Agresión a Ana Guevara, signo de una sociedad en decadencia

Ana Guevara en el Senado, después de que PGR anunciara identificación de agresores. Foto: red
En solidaridad con los miles de trabajadores migratorios que día a día cruzan el territorio nacional en busca de una vida digna para ellos y para sus familiares.

Raúl Ramírez Baena*

La sola agresión física que sufrió Ana Gabriela Guevara a manos de cuatro sujetos en un incidente de tránsito en la carretera Toluca-México, en la que conducía una motocicleta, es preocupante, ya que no es un hecho aislado, sino el resultado de una sociedad enferma, agresiva, que siempre está a la defensiva, carente de consciencia social y de solidaridad, en la que sus ciudadanos responden violentamente a la menor provocación o al invadir su espacio individual virtual o real.

Ana Gabriela es senadora de la República, representante popular que llegó a esa posición por ser una figura pública, por su trayectoria deportiva que la convirtió en un orgullo nacional. Fue campeona mundial y medallista olímpica de los 400 metros planos en los años 2003 y 2004, respectivamente, triunfos que, en México, pocos, muy pocos han podido lograr y de los cuales el país se ha sentido orgulloso.

Si bien los detalles del incidente de tránsito en el que fue arteramente golpeada no se conocen con precisión, lo preocupante es la sucesión de hechos que comenzaron con la agresión misma en la que, por las lesiones que sufrió, pudo haber perdido la vida. Uno de sus agresores se sospecha que es o ha sido miembro de una corporación policíaca del Estado de México.

Tras conocer la noticia en voz propia de la senadora, quien tuvo los arrestos para presentar la denuncia pública y exhibir las graves lesiones sufridas en la cara, se desató un linchamiento mediático más, de los que muchos internautas nos tienen ya acostumbrados.

No es el caso reproducir aquí los agresivos, lesivos e irracionales tuits y mensajes en Facebook que mostraron los más bajos niveles de consciencia social, de solidaridad y de empatía con una mujer víctima de violencia o, lo que es peor, víctima de violencia de género que pudo haber terminado en feminicidio, lo cual agrava las cosas.

Las críticas, burlas y rechazos a Ana Gabriela se centraron en los siguientes supuestos: 1) es senadora por un partido político, el PT, por lo tanto, tiene influencias que determinaron una pronta reacción e investigación por parte de las autoridades, a diferencia de miles de mujeres que sufren peores agresiones, a quienes las autoridades no se les presta igual atención; 2) muchas mujeres se aguantan y no denuncian a sus agresores, ¿por qué ella osó hacerlo?; 3) es una mujer manejando una motocicleta, lo cual, como dice Ricardo Raphael, es una actividad propia de los hombres, vedada a las mujeres que, cuando suben a una motocicleta, debe ir atrás del hombre, siempre y, 4) su físico de atleta de alto rendimiento insinúa una orientación sexual masculina.

Los supuestos anteriores fueron la base de la crítica y el linchamiento a la senadora en las redes sociales, que intentan legitimar la agresión de que fue víctima. Son lamentables y tristes y, a mi juicio, no justifican las burlas de que fue objeto, muy parecido al linchamiento físico que se da en colonias populares y pueblos a presuntos delincuentes, sin concederles el derecho a la presunción de inocencia y al debido proceso.

Estas manifestaciones populares demuestran el hartazgo social y el descontento profundo contra todo lo oficial y contra los partidos políticos. Algo así como que los partidos y los gobernantes, legisladores incluidos, son los principales responsables de la crisis económica y de inseguridad por sus excesos y por la corrupción desbordada, lo cual no es nada alejado de la realidad. Por tanto, hay que rechazar sin pensar todo lo que suene a gobierno. Creo que si Ana Gabriela no fuera senadora no le hubiera ido tan mal por ese lado.

Otro aspecto que explica las agresiones a la senadora tiene que ver con que en México sigue prevaleciendo el machismo como forma de dominación social. A la mujer no se le perdona parecer hombre o asumir roles de hombre, voluntaria o involuntariamente, como montar una motocicleta, y su osadía debe tener un castigo; ella debe asumir las consecuencias sin reclamar. Por ello, la denuncia pública de Ana Gabriela lastimó tanto el consciente e inconsciente orgullo machista nacional.

En tercer lugar, la cultura de derechos humanos en México no da aún para vencer la homofobia. No se puede perdonar a la senadora tener un físico parecido al de un hombre, a pesar de que esto sea producto de su intenso entrenamiento deportivo. Los memes son implacables.

En lo que bien parece una campaña dirigida contra la senadora Guevara y lo que ella representa, por estos argumentos y otros más, aseguran, se merece lo que le pasó. Triste realidad.

*Director de la Comisión Ciudadana de Derechos Humanos del Noroeste

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