Bitácora del corresponsal: La tercera guerra


L. Alberto Rodríguez

Bitácora del corresponsal

Desde que Hitler invadió la Unión Soviética, nunca las tropas extranjeras habían representado una amenaza tan demostrable a Rusia, escribió hace un año el veterano corresponsal de guerra australiano, John Pilger, cuando el ex presidente Barack Obama acercó posiciones militares a la frontera occidental rusa en medio de una de las tensiones de la guerra en Siria. Entonces, el también documentalista afirmó que nos encontrábamos, indudablemente, en la primera fase de una tercera guerra mundial; una marcada por el estrés político y la propaganda. A la luz de los bombardeos de Estados Unidos a la base militar siria en Homs y la tensión bélica con la República Popular Democrática de Corea ¿Habremos pasado ya a un segundo término?

Esta misma pregunta me la formulaban mis estudiantes de comunicación al leer las noticias y enterarse que, después de haber disparado Tomahawks contra Siria, EE.UU. acercó su buque USS Carl Vinson con capacidad para más de ochenta jets de propulsión nuclear hacia las costas de Corea, lo que la República Popular Democrática coreana tomó como una amenaza y se declaró lista para la guerra con Estados Unidos: ¿Estamos o no en una tercera guerra mundial?

Por supuesto, me hubiese encantado responderles que no, bajo términos objetivos. Pero es difícil augurar el futuro del mundo en tal plano de tensión. No obstante, los escenarios geopolíticos que podrían constituir un tercer episodio de guerra global son muy diferentes a los de 1939. Primero, porque la Alemania nazi avanzó hacia el occidente de Europa sin que mediaran mecanismos de contención. Se recuerda el papel del primer ministro inglés Neville Chamberlain quien toleró la marcha de Hitler hasta que los nazis tomaron Noruega y Dinamarca, pasando después de Francia, ocurriéndosele que, después de todo, el Reich no respetaba el valor de los acuerdos diplomáticos.

En ese sentido es preciso decir que, para que se constituya una escalada bélica global, alguno de los países más poderosos del mundo deberá concurrir en una maniobra expansionista de tal tamaño, que no exista punto sin retorno. Además, existen dos factores actuales que no existían en el 39 y que definitivamente pueden evitar la guerra total: la ONU, y una franja amplia de humanidad que está más conectada, mejor informada y dispuesta a movilizarse por la paz, presionando a sus gobiernos para que estos no aprieten el botón. Estamos en esas. Y si Pilger tiene razón y esta es apenas la primera etapa, estamos muy a tiempo para dejar de preguntarnos si ocurrirá una tercera guerra mundial y mejor movilizarnos para evitar la hecatombe.

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