Astudillo, el gobernador que trabaja para el crimen

25 de Abril del 2017

Con voz propia

Héctor Astudillo Flores Foto: Milenio

Agustín Perulero*

Cuándo aquel 27 de octubre del 2015, Héctor Astudillo Flores tomaba protesta como gobernador de Guerrero, muchos ciudadanos con ilusión –y la mayoría con ingenuidad– echaba las campanas al vuelo, argumentando que el PRI tenía la experiencia para hacer brillar y sacar del atraso al estado. Sin embargo, nos enfrentamos a una tremenda realidad, un gobernador que su omisión permite la proliferación del crimen al grado de arrojar más de 4 mil ejecuciones extrajudiciales en un año, mientras florecen los cultivos de amapolas donde esclavizan a los niños para su cultivo. 

Hoy, 18 meses después, los daños de esa decisión son profundamente graves, y la ciudadanía lamenta no haber abierto los ojos antes. Un ejemplo es el colapso de la zona de Tierra Caliente, depredada tanto por las mineras canadienses como por los grupos criminales que han convertido a la región en pueblos fantasmas. Y frente a ello, la indiferencia cómplice de Astudillo.

Taxco de Alarcón es otro municipio también dominado por la mafia. Ixtapa Zihuatanejo, de ser un atractivo lugar turístico, lo han convertido en un espacio de terror por el número de negocios quemados. Los dueños ya no pueden pagar la cuota de piso y prefieren perder todo a seguir esclavizados.

¿Y de Acapulco? ¿Qué podemos destacar de todo lo que está padeciendo? Autobuses del transporte público y negocios del centro de la ciudad quemados por no pagar derecho de piso, ejecuciones extrajudiciales diarias, fosas comunes, contaminación de playas con aguas negras, más los delitos cotidianos, robos, asaltos, secuestros, violencia doméstica. Todo ello es la contundente evidencia de que el gobierno estatal no trabaja para el ciudadano, sino para el crimen.

Cómo explicar a la comunidad internacional que en plena costera Miguel Alemán, la avenida más importante del estado, en el parque de la Reyna, varios sicarios abrieron fuego en contra de la población dejando como saldo tres muertos y cinco heridos. Y que esto ya no es una acción aislada o extraordinaria. Justo enfrente a la Capitanía del puerto mataron a unos turistas que estaban presenciando un show acuático, a pesar que el gobernador aseguró que dicha avenida la tenía completamente blindada. Crímenes que quedan en su totalidad impunes, y que cuando se le reclama a la burocracia de justicia, detienen inocentes y fabrican culpables para llenar estadísticas.

Al gobierno federal poco le importa que Héctor Astudillo se esté acabando el estado. Por eso Astudillo sigue la misma lógica depredadora que el PRI nacional, pagando para que no se note. En Guerrero, así lo hace la responsable de Comunicación social, Erika Louhrs Cortés, quien maneja miles de millones de pesos para callar a la prensa, desde personas que monitoreen las redes sociales hasta corresponsales de medios con circulación nacional, cómo la revista Proceso, por citar un ejemplo conocido.

Hoy, los guerrerenses ven en el gobernador ya no solamente a un político –que por cierto nunca ha finalizado un puesto de elección popular–, también ven en la figura del gobernador a miles de desaparecidos, miles de ejecutados, para ser precisos, van 4162 ejecuciones hasta ahora en la administración de Astudillo. También el pueblo ve en la imagen del mandatario decenas de miles de hogares destrozados, familias disfuncionales, miseria, desempleo, enfermedad; en el gobernador se ve la imagen de miles de familias que han sido desplazadas por la ola de violencia, huyendo de noche, dejando su patrimonio, sus recuerdos, su vida, todo.

Hoy, el nombre de Héctor Astudillo Flores, huele a sangre. Es sinónimo de robo y de narcotráfico. Busca legalizar la amapola y cumplirle a los grupos criminales que financiaron su campaña, el mismo legado priista, el de llevarse todo.

El arribo de Astudillo Flores al gobierno ha representado también una puerta de oportunidad para otros criminales. Ejemplo es el de Bruno Plácido y otro conocido como el Pez, quienes han sido señalados por secuestro, extorsión, incluso asesinato. Todo con el beneplácito del habitante de Casa Guerrero, el gobernador, que ni él mismo siente la confianza de viajar por carretera, y viaja única y exclusivamente en helicóptero.

A 18 meses después de haber usado la frase para su campaña “Un Guerrero en orden y en paz", Astudillo ha convertido al estado en un Guerrero de terror, y él en el peor verdugo.

En Guerrero, también destaca el fiscal Xavier Olea, quien criminaliza a los muertos. Sí, a los muertos. Su fórmula es culpar a toda persona que fallece por la inseguridad, decir que eran miembros de grupos criminales, no importa si son niños o ancianos, para el fiscal todos los muertos eran sicarios, dejando entrever que el exceso del alcohol le está pasando la factura a su salud mental.

La contaminación de Acapulco, es otro de panorama grave sin atender por el gobernador. No solamente los ductos de aguas negras desembocan en la bahía de Santa Lucía, contaminando las playas. Toda la bahía está contaminada, el estado está infectado, a punto de aniquilar al puerto que en su momento fue considerado como uno de los mejores de América Latina.

El principal responsable de estos problemas públicos es el gobernador Héctor Astudillo Flores, tanto por sus desatinadas acciones como por sus impunes omisiones. Mientras su preocupación es convencer al congreso de aprobar una ley que permita el cultivo de marihuana para "uso medicinal'', un compromiso que a todas luces parece tener con la mafia, y no con el pueblo.

*El autor es conductor de Radio El Profe en Georgia.

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