CISEN, el espionaje a la mexicana

 

Tomás Borges

“Un hombre de inteligencia es un elegido”
Frase presuntamente inscrita a la entrada del MOSSAD

En agosto de 1996, cuando Othón Cortez (vinculado en el asesinato del excandidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta), identificado por la PGR como el segundo tirador de Lomas Taurinas,  al ser liberado del Penal de Almoloya (hoy del Altiplano) en el Estado de México, ante las cámaras de los medios de televisión, denunció y comprobó que era seguido por dos elementos del CISEN (Centro de Investigación y Seguridad Nacional) dependiente de la SEGOB, quienes de una manera cínica, en un Nissan Tsuru blanco, fueron captados por los medios de comunicación.

A poco más de dos décadas, la situación se repite, cuando el candidato a la presidencia Ricardo Anaya detectó que era objeto de seguimiento en Veracruz por un empleado del CISEN que tenía “26 años de experiencia” de acuerdo con la dependencia, lo que a todas luces se ve que siguen las viejas prácticas en un órgano de elite.

Lo anterior, demuestra la incompetencia de los empleados de Seguridad Nacional, quienes al ingresar pasan una exhaustiva batería de pruebas de confianza para acceder a este organismo de elite, que a todas luces se ve que no cuenta con el personal capacitado plenamente para labores de tal naturaleza.

Hoy, el titular de la seguridad interna habla de que sancionará al elemento por “no seguir los protocolos”, pero lo que sí es cierto es que todos los candidatos y líderes del país, son vigilados por los órganos de inteligencia para monitorear o espiar sus actividades.

En mi experiencia en el ámbito, efectivamente los objetivos saben de antemano que son seguidos por las fuerzas de Seguridad del Estado, e incluso en casos como la “Otra Campaña”, en el 2006, auspiciada por el Subcomandante Marcos y el EZLN fueron en todo momento seguidos por agentes de todos los servicios de Inteligencia de los tres niveles de gobierno, lo que invita a la reflexión de lo siguiente:

  • ¿Cuál es la finalidad de “poner cola” a los candidatos cuando en cada uno de los eventos hay gente del “Bucareli News” reportando cada una de sus actividades?
  • ¿De qué sirve que cada organismo de seguridad mande a sus elementos, cuando por medios técnicos (nótese espionaje telefónico y electrónico) ya se puede saber que hacen y hasta que piensan los candidatos a aspirar a la silla presidencial?

Tal pareciera que los métodos de la HUMINT (Human Intelligence) son anacrónicos, dignos de la Okhrana zarista y no de agentes preparados en el extranjero como presumen los titulares de la dependencia, haciendo ver que los seguimientos los hace el “Agente 86” y no gente capaz que cobra como tal.

No cabe duda de que las lecciones que deberá sacar el CISEN es apostar a una mejora en los exámenes de selección de su personal (y su correspondiente capacitación) y replantearse los métodos y estrategias para llevar a buen término un elemento básico de la inteligencia… el seguimiento de personas o la vigilancia a personas sensibles.

Lo anterior debido a que los hechos han demostrado que cuando se manda a realizar una vigilancia o seguimiento, se encomienda a personal incompetente o improvisado, por lo que pasan sucesos lamentables como el linchamiento de agentes en Tláhuac en noviembre del 2004, donde el difunto Víctor Mireles (quien fue entrenado en la dependencia del CISEN y con varias décadas de experiencia), murió linchado por una turba, todo porque se dio a notar al realizar una “campana” o vigilancia en una zona neurálgica o “caliente”.

La inexperiencia, o la excesiva confianza en la TECHINT (Technic Intelligence o inteligencia por medios técnicos) han hecho que un organismo de inteligencia encargado de la Seguridad Nacional, dé muestras de incompetencia, y más cuando hay indicios de que servicios de inteligencia de otras latitudes (Rusia o Venezuela como dicen los norteamericanos) están penetrando los comicios electorales.

Un servicio de inteligencia es el reflejo de la seguridad y más cuando muchos mandos emanaron de ella para crear corporaciones señaladas como de élite como la otrora PFP (Policía Federal Preventiva) y su homóloga la AFI (Agencia Federal de Investigación), cuyos mandos además de incompetencia han caído en las garras de la corrupción, haciendo que la seguridad además de un botín político sea ya un negocio.

En espera de que el ganador de las elecciones haga una reestructura real de los aparatos de inteligencia y que éstos, so pretexto de investigar casos sensibles, no hagan uso incondicional de los recursos del Estado para espiar con impunidad y opacidad a personas o ciudadanos que no son un peligro para la seguridad nacional, pero sí un peligro real o imaginario para el amo en turno.

En un país donde los periodistas caen muertos como moscas, donde la autoridad dilapida millones de pesos en seguridad, donde hay corporaciones infestadas por la opacidad y la corrupción; toda vez que sus mandos una vez fuera del gobierno siguen lucrando con la seguridad al crear empresas de consultoría para seguir asesorando y vivir del erario… mientras el ciudadano de a pie es víctima constante del hampa.

¡Ya basta! Por un servicio de inteligencia profesional…por un México más libre y democrático.

Tomas Borges
Escritor mexicano y analista en temas de Inteligencia. Es autor de Diario de un agente encubierto (Ed. Temas de hoy) y de El pequeño dictador que todos llevamos dentro.

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