías estatales ingresaron sin permiso a la Casa de la Cristiandad durante los primeros días. También cuando la Caravana se conducía a Chilpancingo, al salir de Iguala una camioneta de ellos se metió al convoy formado por decenas de vehículos de la policía federal y los que transportaban a los brigadistas, realizando movimientos extraños que podrían haber sido actos para amedrentar, mientras otras camionetas alumbraban con las altas a cada uno de los carros que pasaban mientras tomaban video. Durante el primer día de búsqueda en Chilpancingo, una camioneta particular con personas que dijeron pertenecer al gobierno estatal tomaron fotos de varios brigadistas, pero no se les permitió acompañar la brigada pues no había ningún convenio de colaboración con ellos. Estas situaciones ponen de manifiesto que la intención de la policía del Estado de Guerrero no es precisamente colaborar con las actividades de búsqueda.

¿Qué queda pendiente?

Los Brigadistas están solicitando una mesa interinstitucional de trabajo en el nivel estatal y federal, así como demandan también la atención y seguridad para algunos activistas como Mario Vergara. Queda pendiente la identificación de los restos encontrados, ante lo cual el gobierno en cualquiera de sus manifestaciones, no ha señalado un plazo para cumplir con esta labor. Queda pendiente también un plan nacional de exhumación y de prevención de la violencia.

María “N”

Al finalizar un día de búsqueda, una señora de aproximadamente 70 años compartió su experiencia ante todos los presentes. La llamaré María “N” para proteger su identidad, evitar la criminalización y no exponerla al riesgo, porque vive en Guerrero. Ella había participado en la búsqueda, y entre los restos encontrados, estaban los de un hombre en posición fetal, boca abajo, en una fosa muy angosta que había sido tapada con un poco de tierra y muchas piedras muy pesadas. Sus palabras no fluían a la misma velocidad que sus emociones, su cuerpo pequeño y delgado estaba al borde de una crisis, llamaba la atención su llanto, ese llanto le paralizaba pero no fluía. Su mirada se nublaba como si tuviera una visión terrorífica, dijo que ella seguiría buscando a su hijo, y que rogaba a Dios no encontrarlo de esa forma porque parecía que ese hombre encontrado había sufrido mucho. Dijo que nadie merecía morir de esa manera. 

El testimonio de María es uno de tantos entre los guerrerenses que padecen la violencia del narcotráfico y de los representantes del Estado vinculados a grupos delictivos. Es el testimonio del pueblo de Guerrero.

 

*Comunidad Creativa de Emprendedores Revolucionarios, CREA.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *