Autodefensa de Tierra Caliente, con las armas de la razón, verdad y justicia: Mireles

Por Rocío Flores
Fotografía: José Luis Plata

OAXACA, Oax.- José Manuel Mireles Valverde se toca la sien, señala los ojos y coloca la mano en su pecho cuando habla de la razón, la verdad y la justicia, tres armas -dijo- que usó en su guerra para conservar la vida y la dignidad de su pueblo. Con esas tres armas han caído monarquías, imperios, dictaduras y cacicazgos en el mundo, menciona Mireles.

Con esas mismas armas, dice haber creado los Grupos de Autodefensas Comunitaria de Tierra Caliente, Michoacán. El exlíder de las autodefensas fue absuelto de todos los cargos el 18 de julio de este año. “Ahora soy un hombre libre”, dice. En ese carácter se encuentra en Oaxaca para presentar su libro Todos somos autodefensas.

El médico cirujano permaneció tres años en la cárcel, después de que fuera detenido en 2014 por presuntas violaciones a la Ley Federal de Armas de Fuego, según las autoridades. Algunos reportes nacionales indican que estuvo en la cárcel por producción de marihuana en el año de 1998. Al respecto, él declaró que su encarcelamiento en aquél año, no fue por tráfico de drogas sino por practicar la medicina en Michoacán sin una licencia estatal vigente.

Mireles es una figura dentro de las milicias de autodefensa que, durante el 2013, luchó contra los Caballeros Templarios. Era director del hospital de su pueblo de Tepalcatepec, cuando le pidieron un informe de las mujeres embarazadas de los últimos tres años. No había ninguna, todas eran niñas, la mayor tenía once años de edad. “Ésa es una forma de acabar con la dignidad de un pueblo”, dice el michoacano después de hacer una pausa para evitar las lágrimas.

Las quejas de las violaciones a las niñas eran un trámite, un papel que aparecía en sus casas hecho pedazos, minutos después de haberlas interpuesto. Junto a ellas, un letrero que decía “te vamos a degollar a ti y a tu familia si sigues chingando”, cuenta el michoacano.

“Me callé durante dos semanas y no fue porque tenía miedo, era porque no creía que el ejército mexicano estuviera involucrado con esos desgraciados”. A las dos semanas, tres cabezas de sus vecinos aparecieron en su casa. Doce años de protestas, quejas y demandas ante todas las autoridades municipales, estatales y federales no sirvieron de nada. Fue cuando decidieron levantarse en armas.

Las bandas de criminales se sentían dueños de las propiedades y de las vidas de unos 37 mil habitantes de Tepalcatepec. Habían asesinado a 12 mil personas, la mitad ya había emigrado por miedo.

“El que tiene medio muere todos los días”

Siete emboscadas, un avionazo, dos balazos en el lado izquierdo y uno del lado derecho; 48 tornillos y placas en la cabeza, además de un ojo derecho sostenido de un hueso de su pierna izquierda, no han sido suficientes para infundir miedo a Mireles, quien se describe como humanista, ranchero, orgullosamente campesino, michoacano y también universitario.

Frente a un auditorio atento, el exlíder de las autodefensas asegura: quién tiene miedo muere todos los días de su vida. “Estoy bien consciente de que me tengo que morir, igual que todos los seres humanos, es el signo de la vida, pero también estoy bien consciente que nunca me voy a morir cuando otro pendejo quiera”.

En Tepalcatepec se cumplieron doce años esperando adquirir valor, con la esperanza de dejar el miedo, pero ese día nunca llegó. En ese tiempo secuestraron a dos de sus hermanos y mataron a su madre. “El día que vimos con tristeza todas las desgracias que nos estaba haciendo un grupo de 90 desgraciados a un pueblo reducido a 25 mil habitantes, ese día dijimos que no merecíamos llamarnos hombres, y tomamos la decisión de morir luchando”.

Al día siguiente –cuenta– seis personas, entre ellos un niño de 14 años, hicieron correr a 70 hombres encapuchados que traían las mejores armas que hay en este momento. Mientras unos hombres en seis camionetas apuntaban a su papá y a su hermano que cuidaban la trinchera de la entrada del pueblo, el chiquillo metió su escopeta de chispa por una ventana y le desbarata la cabeza al chofer de una de las camionetas, las otras cinco huyeron tirando balas al aire.

“Nos dimos cuenta de que no eran valientes, eran cobardes, asesinos, secuestradores y que estaban acostumbrados a matar gente amarradas de pies y manos”. Con un disparo de ese adolescente empezó la guerra, enfrentaron el temor. “Nos dimos cuenta de que éramos grandes, somos grandes, somos autodefensas”. De eso se trata su libro, no de su persona, el exlíder michoacano habla de un pueblo olvidado durante años.

Los primeros pueblos fueron recuperados a sangre y fuego, después ya no hubo balazos, resume Mireles; aclara que nunca usa un arma para combatir criminales, dice que cree en otra clase de justicia, la que se aprende en las universidades. “Ahí me enseñaron a usar la razón, la verdad y la justicia. En este caso, lo hicimos porque no nos dejaron otro camino”.

Mireles menciona también que, con esas tres armas, Nelson Mandela logró la eliminación del Apartheid en Sudáfrica. Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, La Corregidora y su equipo lograron la Independencia. Con esas tres armas, Benito Juárez levantó al pueblo de México en contra de la invasión extranjera y continúa con su guerra. Con ellas, los hermanos Flores Magón desde el exilio motivan a Madero y a su hermano a iniciar la Revolución Mexicana de 1910. Y con ellas, asegura Mireles, lograron enfrentar el temor y obtuvieron la victoria.

“Con esas armas ganamos la guerra para conservar la dignidad de nuestro pueblo”, finaliza.

José Manuel Mireles Valverde presentó este martes su libro en el Paraninfo de la Universidad Autónoma de Oaxaca (UABJO). Ayer fue uno de los invitados a la Guelaguetza Popular, una fiesta alterna a la celebración oficial, que cada año se realiza en el mes de julio.

 

Redacción

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